Carlos V. Serrano

Carlos V. Serrano

Informador taurino -

11 Septiembre 2008

¿Otra vez sobre el hule…? Cayetano.

Sí, otra vez Cayetano al hule. Este hijo y nieto de una saga de famosos toreros, con escasa intervención personal, ha logrado ser una atracción indiscutible, dada la psicosis de la popularidad que su nombre ha suscitado. Pero pensar que el nombre de Cayetano únicamente basta para llenar de contenido una feria, la que sea, es sencillamente una desorbitación lamentable, en la que, a lo largo de la historia de la tauromaquia, han sido muchos los que fatalmente se sumergieron. Y es que nada hay menos eficaz, a la larga, como él ya se está dando cuenta –mucho más su hermano Francisco-, que sacar en principio las cosas de quicio, y nada tiene que ver esta apreciación con el porvenir que en el toreo a Cayetano aguarda. Podrá ser o no un gran torero; eso lo ha de decir el tiempo. Y en este espacio, después, está toda la clave del caso Cayetano y sus continuas cornadas.

Y es que el diestro no se ha detenido a reflexionar que toda gestación tiene sus períodos normales, especialmente en la profesión de torero. Etapas determinadas que no pueden quemarse porque sí, alegremente. Se corre el riesgo de forzar una evolución que vale tanto como destruirla. ¿Nadie ha tenido la valentía de decírselo? Y en eso estás, no ya tan joven diestro. Es decir, en eso se ha estado; de una manera, para nuestro juicio, errónea y muy perjudicial para él, de ahí el evidente desasosiego de su hermano.

Cayetano, hoy por hoy, con un instinto de torero un poco aprendido en los libros, o por directrices ejecutivas, no está puesto para resistir la prueba de varias corridas seguidas. Sencillamente porque no está en condiciones de hacer una carrera contra reloj. Porque no puede estarlo. Porque en eso del toreo hay bastante más que un valor primario y unas nociones preliminares del toreo; porque habrá que recordar aquella frase clásica de: Viene el toro, te quitas tu; no te quitas tu, te quita el toro… aunque ésta frase se la pasa José Tomás por la taleguilla. Todo esto es ponerse un poco fuera de la realidad del caso. A Cayetano, para echar sobre él una responsabilidad tremenda, que le abruma, se le ha pasado de propaganda. ¡Cuidado! La propaganda es un arma de doble filo, la mayoría de las veces extraordinariamente peligrosa.

Sin descender a detalles, digamos que muchas tardes, allá donde toree son muchas las que decepciona, por el abismo entre lo que de él se propaga y la realidad de su toreo sin recursos. No en cuanto a él mismo, que algunas cosas hace de buen torero, porque quiera que, no lo trae en la sangre, sino en cuanto al desequilibrio entre lo que se prometió y lo conseguido después. Lo que Cayetano pueda ser nadie sería capaz de decirlo. Resultaría aventurado profetizar –todas las profecías son aventuradas- en pro o en contra. En lo que últimamente le hemos visto –terribles y explicables vacilaciones- no ha existido ningún fundamento serio que autorice una propaganda arrolladora e hiperbólica, porque él será el único perdedor.

Carlos V. Serrano
11 Septiembre 2008
 




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