Juan Manuel Garcia de Quiros Pérez
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Juan Manuel Garcia de Quiros PérezAficionado taurino |
21 Septiembre 2026
Damián Castaño: otro golpe en la mesa
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Otro golpe en la mesa, y ya van unos cuantos, el que dio ayer tarde Damián Castaño en Las Ventas. De esos que no necesitan demasiadas explicaciones porque hablan por sí solos en el ruedo.
Damián se ha convertido, por derecho propio, en un especialista en las corridas de las llamadas duras. Pero sería injusto encasillarlo únicamente en el valor, porque detrás de esa imagen de torero valiente, de esos que se ponen donde queman los pitones, hay mucho más. Hay concepto, hay temple y, sobre todo, hay una manera de entender el toreo que no está al alcance de cualquiera.
Porque Damián Castaño no se limita a aguantar. Damián torea. Y cuando delante tiene un toro que se lo permite, cuando encuentra la embestida que necesita, es capaz de formar un lío de los gordos.
Tiene una manera de cruzarse que impresiona, de ponerse en el sitio, de cargar la suerte y de ofrecerle al toro el pecho sin buscar atajos. Torear sin ventajas, cruzado, con las femorales por delante y con esa sensación de que entre el toro y el torero no sobra un centímetro. Eso es torear de verdad.
Y uno no termina de entender, por esas cosas tan difíciles de explicar que tiene este mundo del toro, por qué un torero de estas condiciones ha tenido que pelear tanto por el sitio que merece. Ayer Madrid volvió a ser testigo de ello. Y, a mi juicio, una oreja que se había ganado a ley terminó escapándose por esas decisiones que tantas veces separan el triunfo del reconocimiento.
Quizá algún día tengamos la suerte de verlo por el Sur. Y estoy convencido de que su tauromaquia calaría hondo. Porque aquí también sabemos reconocer cuando un torero se juega la vida sin trampa ni cartón.
Hay, eso sí, una asignatura pendiente: la espada. Son demasiados los triunfos de cortijo que se le han ido por el acero. El día que Damián sea capaz de rubricar con una estocada de verdad uno de esos toros a los que está cuajando, el ruido será grande. Muy grande. Porque entonces ya no habrá demasiados argumentos para discutir que estamos ante un torero de todas las ferias.
Y hay una imagen suya que particularmente me encanta y que cada vez resulta más difícil encontrar en una plaza: salir a torear su segundo toro con la montera calada. Una estampa que parece rescatada de aquellas fotografías en blanco y negro de otro tiempo. Una vieja liturgia que, en tiempos más recientes, recuperó para el toreo el maestro Luis Francisco Esplá.
Damián Castaño tiene algo que no se compra ni se enseña: verdad. La verdad de quien se coloca donde hay que colocarse, de quien no regatea una embestida y de quien entiende que para mandar primero hay que entregarse.
Madrid, Bilbao y el Sur de Francia ya saben quién es Damián Castaño. Ahora toca que lo sepan todas las grandes ferias.
Ánimo, torero.
Ese es el camino. Y cuando llegue el toro que permita rematar con la espada todo lo que llevas dentro, que se preparen las plazas.
Porque entonces, Damián, el golpe en la mesa puede ser
definitivo.
Juan M Quiros






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