TEMPORADA 2005

 

BALANCES


Olga Pérez
Daniel Pérez
Diario de Cádiz
Carlos V. Serrano

José Almenara

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LEVE MEJORÍA

 

José Almenara Barrios

 


           Tan lamentable fue la temporada 2004 en El Puerto que todos, creo, coincidimos en un diagnóstico para la situación: “extrema gravedad”. Tan claramente se señalaron las causas, que no era difícil poner tratamiento. Pero, ¿cuál fue la terapia administrada?, la empresa gestora del Real coso aplicó una fórmula de vieja terapéutica: toro grande ande o no ande. Muchos quilos, y mucha edad en ocasiones, han salido por la puerta de chiqueros. En realidad no era lo demandado, se inquiría por parte de la afición y la crítica especializada el toro con trapío. El toro en tipo, con romana oportuna, con pitones íntegros y con buena nota selectiva, en definitiva, el toro caro. Éste salió en algunas ocasiones, y con ellos llegó el espectáculo, la plaza se trasformó en un coso más serio, la fiesta retomó vuelo, y los aficionados vibramos como hacia ya tiempo.

            Además, tras los señalamientos oportunos en la temporada anterior, se abrió el abanico de hierros ganaderos, y nos regalaron una bocanada de aire fresco con la corrida de Adolfo Martín Andrés. La predisposición, en general, de los coletudos también ha sido distinta, más comprometidos con la plaza que pisaban y con la afición que la ocupaba. De todo esto podemos inferir algo muy importante, ¡¡no estábamos equivocados los aficionados en nuestra anterior postura reivindicadora!! Han recogido algo de lo clamado y las cosas han funcionado mejor.

            Un balance más pormenorizado nos deja ver que las novilladas no marcharon bien. Salvando la voluntad de Morilla y las buenas maneras y mejor predisposición de “Currito”, no recuerdo nada más. Flojo balance para pensar en el futuro.

            Pronto se concedió un indulto, sería al toro “Almansito” de Núñez del Cuvillo, más por meritos del excelente lidiador-indultador que es el maestro Ponce que por meritos del toro.

            Para olvidar, unas veces por los toros y otras por inhibición torera, las corridas de Buenavista y la segunda de Nuñez del Cuvillo. Más interesante la suelta de Parladé del 6 de agosto, en la que con más de tres cuarto de plaza se lidiaron seis ejemplares sin movilidad, acometividad, fijeza o cualquier otra característica propia de una res brava. Con éste material, donde primó el continente sobre el contenido, intentaron el toreo César Rincón, Morante de la Puebla y El Juli. Cortaría una oreja El Juli en su primero, y otra Morante en el quinto. Ambas orejas, esta vez, de ley. Yo, aún, cierro los ojos, y veo la conmovedora y mágica trincherilla de los últimos compases de la faena de Morante al quinto. Con ella, de nuevo, se nos reveló el toreo. Ante la cantidad de toreo vulgar y de toreo estilista, yo me quedo con  esa sola trincherilla.

            Decepcionante la corrida de Lagunajanda, ni una gota de casta en sus venas. Con ella nada pudieron hacer ni “El Cid”, ni César Jiménez, ni Salvador Vega. Aunque la contención de Vega en El Puerto de nuevo, y van, fue palmaria.

            Para mí el paradigma de corrida del abono 2005 tiene un nombre Adolfo Martín. Corrida completa, con trapío, con casta, con movilidad, con nobleza, y con fiereza. Pasaron con nota destacada en ella Robleño y Vilches. Pero sobresalió de manera definitiva Liria que dio una dimensión de torero importante. Se jugó la vida ante un complicado toro, faena de las antiguas que el público de El Puerto, más aficionado que nunca, supo ver y entender. Destacamos en esta corrida al toro jugado en quinto lugar “Aviador”, de excelente trapío y con una bravura merecedora de premios.

            De la corrida de María Luisa Domínguez y Pérez de Vargas recuerdo con deleite la faena premiada con oreja de un torero nuevo en esta plaza como Luís Miguel Encabo.

            En la corrida de rejones todo cambia, la plaza, el público, y el afán por dispensar despojos taurinos. En ella se comportó Antonio Domecq, y sobresalió Pablo Hermoso de Mendoza, al que se le regaló un rabo.

            Destacadísima, en general, la corrida de El Torreón, con los matices precisos, brava y noble, con trapío y movilidad. Con ella Enrique Ponce, alcanzado de mala manera por su primero, dio la dimensión de figura indiscutible, permaneciendo en la plaza con una cornada en la pantorrilla hasta que dobló el toro. La faena de Jesuli de Torrecera a su segundo fue antológica. El toro indultado tras el trasteo, y en esta ocasión no se ponen contestaciones al mismo, fue bravo de verdad, con galope. El de Torrecera lo entendió, y le dio distancia, “Liviano” en los medios, cite en lejanía, mando, largo el muletazo, y eclosión en los tendidos. Las tandas se repitieron, el toreo de Jesuli recordaba al toreo del ganadero. Máximos trofeos para el torero, y máximo honor para el toro que justamente se reencontró con su dehesa.

            Dos indultos en la temporada nos parece exagerado. Creo que lo lógico, lo racional, debió ser, como se hizo, otorgar el indulto a “Liviano”. Pero sólo conceder la vuelta al ruedo al toro “Almansito”, dando los máximos trofeos al torero, por inventarse un toro.

            Así vi la temporada del 2005 en la Real Plaza, de lo que no escribo ni me acuerdo. Creo que todos hemos comentado en algún momento que estamos en el buen camino. Podemos cambiar el diagnóstico de “extrema gravedad” por el de “leve mejoría”.

            Esperemos que en la temporada de 2006 las cosas buenas se mantengan, el número de festejos no disminuya, los errores se reparen, y, por fin, se acometan las necesarias reformas en nuestra Real Plaza.
 

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