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El Arte vs El Valor.

El Arte vs El Valor.

22 Mayo 2022

 

Sanlúcar de Barrameda, Feria de La Manzanilla. Tarde con buena temperatura de no hay billetes. Una corrida de Santiago Domecq. Buena presencia y buen juego, destacando el noble primero y segundo. En banderillas destaca; Antonio Chacón, Fco. Algaba, Javier Ambel, Sergio Molina e Iván García.

Morante de la Puebla (Rosa fantasía y azabache): Dos orejas y ovación.

Roca Rey (Espuma de mar y oro): Dos orejas y rabo, dos orejas y rabo.

Pablo Aguado (Azul Soraya y oro): Palmas y ovación.

 



 

Un día grande en el Coso del Pino de la siempre acogedora y taurina Sanlúcar de Barrameda. Al llegar al coso taurino hubo algunos-muchos problemas para acceder a la plaza, todo es mejorable en esta vida. La corrida comenzó con quince minutos de cortesía por culpa de esos pormenores. El himno de España abrió la tarde en la feria Sanluqueña.

Con un lleno hasta la bandera se presagiaba una bonita tarde de toros, como así fue en reglas generales

 

Morante salió en Morante. Con un toreo de capa lleno de profundidad y enjundia, llenando los tendidos de unos olés muy sonados. En varas el cornúpeta cumplió, y el genio de la Puebla deleitó con un buen quite a la verónica. Después de una lidia pulcra, Morante comienza su faena abriendo los caminos de su antagonista, por bajo y con profundidad. El de Domecq embestía con alegría y buen son, y el de la Puebla con una colocación impecable comenzó a hacer una faena de calado hondo. Los pases por la derecha eran poesía pura, y con la izquierda aún iban a mejor. Faena en Morante que encima remata con una buena estocada que le valieron al torero hispalense dos apéndices para aumentar su leyenda torera. El cuarto de la tarde, colorado de capa era un toro más bajo y reservón que sus hermanos de camada. Morante lo pasó del tirón por el varilarguero para que le diera la medicina apropiada. Tras un inicio de faena con algunos pitos de fondo de los “amigos de la manzanilla a raudales en catavino”, el diestro sevillano se plantó frente a su antagonista, siempre bien colocado como mandan los cánones, y poco a poco como un buen “puchero” comienza a echar sus avíos en la faena, continuando despacito esa cocción, a fuego lento. Casi nadie daba “un duro” por ese astado que apenas decía nada ante la muleta de Morante, pero ese “chef” de la tauromaquia, comenzó a darle condimentos y especias como un estrella “Michelín” a ese guiso insulso y sin sustancia, y entonces despierta el rey de la dehesa y va a más gracias a esa mágica muleta que lo lleva cosido y con enjundia, dando pases de bella estampa. Una faena venida de la nada que la suerte suprema se llevó por los cerros de Úbeda, pero el maestro volvió a dejar su impronta taurina en esa tierra tan hermosa y bien avenida donde desemboca el río Guadalquivir.

 

Desde el Perú llegan esos aires de juventud y valentía que hacen que la emoción del toreo siga en boga. Roca Rey estuvo muy firme con el percal, e hizo un quite por chicuelinas y capote a la espalda que dejó al respetable con el corazón en la boca. Sobrado de redaños comenzó en los medios, con una quietud inaudita. El segundo de la tarde era un toro noble desde los primeros compases, y acometía con alegría. El diestro de allende los mares supo dejarle la flámula puesta, y llevarlo a compás, siempre muy quieto, tal vez demasiado ante esas acometidas, por eso se llevó un gran revolcón de donde salió intacto –el toro noble tampoco es la tonta del bote, y metérselo entre los muslos, da estos sustos-. Tanto el toro como el matador fueron a más, haciendo que el público se levantara de sus asientos en cada tanda. Llegó la suerte suprema con el respetable totalmente entregado, y tras una gran estocada, los tendidos se tiñeron de un blanco ampo, concediendo la presidencia dos orejas y rabo. El quinto de la tarde salió más desentendido de los engaños; es más, no quiso saber nada de la capa. Tras el segundo tercio Roca Rey iba midiendo la áspera embestida del morlaco, que salía a media altura y distraído, el toro nunca quería coger la muleta de verdad. Por eso comienza de nuevo ese torero a derrochar ese valor de juventud y de capacidad de quedarse muy firme entre los pitones, montándose Roca Rey en lo alto del toro, pero sin pegar ningún pase de verdad –el toreo es emoción, claro está, pero también hay que torear- y así seguía esos “Uy, Uy” de un público entregado a ese arrojo, pues los tendidos estaban llenos de pánico gracias a ese valor seco que transmitía el diestro del Perú, pero eso sí, ni un pase limpio o con profundidad. Todavía así, con sus grandes e inmensos redaños, con esa tauromaquia inexistente estalló la algarabía, un superhéroe, pero sin recursos ante un burel que tal vez tuviera algo más. Buena estocada, y tras esa exacerbada petición, el presidente se disfraza de rey mago por las fiestas navideñas y concede ese regalo que el respetable demandaba; otras dos orejas y rabo…. ¡Viva esta nueva Fiesta Nacional!

 

Aguado es un torero que está subiendo como la espuma, pero porque además se lo merece de verdad, nadie le ha regalado nada. Su primer enemigo era un toro grandón –permítanme la expresión- que salía con la cara alta y más espabilado que los dos anteriores. En varas se le dio poco, y con los garapullos fue complicado. En la franela el sevillano le abrió los caminos, pero el toro no se entregaba, siempre quedándose corto y mirando al maestro. Pablo siguió tratándolo como uno más, pero no lo era, así que tras robarle algunos bellos pases, hubo que ir por la espada de verdad. En la estocada todo se truncó más aun, el diestro no acertó en varias ocasiones, y con el descabello tampoco estuvo certero. El sexto que cerraba plaza dejó lucirse a Aguado a la verónica, con bellos capotazos echando la “pata pá alante”. Tras la vara bien administrada en este caso, y un gran Iván García en banderillas, comenzó el tercio de muerte. Aguado comenzó dándole sitio al toro, y tras esos primeros pases de probatura, comenzó ese toreo en redondo que tanto gusta. De nuevo los olés fluían en el coso del Pino. El torero hacia pases de ensueño tanto por el pitón derecho como por el izquierdo. Se le veía a gusto a Pablo con un toro que humillaba y repetía. Gran faena del torero, pero de nuevo había que matar al de Domecq, y otra vez  la “Tizona” le fue esquiva al torero que se hubiera merecido algo más en trofeos por el conjunto de una buena tarde.

 

 

José Manuel Femenía.



 






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