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La Plaza de Toros de la Isla cumple 150 años

La Plaza de Toros de la Isla cumple 150 años

17 Julio 2021

San Fernando (Cádiz) Ayer, la Plaza de Toros de la Isla cumplía su 150 Aniversario de torería. Un coso austero, con solera e historia que ha vivido momentos de gran apogeo así como en el ostracismo.  Recordar su historia es vivirla de nuevo.



 

Fechado el 14 de octubre de 1765 se recibe un comunicado del Rey Carlos III autorizando dos de los cuatro festejos solicitadas por el Alcalde Mayor D. Sebastián Ventura de Sedano al objeto de sufragar los gastos de la construcción de la Alhóndiga en la Villa de la Real Isla de León. Los festejos, que en distintas misivas municipales seguían hablando de cuatro, le serían adjudicados al empresario D. Alonso Luis de Ortega y Muñiz, así como la construcción de la primera plaza de toros “seria” en nuestra localidad de la que se desconoce su ubicación. Los festejos, que se llevaron a cabo entre Pascua de Resurrección y el 17 de junio de 1766, tuvieron un superávit de 4.960 reales de vellón cubriendo los gastos de 4.977 en la construcción de la Alhóndiga.

 

Aún sin un coso permanente, los festejos taurinos se seguían celebrando por distintos puntos de la ciudad como la Plaza del Carmen, Plazoleta de las Vacas, en huertas particulares donde se improvisaba un coso taurino o algo similar, y posiblemente la anterior a la actual, a un extremo del Parque Almirante Lahulé, al final de la calle San Diego, por entonces Sosiego. 

 

 Así, durante el reinado de Fernando VII, ya con el título y nombre de Ciudad de San Fernando, las plazas se llenaban de aficionados, absolutistas o liberales, quienes durante la lidia abroncaban al diestro actuante si éste no era de su misma condición política que ellos, lo que en la mayoría de los casos acababa en altercado público.

 

            El apogeo de la fiesta y el desarrollo industrial de San Fernando a mediados del XIX reclaman la construcción de un coso taurino. Además, las localidades próximas tampoco contaban con una plaza permanente por lo que San Fernando podía ser el punto de encuentro taurino para Cádiz, Puerto Real, Chiclana, Medina y el Puerto de Santa María. Éste, tras varios estudios, se decide ubicarlo al inicio de la calle San Marcos por iniciativa económica de los Sres. D. José Lazaga, D. José López Rodríguez y D. Augusto Castañeda. El trato de la parcela fue con D. Basilio Vélez Sáez, D. Francisco Pérez Jiménez y Dª. Juana Iruré Sánchez. Tras un año de obras el coso se encontraba listo para su apertura.

 

El ruedo contaba 35 varas, equivalente a 30,31 metros, con 8 burladeros, dos puertas de toriles al norte, de cuadrillas al este y puerta grande al sur. No disponía de callejón, la barrera tenía una altura de dos metros con una cuerda sujeta por pilares de hierro. La grada o tendido bajo de piedra de 13 filas, donde la primera era de valla o cajón y el resto sin numerar, al que se entraba por once puertas y ocho escaleras. Por una galería interior con cinco puertas se accedía al tendido alto cubierto de trece filas de madera, separado por una balaustrada sobre las cuales unos arbotantes de hierro con ángulos de ochavas lucían vistosos gallardetes. A un lado y otro de la presidencia, que se encontraba en el tendido alto al oeste, un total de dieciocho lujosos palcos, diez los superiores y ocho los inferiores, de 5 gradas con barandilla de hierro y respaldo de madera con dos escaleras para acceso. Entre ambos tendidos, alto y bajo, 290 sillones con una baranda de hierro que los separaba del tendido. Cuenta con vivienda para conserje, capilla, oficina de empresa, enfermería, doce chiqueros, cuadra para caballos y desolladero. Su capacidad podía alcanzar hasta 8.500 localidades.

 

Los arquitectos provinciales D. Juan de la Vega y D. Adolfo del Castillo dieron el visto bueno a una obra ejecutada por el maestro de obras Rizo, de albañilería Soto y carpintería Pérez. Era el segundo coso permanente más antiguo de la provincia de Cádiz después de San Roque (1853).

 

            Tras una novillada de prueba el día 9, que se celebró “pendiente de los últimos retoques”, fue inaugurada oficialmente el domingo 16 de julio de 1871, en la Velada del Carmen, con toreros y toros sevillanos. Renegao, Perdigones, Mala-sangre, Lucero y Nonaliche, a falta del nombre del quinto estos fueron los que con divisa celeste y blanca saltaron a la arena propiedad del Excmo. Sr. Marqués de Saltillo, antes Lesaca. Hicieron el paseíllo los diestros Antonio Carmona “Gordito” (de blanco y oro: palmas y silencio); y sus protegidos José Giráldez “Jaqueta” (de grana y oro: división y palmas) y José Negrón (de celeste y oro: ovación y silencio). El tendido de sombra costó doce reales y el de sol 8. El festejo fue presidido por el Sr. González Márquez y en aquel festejo actuó como banderillero, y posterior figura, el algecireño José Sánchez Campo “Cara Ancha”. Los toros estuvieron expuestos en el Manchón del Palmar en la Venta de Fuera (hoy Meadero de la Reina) y tuvo lugar el madrugador “Toro del Aguardiente”.  

 

Cuentan las crónicas que la primerísima figura del momento “Gordito”,  brindó al palco de la empresa quien le regaló un traje de luces celeste y oro que luciría al día siguiente, bebió vino de una “borracha” sentado en una silla delante del toro, a quien le vertió en los hocicos, práctico su famoso par al quiebro e iba a descabellar sentado en un caballo muerto cuando el toro se echó. Al día siguiente, en la segunda corrida de inauguración, actuó la misma terna frente a toros de D. Antonio Miura.

 

            En 1891 la plaza o circo taurino, denominación ésta bastante común en la Isla, mantiene un aforo oficial de 5.025 localidades. La grada de madera se fue deteriorando hasta el cierre de su parte alta en 1.899, quedando reducida su capacidad a 2.927 espectadores. Mejorada la grada de madera y permitido de nuevo su acceso, en 1918 un incendio acabó con ella. El festejo de su reinauguración tuvo lugar el 11 de marzo de 1923 con el novillero granadino Manuel Sánchez “Manolé” (ovación y vuelta), quien falleció de cornada apenas un año después, y Francisco Perlacía (petición y ovación) frente a utreros de Villamarta. El empresario emprendedor y rehabilitador de la plaza fue D. Ricardo del Real, quien se la había arrendado al propietario de entonces D. Juan Pérez Delgado. Aquella temporada fue record en toda España con treinta y un festejos. Su última gran reforma, en la que desaparece totalmente la madera de la plaza y su tendido alto se forja en hormigón, se llevó a cabo en 1933.

 

En tiempos de su inauguración ya era tradición en la mañana del festejo, bien temprano, el “Toro del Aguardiente” “para que lo lidien los aficionados que gusten”. En posteriores carteles, pero menos frecuente, también se anunciaba un “Toro de Prueba”, donde se “acreditaba” la bravura de la ganadería que lidiaba a la tarde con un toro o vacas de la misma. Esta tradición del “Toro del Aguardiente” se mantiene hasta bien entrado el siglo XX, siempre en horario madrugador, cuya ganadería no se anunciaba en la cartelería así como el lidiador, quien podía ser un joven aspirante local, un veterano que se la jugaba por algunas pesetas o para “arrojados mozos” dispuestos a mostrar su valor. Con esta última denominación desde principios de la década de los 80 y hasta los 90 del XX, durante la Feria del Carmen, tuvo mucho predicamento entre la juventud dicha actividad, con la diferencia de que un toro o novillo despuntado era corrido a modo de encierro desde el Zaporito hasta la plaza antes de ser lidiado generalmente por algún novillero.

 

En 1915 la plaza estuvo a punto de ser derribada y construida una nueva,  más amplia y moderna, cerca de la Iglesia del Cristo  y de la estación de ferrocarril pero finalmente la compra de los terrenos no prosperó.

 

            Por su arena, de novillero o matador, han pasado casi todas las figuras de la tauromaquia: Antonio Carmona “Gordito”, Rafael Molina “Lagartijo, Salvador Sánchez “Frascuelo”, Fernando Gómez “El Gallo” (padre de Rafael y José), D. Luis Mazzantini, Rafael Guerra “Guerrita”, Antonio Fuentes, Ricardo Torres “Bombita”, Rafael “el Gallo”, Juan Belmonte (de rejoneador), Manuel Jiménez “Chicuelo”, Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma”, Francisco Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, Manuel Rodríguez “Manolete” Rafael Ortega y Manuel Benítez “El Cordobés”, entre otros.

 

Los toros que han hecho historia de esta plaza son Medianoche, de José Escobar lidiado en septiembre de 1878, tomó diecinueve varas, lesionó a tres picadores y arrastró a nueve caballos; o Jardinero en 1885 de Concha y Sierra que se llevó por delante a seis caballos y tomó dieciséis puyas.

 

 

En esta plaza debutó como becerrista Pepe Luís Vázquez, se han formado toreros de la talla de Emilio Oliva Baro, Juan García “Mondeño” o Francisco Rivera “Paquirri” y se han tomado las siguientes alternativas: 

 

- 10 de agosto 1890 Francisco Jiménez “Rebujina” de Cádiz, toros de Cámara y de Peñalver, de manos de Rafael Molina “Lagartijo”.

- 23 de julio de 1923 Sebastián Suarez “Chanito” de la Isla, toros de Hermanos Gallardo, de Juan Silveti.

- 17 de julio de 1995 Alberto Ramírez de la Isla, toros de Osborne, de Miguel Báez “Litri” con Jesulín de Ubrique.

- 18 de julio de 1998 Francisco Javier Vidal “Chamaqui” de la Isla, toros de Carlos Núñez, de Ortega Cano con José A. Canales Rivera.

- 19 de julio de 2003 Antonio Fernández de la Isla, toros de Los Desrramaderos, de José Ortega Cano con Manuel Díaz “el Cordobés”.

- 15 de julio de 2007 Benjamín Gómez de la Isla, toros de Torrehandilla y Torreherberos, de Juan Serrano “Finito de Córdoba” con Francisco Ribera Ordóñez.

 

Otra utilidad de esta plaza que por su continuidad merece mencionarse es la de cine de verano. Fue a mediados del año 30 cuando empezó esta actividad anunciando sus dobles sesiones como Cine Plaza de Toros, denominación que cambió a principio de los 40 por Gran Cinema Plaza de Toros, y a mediados de ésta misma década por Cine Avenida y así hasta la década de los 70. No siempre los empresarios taurinos fueron los cinematográficos.

 

No creo exista en el mundo otro coso que haya acogido tantas gestas de toreros que han querido actuar tres tardes en un solo día como la Plaza de Toros de la Isla. La primera de ellas tuvo lugar el 19 de mayo de 1895 cuando el cordobés Rafael Guerra “Guerrita”, de verde botella y oro, actuaba a las siete de la mañana con floja entrada, en mano a mano con José Rodríguez Davie “Pepete”, de marrón y oro, frente a seis toros de la Marquesa Viuda de Saltillo. En el cartel anunciador, además del escudo local junto al de Jerez y Sevilla, se representaba una imagen del Real Observatorio de la Armada. El festejo fue amenizado por la Banda de Infantería de Marina, por otra parte frecuente en sus festejos así como el piquete de  mismo Cuerpo, que desde media hora antes de dar comienzo interpretó “tangos, guarachas y pasodobles”. Posteriormente serían, aún de novilleros, el sevillano Francisco Vega de  los Reyes y el valenciano Vicente Barrera el 25 de julio, Día de Santiago, de 1927 frente a novillos de Concha y Sierra. Los tres festejos fueron en mano a mano, continuarían a la tarde en Sevilla y a la noche en Córdoba. El 17 de julio de 1955 el novillero jerezano Juan Antonio Romero toreó a las doce de la mañana junto a “Chano” Rodríguez y Rafael Rodríguez “el Pio”, luego vendría Jerez y Cádiz. Por último, el Día de la Hispanidad de 1961 las rejoneadoras Amelia Gabor (Madrid), “Paquita” Rocamora (Valencia), Amina Assis (Colombia) y Gina María (Portugal) lidiaron novillos a las doce en la Isla, de Núñez Guerra y Alventus, a las cuatro y media en Cádiz y a las nueve en el Puerto de Santa María. 

 

Sus hechos más luctuosos tuvieron lugar el 20 de junio de 1880, cuando en un Toro del Aguardiente fallece un aficionado del que no trascendió su nombre. Por la tarde actuaban los novilleros Manuel Dián “El Habanero” y Antonio Ortega “El Marinero”. En el festejo del 16 de julio de 1893, con veintidós años fallece el banderillero sevillano Antonio Lobo Escobar “Lobito Chico”, banderilleando al cuarto toro de la tarde, de nombre Rosadito de Eduardo Ibarra, recibe una cornada mortal que le rompe la vena femoral y safena de la pierna izquierda, además de llegar a vejiga e intestinos. Aquella fatídica tarde actuaba a las ordenes de su paisano Francisco Bonar “Bonarillo”. En la Fonda “La Marina”, cita en la calle Real donde se cambiaban las cuadrillas, en un ataque de locura intentó suicidarse de un disparo en la cabeza su hermano Fernando, también actuante aquella tarde, quedando mal herido.

 

El 29 de junio de 1890 tuvo lugar una corrida de toros homenaje al insigne marino D. Isaac Peral por su genial invento del submarino, cuyas primeras pruebas de mar habían tenido lugar el 6 del mismo mes de forma totalmente satisfactorias. Los diestros actuantes fueron el cordobés Rafael Bejarano “Torerito”, recibió de regalo del marino “una cartera de piel de Rusia conteniendo billetes de banco” y el local José Galea, quien fue obsequiado con “un alfiler de corbata con diamantes”.

 

 

La grada también tuvo momento de rebeldía, fue el 26 de abril de 1891 por el manso comportamiento de los toros, y la sustitución de parte de estos por becerros, de la ganadería de Ángel González Nandín (militar ayudante del Jefe del Gobierno, el General Prim). El malestar alcanzó la revuelta cuando arrancaron parte de las tablas del tendido de Sol y gradas altas, arrojándolas a la calle provocando una fuerte carga de la Guardia Civil. Despejada la plaza, los disturbios continuaron en la calle cuando los aficionados esperaban la salida del empresario a quien le reclamaban la devolución de las entradas. Los lidiadores fueron Miguel Báez “Litri” y Antonio Reverte.  

 

Otra revuelta popular tuvo lugar en el “Toro del Aguardiente” del 16 de julio de 1899. Ante el destrozo causado en gradas de madera, barrera y burladeros por los aficionados exaltados por el comportamiento manso del toro, y la no disponibilidad de sustituto por parte de la empresa, el festejo de Feria de la tarde hubo de ser suspendido.

 

El 6 de septiembre de 1891 actuaba en esta plaza D. Luis Mazantini quedando reflejado en acta matinal del delegado del festejo al Presidente que “ordene al encargado de la plaza ampliar el burladero que se haya a la izquierda del palco presidencial por ser insuficiente para penetrar por su parte central ofreciendo hacerlo así a instancia del matador Sr. Manzatilú (Mazzantini) y que afirmase los demás”.

 

Hasta que los toros comenzaron a trasladarse en ferrocarril, en carros o en vehículos a motor, estos eran conducidos por vaqueros desde la finca hasta plaza, pasando la noche previa al festejo en la Venta de Fuera, próxima al Barrio de Jarana, o si procedían de la parte de Chiclana en el Molino de Bativá junto al Puente Chico. Fue en uno de estos traslados matinales, el 26 de mayo de 1906, una novillada de Rafael Surga, prevista lidiarse en la tarde que se desmandó provocando el pánico en la calle San Marcos y Escaño hasta ser reconducida a la plaza para su enchiqueramiento. Uno de los novillos se estancó en el fango de la Salina Santa Emilia teniendo que se sacrificado. El caso resulta extraño, ya que desde finales del siglo anterior se tiene constancia de que se empalizada la zona de la Albina del Puente así como la calle San Marcos para la conducción del ganado.

 

El Día del Carmen de 1942, actuación de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” junto a “Pepe” Gallardo y “Paquito” Casado en el que por desavenencias entre el director de la banda y la empresa la corrida se desarrolla sin música.

 

Festejos notables han sido la encerrona del hoy Director de la Asociación Cultural Taurina “Rafael Ortega”, escuela de jóvenes valores que acoge la plaza desde su fundación en 1990, el matador de toros Antonio Pérez Marín quien se encierra el 29 de junio de 1965 con 6 novillos de D. Manuel Camacho, una gesta que repetiría en Jerez y Cádiz.

 

Con motivo del centenario de la plaza en 1971 se llevó a cabo un Salón Nacional de Fotografía Taurina; se estableció un sobre y matasellos conmemorativo; tuvo lugar un ciclo de conferencias y como colofón la encerrona del maestro Francisco Ruiz Miguel con seis toros de D. Manuel Camacho.

 

Desde 1990 acoge a la Asociación Cultural Taurina “Rafael Ortega”, entonces Aula Municipal de Tauromaquia siendo Alcalde D. Antonio Moreno Olmedo, por ella han pasado cientos de sueños e ilusiones de aspirantes a ser máxima figura del toreo.

 

En su 125 aniversario, el 16 de julio de 1996, la plaza acogió un mano a mano entre Miguel Báez “Litri” y Jesulín de Ubrique con toro de Garcigrande.

 

Para conmemorar el bicentenario del nacimiento de las Cortes, el 24 de septiembre de 1810, el 26 de septiembre de 2010 tuvo lugar una corrida de toros Goyesca con los diestros Francisco Ruiz Miguel, Enrique Ponce, Juan José Padilla y astados de Ana Romero.

 

Francisco Ruiz Miguel pone fin a una trayectoria impecable de torería y se corta la coleta en su plaza, fue el 18 de julio de 2015 tras cuarenta y seis años de alternativa, junto a Juan José Padilla y David Galván con toros de José Luís Pereda y la Dehesilla en una emocionante e inolvidable tarde.

 

En 1995 un empresario segoviano se enamoró de esta belleza y la bautizó como “la más bonita de la Bahía”, fue D. Gustavo Postigo Santamaría fallecido en el año 2012. Hoy, sus hijos Gustavo y Pedro la miman con la misma sensibilidad que tuvo su padre. Entre el año pasado y el actual, sin llegar a perder sus características más particulares de coso histórico, ha renovado sus instalaciones interiores con nuevos aseos y su total pintado, así como ampliada sus capacidades para acoger, además de su función principal de plaza de toros, diversidad de eventos como conciertos, congresos y todo tipo de celebraciones bajo el nombre de “La Plaza, Albero Eventos 1871”.  

 

No sería justo si antes de rubricar el presente artículo no recordara a quienes durante años han escrito paginas de la historia taurina de San Fernando, se trata de Salvador Aleu Galán y Andrés Ruiz Pizones, dos enamorados de su pueblo y de sus vecinos, gracias a ellos hoy revivimos nuestra historia, la conservamos y la hacemos perdurar en el tiempo. Larga vida a la Plaza de Toros de la Isla “la más bonita de la Bahía”.  

 

Sergio Pérez Aragón 



 






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