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Oreja para Perera en su reaparición
15 Noviembre 2010Mexico DF. 14 Novbre. 2ª de la Temporada Grande. Un cuarto de entrada. Se han lidiado toros de Los Encinos, descastados y flojos en general.
Manolo Mejía, silencio y silencio.
Miguel Ángel Perera, oreja y vuelta.
José Mauricio, silencio, silencio y silencio en el sobrero que regaló.
Miguel Ángel Perera dio una tremenda sacudida a la tarde que se iba deslizando en un marasmo indefinido e hizo explotar la Plaza México con una faena gallarda, de entrega, que hizo que los diletantes se extasiaran y premiaran con ovaciones sostenidas y sonoras la labor del diestro de Badajoz, quien estuvo en torero, torerazo, y luego de tres pinchazos lo obligaron a dar la vuelta al ruedo entre esos gritos que consagran a los que se visten de luces de ¡torero... ¡, ¡torero..! a pesar de que por fallas con la espada Perera dejó escapar el triunfo grande.
Se ha repetido muchas veces que los apéndices son retazos de toro y aquí vale bien esas palabras, pues lo que realizó el diestro extremeño no se paga con las orejas o los rabos. El reconocimiento a esas piezas toreras es lo que cuenta y que perdurarán en las mentes de los que las presenciaron. Inclusive le pedían a Perera que regalara un toro porque público y aficionados querían seguir deleitándose con esa interpretación del arte de Cúchares.
Esa faena que le cuajó a Álvaro, fue la extensión de lo que había hecho a su primero de nombre Emiliano, al que ya le había cortado una oreja.
Miguel Ángel Perera ratificó lo que ya se le había visto en la otra campaña del 2008-2009, pero ahora fue elevado al cubo porque se le vio con mucho sitio, más desahogado, con más temple, más afinado y, sobre todo, con un valor acerado que cada vez está más sólido. Sobre todo con esa entrega sin límites y con una sed insaciable de triunfo. Desde luego no escatimó esfuerzo alguno y se dio a torear y a corresponder a ese público que lo ha acogido sin dobleces.
Por principio, cuajó unas bellas verónicas que remató con media superior. Ya armado con la muleta se fue al centro del ruedo y sin pestañar y aguantando la embestida del toro logró un escalofriante cambiado por la espalda y un ayudado y nuevamente repitió la suerte entre las ovaciones . El toro no fue fácil, se quedaba corto, se frenaba y no se desempeñaba de firme, pero ahí estaba la figura de Perera, aguantando y dándole su tiempo y espacio y lo metió en el engaño, peleándole y domeñándolo en los muletazos por la derecha y rematados con el de pecho, largo y con mucho sabor.
Se pasó la pañosa a la izquierda y luego de algún pase volvió a la diestra para realizar la dosantina, llevándolo muy prendido en la muleta y estallaron los olés. Lo dejó reposar y solamente tirando de él le fue arrancando los pases . Nuevamente la dosantina con mucha hondura. Los gritos de torero no se dejaron esperar. Vino el desencanto porque señaló dos pinchazos antes de dejar tres cuartos de acero, y no obstante le aplaudieron fuerte. Dobló el astado y gran ovación sostenida. Pitos al toro. Perera se metió al callejón y lo obligaron a salir para que diera la vuelta.
En su primero, Emiliano, ya había prendido la mecha para la gran explosión final con el capote como varita mágica se hizo ovacionar en hermosa tanda de verónicas que cerró con una brillante media.
Después de la suerte de varas ejecutó una tafallera que convirtió en gaoneras ajustada , la caleserina y nuevamente otra tafallera para rematar con vistosa revolera. Fue una luminosa labor de capa la de Miguel Ángel.
Inició su labor por alto hasta que lo metió en el engaño y se dio a torear por ayudados en redondo ante la suave embestida de la res, cumpliendo bien lo que pedía el toro, pero ayudándolo por tirones suaves. Toreó por la izquierda y lo prendió rasgándole la taleguilla. No hubo nada que lamentar y siguió deleitando a la concurrencia con ayudados de gran exposición y terminó con poderoso abaniqueo. Pinchazo hondo trasero y descabello certero para una oreja. Aplausos al toro que se dejó meter mano. Emiliano Zapata, en honor al Caudillo del Sur, dijo que la tierra es de quien la trabaja y Perera dijo que el toro es de quien lo torea y lo toreó, no a placer, pero sí con sabor y verdad.
LOS ALTERNANTES
Los toros que les correspondieron a Manolo Mejía y a José Mauricio, éste uno de regalo, no les permitieron mayor lucimiento y en general fueron pitados en el arrastre. Ambos tuvieron buenos momentos, pero sin llegar a redondear. Mejía fue aplaudido en su primero y en el otro se retiró en silencio. José Mauricio estuvo valiente y se la jugó en sus tres toros y no se salvó de ser arropado. Pero además habrá que decir que a José Mauricio no se le vio adelanto alguno y esa enjundia que deben tener para sobreponerse.
Los subalternos Christian Sánchez y Gustavo Campos saludaron en el tercio tras sendos pares de banderillas y Curro Campos, fue aplaudido por un puyazo.
LOS ENCINOS
La ganadería de Los Encinos, de Eduardo Martínez Urquidi, envió siete toros ejemplarmente presentados, pero con mucho peso y les costó trabajo tener mejor desempeño. Todos se quedaron cortos, se frenaban y tiraban a defenderse, rebrincando y calamocheando. Acudieron a los caballos y cumplieron pálidamente.
El toro de regalo salió con muchas patas y saltó limpiamente y casi llegó al tendido, pero algunos picadores resultaron golpeados.
La entrada en la Plaza México se aflojó considerablemente en relación con la que se registró en la inauguración.
ESTO
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