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Luces y sombras
11 Agosto 2026Artículo de opinión de Juan M Quiros
Terminó la mini temporada taurina portuense. Y llega ese momento tan peligroso para algunos como necesario para otros: toca hacer balance. Y como siempre, intentaré ser justo, ecuánime y, si me dejan, hasta razonable. Que tampoco hay que ponerse estupendos.
Vamos primero con las sombras, que haberlas, haylas.
Después de unos años con una presentación de las corridas a la altura de lo que merece la Plaza Real de El Puerto, este año se ha bajado un punto el nivel. Con la corrida de El Freixo en el límite —por decirlo suavemente— de lo mínimamente exigible y una novillada que fue, sencillamente, un auténtico fiasco.
El palco tampoco ha estado todo lo fino que nos hubiera gustado a los aficionados portuenses. Y tuvo su particular culmen en la novillada, con un palco sacando pañuelos blancos sin ton ni son. Porque ni esas orejas tan baratas hacen bien a quienes las conceden, ni mucho menos a la categoría de esta plaza.
Salir a hombros por la Puerta Grande no puede convertirse en algo tan asequible que parezca que regalan la entrada con el abono.
Si el día de la primera corrida de toros aplaudí con fuerza la labor del palco, el pasado domingo habría tenido que hacer justo lo contrario. Una oreja a Morante demasiado barata y dos a Miranda por un arrimón —eso sí, en terrenos muy complicados— pero con muy poco de ese toreo fundamental que debería ser la vara de medir.
Porque unos pocos autobuses no pueden abrir la Puerta Grande.
En cuanto a las ganaderías, poco que añadir: pésima la novillada, muy mala la de El Juli, con la honrosa excepción del tercero de la tarde, y salvando el trámite las de Cuvillo y Matilla.
Pasemos página y vayamos al lío de los toreros.
Los novilleros, con unos novillos que deberían haber terminado en otro destino bastante menos artístico, poco pudieron hacer. Y quizá por eso me duela todavía más aquel vendaval de orejas. Ortega, otro año más de vacío en El Puerto, aunque siempre nos quede ese capote tan bonito que luce. Pero ya son demasiados años esperándolo.
Roca estuvo en Roca. Y creo que con eso está dicho todo.
Manzanares, un año más —y quitando lo del pasado—, volvió a demostrar que quizá haya llegado el momento de darle un pequeño descanso en El Puerto. A veces también es bueno echarse un poquito de menos.
Entre las sombras del público, un año más, la falta de respeto mientras se torea. Por suerte, este año no hemos tenido cante desde la solanera. Algo es algo. No conviene pedirle peras al olmo.
Y para esos modernos aficionados que parecen tener una cruzada personal contra el tercio de varas, un pequeño consejo: a los toros hay que picarlos. Porque, como sigamos por este camino, la lista del paro va a subir como la espuma entre los picadores.
Otro consejo, esta vez para Morante: que cambie la mano del que coge los «papelitos» en los sorteos. Vaya mal bajío que tiene el nota. Igual no es el sorteo. Igual es la mano.
Y para terminar con las sombras, habrá que darle también un pequeño palito a la empresa. Lo de la novillada de cuatro novilleros es un auténtico peñazo, difícilmente soportable. Si ya de por sí algunas corridas se hacen largas, con cuatro novilleros no quiero ni imaginarme dónde termina el respetable: en la plaza o buscando un taxi.
Querido amigo Carlos Zúñiga, desde el tremendo aprecio que te tengo, lo de los «caballitos» dentro del abono háztelo mirar. Con tan pocos festejos, creo que deberías meter una corrida de a pie más y dejar la de rejones fuera del abono.
Y quizá ni siquiera haría falta traer a las figuras.
Mira, incluso te dejo un cartel encima de la mesa: toros de Ana Romero para Octavio Chacón, Alejandro Morilla y Pepe Moral.
Suena bien, ¿a que sí?
Y ahora, las luces.
Porque han sido muchas. Y, además, algunas han brillado de verdad.
Evidentemente, el triunfador sin ningún género de dudas ha sido Circuitos Taurinos. Apostar por Morante era una apuesta segura y vaya si lo fue. No sé si algún torero ha conseguido cuatro «no hay billetes» en el coso portuense. Tal vez Galloso, pero para eso habría que tirar de agenda y de memoria, que ya vamos teniendo una edad.
Gracias, Carlos, por los cuatro carteles que nos has regalado.
Entre los toreros, mi podio está más que claro. Ahora ustedes colóquenlos como quieran, que para eso están las redes sociales y las barras de bar.
Talavante, al que le tocó en suerte el toro de la temporada, aquel de Álvaro Núñez. ¡Vaya toro! Hasta se pidió con fuerza el indulto. Y no era para menos.
Pablo Aguado, por fin en El Puerto. Y qué faena tan sevillana nos regaló. Ese es el Aguado que llevamos tanto tiempo esperando. El que torea despacio, con gusto y sin necesidad de explicarnos que está toreando.
Y, por supuesto, nuestro Daniel Crespo.
Con Daniel se me están acabando los adjetivos. Cada año le ponen el listón un poquito más alto y cada año va y lo salta. Ya no sé qué tendrán que pedirle para que se den cuenta de que está preparado.
Esperemos que el próximo sea, por fin, su año. Porque con menos recursos, menos oportunidades y menos ruido alrededor, hacer más de lo que hace es prácticamente imposible.
Borja ha estado cumbre. Lástima, una vez más, ese fallo a espadas que le ha privado de redondear lo que hace con la muleta. Con la espada un poquito más de su lado, estaríamos hablando de otra cosa.
Miranda, bien a secas. Si continúa por esa línea, corre el riesgo de convertirse en una especie de reencarnación de Roca Rey. Tendrá su público, faltaría más. Pero ahí no entro yo. Ni que me esperen.
Y de Morante, ¿qué puedo decir?
Que ha estado, que ha querido y que lo ha intentado, pero que no ha tenido ni un toro boyante que le permitiera desplegar todo lo que lleva dentro. Eso sí, nos dejó el primer día una faena de esas que uno guarda en la memoria y que justifican por sí solas muchas tardes de espera.
Las cuadrillas han estado a un nivel altísimo, tanto los banderilleros como los picadores. Y eso también hay que reconocerlo cuando toca.
Y no puedo terminar sin detenerme un momento en la banda de música.
No quiero pecar de chauvinista —aunque siendo de El Puerto tampoco vamos a pedir perdón por todo—, pero dudo mucho que haya una banda que toque mejor que la de Dueñas en ningún coso de España.
Lo de Nerva, Suspiros de España, Concierto de Aranjuez y, sobre todo, esa famosísima Concha Flamenca fue para levantarse. Y la adaptación de Voilá, sencillamente, una delicia para los oídos.
Porque una buena banda también forma parte de una buena tarde de toros. Y en El Puerto tenemos una que sabe hacerlo como pocas.
Posdata
Señor empresario, una vez más, gracias.
Gracias por haber transformado la Plaza Real en lo que debe ser: una plaza viva, importante y con capacidad para volver a ilusionar a una afición que llevaba demasiado tiempo necesitando motivos para hacerlo.
No creo que haya un empresario que entienda mejor a El Puerto que usted. Y precisamente por eso me voy a permitir hacerle una petición en nombre de muchos aficionados portuenses.
Dos fines de semana de toros nos parecen excesivamente pocos.
Alárguelo una semana más y le aseguro que le ponemos una estatua en los alrededores de la Plaza Real.
Y si ya recupera la corrida del 15 de agosto, directamente lo sacamos en procesión.
Eso sí, sin banda de cornetas y tambores. Con la de Dueñas. Que para eso estamos en El Puerto.
Así lo vi y así lo cuento. El que quiera más el año que viene que me busque en el tendido 4.
Juan M Quiros
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