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La terna se entregó más que los "adolfos" en la segunda de Ávila
20 Julio 2020Ávila. 19 julio. Seis toros de Adolfo Martín, todos cinqueños, dispares de cabezas y de justa presencia. En general, corrida desrazada y de escasa entrega en el último tercio, en algún caso con complicaciones. La excepción fueron el primero, noble y con buen ritmo en la embestida, y el manejable quinto.
Octavio Chacón, de verde manzana y oro: estocada desprendida (oreja con petición de la segunda); pinchazo y estocada honda (ovación).
Morenito de Aranda, de burdeos y azabache: pinchazo, estocada atravesada que asoma y delantera contraria (silencio tras aviso); pinchazo y estocada (oreja tras aviso).
Gómez del Pilar, de verde botella y oro, que sustituía a Manuel Escribano: estocada contraria (oreja tras aviso); estocada baja (palmas).
Entre las cuadrillas, la de Morenito de Aranda saludó en banderillas en los dos toros.
Corrida nocturna. Se llenó el aforo máximo de 2.000 personas exigido por las medidas sanitarias ante el coronavirus.
La terna de espadas que actuó esta noche en Ávila, en la segunda corrida de toros tras el estado de alarma, compensó con su entrega y oficio la falta de raza y el complicado juego de los ejemplares de la ganadería de Adolfo Martín, con el resultado final de una oreja por coleta.
La faena que provocó más entusiasmo entre los 2.000 espectadores -los permitidos como aforo máximo por las medidas de seguridad- fue la que le hizo al tercero Gómez del Pilar, sustituto de urgencia del sevillano Manuel Escribano, convaleciente de una intervención quirúrgica.
El diestro madrileño se asentó con firmeza y aguantó las inciertas embestidas iniciales del segundo para así ligarle tres meritorias e intensa series de naturales, antes de que el toro fuera perdiendo celo y fondo, pero sin que por ello Del Pilar cejara en su empeño de cortarle una oreja de peso.
En cambio, el sexto, el de mayor trapío y hechuras de la corrida, no le dejó redondear, en tanto que sacó un sordo y brusco peligro, ante el que el matador nunca volvió la cara.
Pero fue Octavio Chacón quien cortó la primera oreja de la noche al que abrió plaza, el ejemplar más claro de la desrazada corrida, por su nobleza y su ritmo, aunque sin demasiado celo. El diestro gaditano lo movió con oficio y con más habilidad que apreturas, pero, sobre todo, lo tumbó de una estocada fulminante que avaló el trofeo.
El cornalón cuarto tapaba con sus pitones veletos su escaso cuajo. Y con él tuvo Chacón que tirar de nuevo de oficio, aquí con más justificación, para resolver los problemas derivados del gazapeo y del pobre fondo del "adolfo".
Otro de los peores toros del encierro fue el segundo, un astado reservón y sin clase con el que Morenito de Aranda también se mostró habilidoso, menos a la hora de matar. Pudo desquitarse ya con el quinto, otro ejemplar de aparatosa cuerna que, aunque justo también de raza, desarrolló al menos nobleza y fondo en respuesta al buen trato de su matador.
Gracias a ese idóneo planteamiento logró el torero burgalés los mejores momentos de su actuación, gustándose en muletazos a media altura y de medido trazo, pero que envolvió con empaque y buen gusto ye fueron merecedores de la oreja que acabó paseando.
EFE
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