Noticias |
![]() ![]() ![]() |

Diego Urdiales impone su maestría ante la bueyada que cerró la feria
17 Agosto 2019San Sebastián. Seis toros de Zalduendo, el sexto como sobrero de un titular lesionado, aunque desiguales de volumen y cabezas, generalmente bastos de hechuras. Salvo 3º y 6º, nobles pero muy justos de raza, tuvieron un comportamiento muy descastado, con tendencia a rajarse y sin emplearse nunca tras los engaños.
Diego Urdiales, de verde esmeralda y oro: pinchazo y estocada atravesada (ovación tras aviso); estocada trasera desprendida (oreja).
Paco Ureña, de rosa y oro: estocada desprendida perpendicular (ovación); estocada (ovación).
Ginés Marín, de verde hoja y oro: pinchazo y estocada delantera desprendida (ovación tras leve petición de oreja); cuatro pinchazos, estocada honda trasera y tres descabellos (silencio tras aviso).
Entre las cuadrillas, destacaron la templada brega de Antonio Manuel Punta con el sexto y el buen tercio de varas de Óscar Bernal con el cuarto. En banderillas, saludaron el mismo Punta y Fini.
Cuarto y último festejo de abono de la Semana Grande de San Sebastián, con un tercio de entrada (unas 3.500 personas) en tarde de bochorno bajo la cubierta.
La maestría y la calidad del riojano Diego Urdiales, que paseó la única oreja de la tarde, le sirvieron para imponerse con claridad al muy descastado y desclasado juego de los toracones de la ganadería de Zalduendo, con que se cerró hoy la Semana Grande donostiarra.
Esa suficiencia lidiadora y esa pureza en forma y fondo de la que hace gala el torero de Arnedo, a sus recién cumplidos veinte años de alternativa, se pusieron de manifiesto desde que se hizo presente con el primero de la tarde, un toro de peso medio pero que, basto de hechuras y muy protestón al esfuerzo, ya marcó la pauta de lo que iba a ser el resto de la corrida.
Urdiales lo atemperó en todo momento y, poniéndoselo fácil en los cites y en las alturas a las que manejó inteligentemente la muleta, le sacó un puñado de muletazos de excelente trazo, impensables a simple vista dadas las medias arrancadas sin celo que tuvo el ejemplar una vez limadas sus brusquedades.
No mató a la primera a éste el maestro riojano, pero sí al cuarto, con el que hizo otro despliegue de sabiduría y perfecto manejo de la técnica al servicio de la pureza. Y así fue, aunque el toro ya se rajó en banderillas, como Urdiales no solo lo sujetó sino que sacó oro de unas embestidas de plomo, que eran más bien arreones desrazados en busca da la huida.
Pero con pasmosa facilidad y con una deslumbrante naturalidad Diego Urdiales aprovechó esas cortas arrancadas para cuajar varios de los muletazos más hondos de la feria, aunque parezca paradójico.
Y en especial fueron los naturales los que tuvieron más sello y aroma caro, por la prestancia, por el temple y hasta por un plus más de recorrido en que logró extrar y llevar a ese boyancón cinqueño del que, tras una estocada de lento efecto, cortó una valiosa oreja.
El lote de Paco Ureña fue muy similar en todo al de Urdiales: igual de descastado y desabrido en sus ganas de irse de las suertes y en su forma de protestar ante los intentos de hacerles seguir los engaños. Y más si cabe aún el bruto sobrero que hizo quinto. Con ambos puso empeño el murciano, aunque sin encontrar apenas un resquicio de lucimiento.
Más agradecidos y manejables, aunque también con la raza y el empuje bajo mínimos, fueron los dos "zalduendos" que le correspondieron a Ginés Marín. Pero el extremeño, que vio como su primero al menos tuvo y movilidad y el sexto, aun con defectos en la vista, tenía voluntad de humillar, no pasó de hacerles sendas faenas aseadas y sin poso. EFE

Noticias


Tuenti
Enviar a un amigo




Subir