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,Ángel Jimenez
Oreja de ley para Ángel Jiménez, que deslumbra en su debut en Madrid
07 Mayo 2017Madrid. Novillos del Conde de Mayalde, bien presentados y de variado comportamiento. Destacó la calidad y el temple del tercero; el buen pitón derecho del cuarto, y la manejabilidad de los nobles y sositos segundo y sexto. Inválido, el primero; y sin raza, el quinto;
Ángel Jiménez, de blanco y oro: estocada tendida y caída, y descabello (silencio); y estocada trasera y caída (oreja).
Aitor Darío "El Gallo", de ciruela y oro: dos pinchazos, y estocada baja y atravesada (silencio tras aviso); y cinco pinchazos y descabello (silencio tras aviso).
Juan Silva "Juanito", de rosa y oro: media atravesada y descabello (ovación tras aviso); y pinchazo y casi entera caída (silencio).
En cuadrillas, Jesús Romero y David Picón saludaron tras banderillear al segundo; y Miguel Murillo y Antonio Vázquez hicieron lo propio en el sexto.
La plaza registró menos de un cuarto de entrada en tarde espléndida, en el día en el que se cumplían 95 años de la muerte del matador valenciano Manuel Granero a cargo del toro "Pocapena", de Veragua, en la antigua plaza de la Carretera de Aragón
El novillero Ángel Jiménez protagonizó hoy un debut soñado en Madrid, no sólo por la oreja de ley que paseó del cuarto, sino también por la dimensión y el buen concepto que mostró durante toda la tarde.
MADRID VE NACER A UN ARTISTA
La grandeza del toreo es incuestionable. Y ya no sólo por lo que significa, que es mucho, sino también porque después de tantos siglos como arraigada tradición artística y cultural nunca deja de sorprender a propios y extraños.
Esta sentencia viene a cuento para definir, precisamente, el asombro, o, mejor dicho, la fascinación que provocó en la tarde de hoy el debutante Ángel Jiménez, que deslumbró a Madrid con un concepto poco usual entre los novilleros de hoy en día, ese que brota del sentimiento, del corazón, ese que no se forja en escuelas, sino que se lleva dentro desde que se nace.
Hoy Madrid ha visto nacer a un artista, un torero de mucho futuro por las aptitudes mostradas, por esa manera de torear muy al estilo de Curro Díaz, con permiso del de Linares y salvando también las distancias entre la larga trayectoria y la hierba que aún lleva en la boca el joven espada ecijano. Pero ojo con él, que si sigue así, dará mucho que hablar.
Ese sello de distinción lo desplegó sobre todo en el cuarto, que lució un buen pitón derecho, y por ahí lo toreó Jiménez de maravilla, con un sentimiento, un empaque y una prestancia que hacen de él un claro candidato a engrosar las filas de los toreros de arte por esa manera de descolgarse de hombros, hundir el mentón en el pecho y pegar muletazos que fueron auténticas pinturas.
Y eso que rozó "el hule" al ensayar el toreo al natural. Por ese lado el novillo no quiso nada y acabó echándoselo a los lomos, librándose de milagro de la cornada, que no de la conmoción de los tremendos golpes que se llevó. Pero eso hizo que el de Écija se creciera aún más para volver al pitón bueno y seguir toreando como si nada.
Dos tandas más, cuatro "cositas" por abajo en el epílogo y una estocada al primer envite le pusieron en sus manos una oreja de ley.
En su inválido primero, en cambio, no tuvo enemigo. No obstante, sin oponente propicio y con un "palco" también desorientado por mantenerlo en el ruedo, ya dejó Jiménez atisbos de sus finas formas.
Juanito tuvo una oportunidad de oro para destaparse, que, sin embargo, no aprovechó, pues a sus manos fue a parar un novillo de dulce, el de su debut en Madrid, un animal con mucho temple y calidad, y que se fue con las orejas puestas.
A su favor hay que destacar las ganas que puso, pero técnicamente le falta. Estuvo lo que se dice "en novillero", tratando de hacer de todo, pero precisamente en su afán de no guardarse nada pecó de ese academicismo del (des)toreo de ahora: los cites "al hilo", figura encogida, muletazos inacabados y para fuera, y otras moderneces, que hicieron que se le escapara una ocasión única.
El sexto se dejó sin más, y nuevamente se vio el compromiso del portugués para tratar de dejarse ganar una batalla que ya había perdido en su turno anterior.
A la puerta de toriles se fue el Gallo a recibir a su primero, novillo noble y manejable, al que se limitó a pasarlo por uno y otro lado en un trasteo al que le faltó reunión y convicción. Y peor todavía con el desrazado quinto, con el que no dijo absolutamente nada EFE
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