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El novillero Alejandro Fermín emerge entre la tormenta en Madrid

Alejandro Fermín

El novillero Alejandro Fermín emerge entre la tormenta en Madrid

30 Agosto 2015

Madrid. Novillos de Daniel Ramos Alfonso, que tomaban antigüedad, convirtiéndose, además, en la primera ganadería de la Comunidad Valenciana que lidia en Madrid, muy bien presentados, nobles y de juego variado. Destacó el tercero. Quinto y sexto, los más mansos y deslucidos La plaza registró un quinto de entrada en tarde de tormenta.

Manuel Fernández "Mazzantini": estocada tendida y atravesada que escupe (silencio tras aviso); y dos pinchazos y media (silencio tras aviso).
Javier de Prado: dos pinchazos y casi entera caída y atravesada (silencio); y estocada muy defectuosa, seis pinchazos y bajonazo (silencio tras dos avisos).
Alejandro Fermín: estocada caída (vuelta al ruedo); y cinco pinchazos (silencio tras dos avisos).

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de los toreros Manuel Rodríguez "Manolete", fallecido en Linares hace ahora 68 años, y de José Cubero "El Yiyo", que murió tal día como hoy hace 30 años en Colmenar Viejo.
 



El novillero Alejandro Fermín dio una vuelta al ruedo tras realizar lo más destacado del festejo de hoy en Las Ventas, una tarde en la emergió entre la fuerte tormenta que arreció en Madrid y que condicionó sobremanera el espectáculo.

UN SINSENTIDO

Las siete de la tarde y el cielo de Madrid se cubría como un manto negro presagiando las peores de las tormentas. Las luces de la plaza se encendieron como en un festejo nocturno. Y fue romper el paseíllo y llegó lo que era irremediable, primero en forma de vendaval y, después, el aguacero.

Es necesario hacer un llamamiento urgente para modificar cuanto antes la reglamentación en cuanto a los criterios para suspender un festejo. Hasta ahora la lluvia es la única inclemencia meteorológica que puede hacer que no se de una tarde de toros, pero el viento debería ser también tomado en cuenta, ya que es muchísimo más peligroso que un aguacero

Con estos argumentos, la tarde de hoy en Las Ventas fue un sinsentido. Exponer así a tres novilleros que vienen a Madrid en busca de contratos es de lo más ingrato. Primero por el peligro que corren, pero también porque hagan lo que hagan apenas va a tener eco en los tendidos, más pendientes de ponerse a salvo de la lluvia que de lo que pasa en el ruedo.

Así le pasó a Mazzantini en su primero, en el que tuvo que batallar contra el huracán para protegerse las femorales y no quedarse al descubierto. Así y todo se jugó el tipo el hombre, quedándose muy quieto y poniéndose de verdad, logrando pases muy meritorios. Mas no le tuvieron en cuenta, por eso, tras dar muerte al utrero, no recibió ni un solo aplauso.

El cuarto fue un "taco" de novillo por su trapío y sus astifinas defensas, mansurrón en los primeros tercios pero dejándose mucho en el último tercio. Aquí el que no estuvo tan bien fue Mazzantini, que dejó algún muletazo aislado dentro de un conjunto frío y deslavazado, sin llegar a confiarse en ningún momento, aterrorizado, incluso, en la suerte suprema.

Javier de Prado lanceó con gusto a su primero, con el que le costó un mundo estar delante, no por la condición del astado, que fue noble, sino por la meteorología tan adversa. Hubo gente que hasta le censuró. Qué falta de sensibilidad.

El quinto fue novillo más deslucido, un animal manso que pronto buscó el refugio de las tablas, huyendo de cualquier afrenta de un De Prado que recorrió mucha plaza hasta acabar extrayendo un par de tandas estimables a derechas. Todo quedaría emborronado al liarse el novillero a pinchar con la espada, dando tiempo a que sonaran dos avisos.

Cuando asomó el primero de Alejandro Fermín, el dios Eolo pareció dar una tregua a la tarde. Fue éste un novillo de nobles embestidas, con el que el cacereño anduvo templado, corriendo muy bien la mano. No faltaron las manoletinas y circulares invertidos en el epílogo, para acabar despachando al novillo de cualquier manera.

Le pidieron la oreja, mas no hubo pañuelos suficientes entre tantos chubasqueros, quedando todo en una vuelta al ruedo.

El sexto fue otro novillo de espectacular estampa, aunque luego no fuera nada franco en su comportamiento, manseando y defendiéndose también por su manifiesta endeblez. Fermín anduvo voluntarioso en un proyecto de arrimón, muy mal rubricado con los aceros

EFE



 






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