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Alberto López Simón: y Alejandro Talavante
Cumbre de López Simón y gran faena de Talavante en tarde de figuras de Sanse
29 Agosto 2015Sanse. Toros de Victoriano del Río, desiguales de presentación y de juego también variado. Destacó el gran quinto, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. También fueron buenos, primero y segundo. La plaza registró más de tres cuartos de entrada en tarde agradable.
Morante de la Puebla: pinchazo y estocada caída (ovación); y pinchazo y estocada (oreja tras aviso).
Alejandro Talavante: casi entera tendida y caída, y descabello (silencio); y estocada tendida y caída (dos orejas).
Alberto López Simón: estocada desprendida y atravesada que escupe y dos descabellos (oreja tras aviso); y estocada en dos tiempos (dos orejas tras aviso).
Los diestros Alberto López Simón y Alejandro Talavante salieron hoy a hombros en la corrida de las figuras de San Sebastián de los Reyes, en una tarde en la que Morante de la Puebla obtuvo también un apéndice.
'SANSE' SUEÑA EL TOREO
Llegaban las figuras a San Sebastián de los Reyes, y lo hicieron con la sustitución de última hora de Manzanares por Talavante, cambio que no se notó en la taquilla, pues la gente respondió llenando la plaza en más de sus tres cuartos de aforo.
El reclamo de Morante suele funcionar casi siempre, Talavante está en un momento cumbre de su carrera y el joven López Simón se hizo un hueco en el cartel gracias a la inmensa temporada que está protagonizando, sin duda, la gran revelación de este 2015.
Y vaya si lo demostró el joven torero madrileño, que estuvo sensacional toda la tarde, realizando una exhibición de frescura, seguridad, confianza en sí mismo y, algo aun mejor, de toreo caro.
En su primero ya brilló López Simón en un ramillete de mecidos lances a la verónica a pies juntos. Pero lo mejor llegaría con la franela, donde se le vio muy suficiente, toreando con suma majestuosidad, quieto como un poste y muy relajado para compactar tandas por el derecho de mucha verticalidad y ajuste, y qué decir de las improvisaciones entre series... simplemente cumbres.
Lástima el toro se acabara rajando, algo que no le importó al torero, que se encerró con él en tablas, donde le pegó un magnífico circular invertido. Los dos descabellos que precedieron a la estocada final le privaron de pasear el doble trofeo, dejando el premio en singular.
El sexto fue un toro de lo más complicado, toro que se venía cruzado en los capotes, hizo hilo en banderillas y desarrolló notables asperezas en la muleta de un López Simón que, a base de firmeza, valor y quietud de plantas, logró imponerse a la situación.
No era nada fácil conseguirlo, pero el de Barajas, que atraviesa un momento de tremenda clarividencia, estuvo magistral, tanto que hasta un espontáneo se arrancó a cantarle desde el tendido fruto de la emoción que logró transmitir. Las dos orejas fueron incontestables.
El otro gran triunfador de la tarde fue Talavante, y eso que su primera faena fue un visto y no visto, al quedarse pronto sin toro, por lo que decidió abreviar.
Pero en el quinto cambió el panorama. Brilló Talavante tanto en las verónicas del recibo como en un quite por chicuelinas. Hubo brindis al público, antesala de lo que podría ser algo grande. Y vaya si lo fue. Una faena en la que alternó naturalidad con fantasía. Lo hizo todo muy despacio, con mucho gusto e hilván Talavante, en tandas inmaculadas y rotundas sobre la diestra ante el mejor toro de la corrida.
Qué bien toreó Talavante también al natural, con la hondura, el temple y la parsimonia como ingredientes principales de un plato para paladares exquisitos. Manoletinas finales, estocada al primer envite y dos orejas sin discusión.
La gente tenía ganas de ver a Morante, lo que se demostró en los olés que despertaron las verónicas en el recibo a su primero, aunque no saliera siempre limpias.
Un quite por delantales dio paso a una faena de muleta aseada, en la que se le vio fácil ante un animal noble y suavón, con el que el La Puebla alternó bellos pasajes sueltos con otros atropellados, lo que propició que aquello no tuviera la continuidad y la unidad necesaria para llegar de forma rotunda a los tendidos.
El cuarto fue un toro manso, con el que Morante hizo un gran esfuerzo en la muleta, obrando el milagro de hacerle embestir y acabar toreándolo de forma exquisita, llevándolo siempre muy tapado y evocando, por momentos, una tauromaquia de otra época, sobre todo en unos enrazados ayudados por alto tras un momento de apuro.
No fue una faena redonda, pero sí de mucho compromiso, por eso tras agarrar un espadazo al segundo intento, logró una meritoria oreja
EFE
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