no sólo deja al descubierto la
imposibilidad de abarcar en una simple nota como esta a todos los
astados notables indultados, sino lo que es más preocupante: que a
plaza como la nuestra los supuestamente aficionados carecen en su
mayoría de los conocimientos para saber las características
fundamentales que debe reunir un toro para que se le perdone la vida
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Muchos indultados, han
carecido de lámina-de exterior armónico y que algunos parecen que tienen
todo el traje descocido-, le han corrido a los caballos…, han escarbado
la arena, han tomado la querencia de las tablas, como buenos manos…,
pero el respetable borra pronto lo pasado y se deja embaucar por una
serie de pases sin emoción alguna
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el poderío, dominio de las suertes y la belleza plástica que imprime en
sus faenas, el referido Enrique Ponce. Los diestros como éste en España
y en su día Eloy Cavazos en México, han indultado muchos toros que, pese a su
mansedumbre, se manifestaban noblemente ante la muleta y todos tan
contentos. |
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Los
tiempos actuales están propiciando que veamos con mucha frecuencia,
sin duda más de la debida, y casi siempre en plazas de segunda y tercera
categorías -en cabeza figura la Plaza Real de El Puerto de Santa
María-, en la extensa geografía taurina, indultos de toros de lidia, en
la mayoría de los casos antirreglamentarios. ¿Y por qué no se indultan
en plaza de primera? Si a lo últimamente señalado agregamos, a título de
ejemplo, la relación de las dos decenas largas de toros y un novillo,
todos supuestamente de bandera indultados por un solo matador
-como es el caso del artístico y dominador torero valenciano Enrique
Ponce, entre el (14-09-1992) y 2005, en España, Colombia, Ecuador y
Venezuela, incluyendo al astado Almansito en la Plaza Real de El
Puerto-, no sólo deja al descubierto la imposibilidad de abarcar
en una simple nota como esta a todos los astados notables indultados,
sino lo que es más preocupante: que a plaza como la nuestra los
supuestamente aficionados carecen en su mayoría de los conocimientos
para saber las características fundamentales que debe reunir un toro
para que se le perdone la vida –de ahí que conformaremos dos partes-, de
lo que literalmente se aprovechan diestros con gran técnica y arte para
embaucar fácilmente a la concurrencia.
Y es que plazas de esas categorías poco
importa el celo bravo de un toro por acometer sin vacilaciones a los
caballos, de ahí que los toreros o sus subalternos, casi siempre, se
los arrimen hasta los mismos petos y cuando llegan a ellos, el picador
le hace un corral con el caballo –la cabriola- y los masacran, perdiendo
el primer tercio su ancestral belleza, y es muy difícil tener
conciencia de cuántas varas del pasado corresponden a una de las largas
en tiempo que hoy se dan. Muchos indultados, han carecido de lámina-de
exterior armónico y que algunos parecen que tienen todo el traje
descocido-, le han corrido a los caballos…, han escarbado la arena, han
tomado la querencia de las tablas, como buenos manos…, pero el
respetable borra pronto lo pasado y se deja embaucar por una serie de
pases sin emoción alguna y es cuando el diestro deja de ser torero para
interpretar una pieza de teatro que provoca instintivamente la
participación de toda una bola de desconocedores y los toros son
indultados, pero no en Madrid, ni Sevilla, ni Barcelona, ni en Valencia…
Ello deja al descubierto que más que una verdadera calidad de los astados lo que impulsó el ánimo de los espectadores, en muchas
ocasiones, a solicitar dichos indultos, fue la calidad artística, el
poderío, dominio de las suertes y la belleza plástica que imprime en sus
faenas, el referido Enrique Ponce. Los diestros como éste en España y en
su día Eloy Cavazos en México, han indultado muchos toros que, pese a su
mansedumbre, se manifestaban noblemente ante la muleta y todos tan
contentos.
El
primer toro indultado en la Plaza de Toros de El Puerto lo fue
la tarde del (23-07-1860), cuando salió al ruedo
portuense un toro de la ganadería de D. Joaquín Jaime Barbero, llamado
Contador. El Tato lo recibió con el capote, cuando como
ocurría entonces ya estaban en el ruedo los tres varilargueros montando
sus caballos aún sin petos. Los picadores fueron, Antonio Calderón, Juan
Alavés y José Trigo. Entre los tres asestaron 39 (*) puyazos al astado,
sin que les mataran ni voltearan ningún jamelgo, lo cual fue una
verdadera hazaña propia de aquellos extraordinarios picadores. Tal fue
la euforia del público –como se repite en nuestros días- que llenaba
los tendidos de la plaza, que pidieron el indulto de las res antes de
empezar el lidiador a prepararla para la suerte suprema, a lo que
accedió la presidencia del festejo, y el Tato no llegó ni
a coger la muleta. Los tres picadores abandonaron la plaza recibiendo
elogios del público.
(*)
Sólo cuatro astados superaron entonces a Contador:
Almendrito III, cárdeno o
sardo, de don Joaquín Pérez de la Concha, lidiado en Almería el
(22-08-1876), que tomó nada menos que 43 varas; Centella, de don José
María Torres, de Arahal (Sevilla), lidiado en Cádiz, el año 1851, tomó
53 puyazos sin volver la cara, mató nueve caballos, hirió a cuatro, que
pudieron morir en las caballerizas; Llavero, de don Nazario
Carriquiri lidiado en Zaragoza el (14-10-1860), que tomó, sin volver la
cara un solo instante, nada menos que 53 varas; y, por último,
Campeón, lidiado el (20-05-1853), en la plaza de Ronda (Cádiz,
España), de don Clemente Lesaca, al que por carecer de nombre en la
tauromaquia le bautizamos con el de Campeón, que tomó el número
inconcebible de sesenta y cinco varas, matando once caballos y dejando
mal heridos a cinco. Aquella fiera decía Frasquito que había
hecho la cubrición de vacas en la ganadería, y si bien tenía la edad de
seis años cumplidos, hallábase flaca. «Es cosa admirable -añadía-: hecho
pedazos su morrillo, desangrándose, harto de cornear y rendido
materialmente, se le caía la cabeza, tocando el suelo con el hocico,
apenas sentía que uno de nosotros entraba en suerte, levantaba y partía
con la misma fiereza, con el mismo ímpetu que en las primeras varas.»
Juan
José Zaldivar Ortega
24 Octubre 2005
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