Toros en El Puerto

UNA TARDE DE TOROS 

 

El ver una corrida de toros en El Puerto, nos exponemos a encontrarnos con dos circunstancias o situaciones especiales. La primera de ella ver como se abre la puerta grande sin que se haya contraído los meritos suficientes para ello, o la segunda, ver que se ha ganado con toda justicia y merecimiento. Estas dos circunstancias deben analizarse detenidamente, para poder hacer un juicio de valor adecuado e imparcial.

 Cuando terminan los festejos taurinos, y el público comienza a abandonar la plaza, suelo quedarme unos minutos en el palco, poniendo en orden mis notas de lo que ha ocurrido durante el desarrollo de la lidia, fumándome tranquilamente un cigarrillo,  que no he tenido ocasión de hacerlo antes, debido a mis retransmisiones de los  festejos.

 Desde este privilegiado puesto de vigía y critica, y ya casi en penumbra con el solo ruido de los empleados adecentando las instalaciones, que perturben mi mente, me quedo contemplando lo maravillosa y embrujante que es nuestra plaza Real, y como debe de sentirse un torero cuando pisa su bien cuidado albero, y la tarde resulta exitosa.

 El pasado domingo día 19 de agosto, me negaba abandonar mi privilegiado lugar, quería seguir allí aún mas tiempo, para en el lugar de los hechos, rebobinar las imágenes grabadas en mi cerebro, y volver a revivir aquélla extraordinaria tarde de toros que habíamos presenciado.

 No quería irme sin ver nuevamente como Manuel Caballero le bajaba la mano izquierda a su encastado y manso segundo de su lote, ante el regocijo de los aficionados; como Morante con su privilegiado toreo de capa, hacia levantarse los tendidos, y mas aún cuando con su ágil muñeca derecha y flexible cintura, hacía pasar al toro por su taleguilla, al igual que un velero cuando aborda la boya de poniente, en una ceñida a barlovento en el campo de regata de nuestra bahía.

 No, no podía irme todavía,  me quedaba aún volver a contemplar la extraordinaria faena que Enrique Ponce nos ofreció, basada en la profundidad, quietud y cadencia de sus muletazos, digno de ser inmortalizados por los mejores pinceles, hacia tiempo que no veíamos tanta belleza salir de los brazos de un torero.

 El domingo pasado se dio la segunda de las dos opciones, una puerta grande ganada a Ley y no devaluada, al menos eso es lo que pienso yo, después de haber consumido totalmente el cigarrillo recordando las imágenes que mi retina aún tenían presente.

 Verdaderamente fue una tarde de las que hacen afición, el público salía de la plaza comentado el festejo, con ademanes de circulares, naturales y chicuelinas, tarde para recordar, tarde en la que todo salió bien, sin extralimitadas concesiones presidenciales,  como debe y merece la historia, solera y categoría de la plaza Real de El Puerto.

       Carlos V. Serrano - Tarde de Toros - Radio Puerto - Agosto 2001

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