Toros en El Puerto

EL SÉPTIMO ARTE



A mi padre le he escuchado tantas veces hablar de dos trincherazos que hizo Julio Robles en Colombia, que de nuevo me pregunto qué es lo que lleva por dentro esto del toreo. 

Yo también recuerdo uno del Capea, una media de Manzanares y una chicuelína en dos tiempos de Rincón,. que por esas cosas, se amañaron en mi mente, y a la vez, he olvidado horas, muletazos y faenas, muchas, que también se iniciaron con verónicas, fueron rematadas con media, tuvieron tres tercios y se hicieron con derechazos, remates de pecho, tandas de naturales y una que otra manoletina.en muchos de los cuales, grite olé.

Pero, lo más grande que he visto y sentido fue una cámara lenta del famoso toro ensabanado de Osborne que viene galopando (hacia la cámara) y hacia la muleta de Antoñete (el efecto del ralentí tiene mucho que ver en el paroxismo, y, obviamente, la ejecución del muletazo). y un muletazo de Curro Romero que también vi en televisión.

 Era un informe corto, sin trascendencia, de una faena, de las ultimas, en Sevilla, y que resolvió de un tajo las dudas que me generaba la grandeza de su mito al verle siempre en televisión) las espantadas de niño temeroso. Ese muletazo es indescriptible y cada vez que me concentro en él, me es más difícil retener y mantener con la misma definición en mi memoria. 

Fue un muletazo repentino, de recurso, como para sacarse al toro de encima, sorpresivo, pues vino después de varios trasteos romeristas, y de repente vació la muñeca y la muleta, y nunca todo volvió a ser igual. De nuevo, al usarlo, le borro un poco más de definición al recuerdo. Pero fue grande y no quiero volver a pensar nunca más en él para no seguir desgastándolo (hasta que ya ni se vea que es la cara de Romero). 

Entonces pienso si Romero de verdad quería, deseaba con pasión irracional, incontrolable, dar ese muletazo, como debe ser en cualquier artista, o si eso que me pareció arte fue un simple movimiento del brazo y él sólo pensaba en sacarse al toro de encima, como casi siempre. Pienso entonces que José Tomas, por poner un ejemplo de los de ahora, por ende, tiene derecho a no querer saber de nada cuando le venga en gana, como todo artista; el artista es un ser irreverente que pinta cuando le viene en gana, y los artistas, los "genios", son intocables en sus caprichos y en sus desórdenes. Y si de pronto no está "en artista" en Madrid el otro año, Madrid y tanto sabelotodo, le tiran el mundo encima. O es que hay que cargar con ese muletazo a todas partes, llevarlo en la espuerta? O, peor aún, si es que se escudan en eso del arte para abreviar rápidamente cuando un toro ofrece alguna complicación, que es todo un "arte"  resolver. o "artistas" como José Tomas son otra mentira que me creo mientras ellos cuentan, y no de mentiras, sus millones en las cuentas. O el verdadero artista entonces no es Joselito, ni el  Finito, sino los otros miles de desconocidos que se tienen que parar ahí por hambre, a poderle verdaderamente a la fiera, que era el objeto inicial de la corrida (el arte de lidiar los toros bravos, porque las florituras llegaron con Belmonte).  

 El sólo hecho de tener en la cabeza el ser torero es de un artista, viéndolo popularmente. O sino póngase ese traje y salga a la calle a ver si no se necesita ser un artista. O los artistas son los Lozano, Chopera y los que estén tras bambalinas que nos hacen creer todo esto y hasta lo que no vemos.

Y también, en todos estos sentimientos encontrados y contradictorios, pienso con temor, en la duda que me genera el que lo más grande, lo más "artístico" que haya visto de toros sea en video:  fotogramas, una cinta, 30 simples cuadros en un segundo. Cuando ver los toros en video o en el cine es de lo mas frío y ajeno. O es que el verdadero arte es el cine?. Confusiones que me creo y que me creo.

                                  

                                               Juan Guillermo Palacio (Medellín, Colombia).

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Toros en El Puerto©casemo 2001