Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

 Real Maestranza de Caballería de Sevilla

 16ª de abono /Domingo 30 de abril de 2006

 
Oreja para cada torero en una tarde de valientes
 

Ficha: José Pedro Prados 'El Fundi', de berenjena y oro, saludos, una oreja y silencio. Juan José Padilla, de lila y oro, saludos y una oreja. Javier Valverde, de grana y oro, una oreja en el único que mató

Incidencias:  Plaza casi llena. Javier Valverde fue asistido tras la lidia del tercero de una cornada envainada, por lo que no pudo salir a lidiar al sexto. Se han lidiado seis toros de la ganadería de Miura, el segundo como sobrero, con muchos kilos, todos más de 600. El primero a la defensiva, sin pasar, revolviéndose. El sobrero segundo tampoco pasó, rematando con cabezazos. Algo de más recorrido tuvo el tercero. A menos el cuarto, que acabó buscando al torero y acortando la embestida. El quinto fue el más manejable. Áspero y complicado el último.
 

     La emoción llenó el ruedo de la Maestranza en la corrida del domingo de cierre del real de casetas. La emoción basada en el peligro cierto de la corrida de Miura. Peligro evidente, palpable, tragedia que se mascaba en cada lance de la lidia. Y frente a una corrida dura, áspera, grande y descarada de Miura, tres toreros valientes que se jugaron la vida a carta cabal: El Fundi, Padilla y Javier Valverde. Los tres cobraron severas y serias volteretas de los duros toros. Tarde en la que Miura recuperó su propia identidad de emoción y de peligro, ya que las última 'miuradas' decepcionaron por su juego deslucido, descastado y hasta falto de fortaleza. De nuevo hubo una corrida de Miura como se espera de este hierro.

El Fundi     El Fundi invitó a banderillear en su primero a Padilla, y lo hicieron con solvencia y de forma brillante. El toro era un mastodonte cinqueño de casi 700 kilos, siempre a la defensiva, sin pasar en la muleta y revolviéndose buscando la cintura del torero. Se la jugó el torero madrileño, valiente y muy entregado. En el cuarto, motivado con el triunfo en el toro anterior de Javier Valverde, el veterano torero, con agallas, se fue a portagayola a recibir a todo un Miura. Hay que tenerlos colgando para hacerlo estando ya de vueltas de todo. La mala suerte quiso que la bestia perdiera las manos justo en el momento del encuentro con el torero y así resultara arrollado.

Padilla, muy torero toda la tarde, estaba presto al quite y se lo quitó de encima. Por fortuna, no había cornada. Los lances que le siguieron, aguerrido el torero, estuvieron llenos de emoción y tensión. En banderillas se entregó de la misma forma. El toro fue acortando su recorrido, áspero. Además, remataba los muletazos con unos molestísimos cabezazos. Valiente el bravo torero, en un momento excelente, le cuajó la mejor faena posible, con mucho oficio, robando derechazos mientras el toro le buscaba los tobillos para cazarlo. Al entrar a matar se llevó un volteretón de mucho cuidado, pero también se libró de la grave cornada. Esa emoción final fue determinante para la oreja. En el que mató por Valverde en último lugar, deslucido y complicado, se justificó.

Juan José Padilla      Juan José Padilla levantará más de un comentario por su vestimenta en la corrida de Miura. A mi me gustó, a la antigua usanza: pañoleta abultada, coleta grande, hombreras caídas, chaquetilla de corte abierto, montera antigua,... Sólo le faltó vestir medias blancas en vez de medias rosas. A un hierro legandario como el de Miura, a los que muchas veces hay que darle una lidia a la antigua usanza, le va una vestimenta que recuerde otras épocas. Su primer fue devuelto y de sobrero estaba preparado un toro de Miura. No recuerdo que Miura lidiara toros de sobreros. Que yo sepa. Miura y Victorino nunca dejan sobreros en sus corridas, por una antigua tradición que dice de lo muy convencidos que están de que no hará falta sobreros. Siempre llevan seis, nada más. Se ve que el año pasado, con la lengua azul, le quedaron a Miura varios toros sueltos en el campo sin lidiar, y el mercantilismo económico de recuperar algo de pasta ha podido por encima de una tradición que no sé hasta dónde se remontará, pero desde que yo tengo uso de razón jamás he visto lidiar un sobrero de Miura. ¿Lo hubiera hecho don Eduardo por un puñadito de pasta? A mí ya que no me vendan lo de la tradición de Miura si ni tan siquiera ellos mismos la respetan. Vamos, que si Canorea la quita de la Feria, que también es una tradición, que ni ellos protesten: son los primeros en no respetar tradiciones propias.

     Y vayamos a lo que hizo en ese sobrero de Miura el Ciclón de Jerez. Puso banderillas junto a El Fundi y el toro, mansito, se dolió de los palos. Molesto de muletear, con cabezazos, sin pasar y revolviéndose. Padilla le pudo robar medios pases en una labor muy arrojada. En un arreón le prendió de la chaquetilla angustiosamente. En el quinto, fue a por todas porque sus dos compañeros ya le habían mojado la oreja. Se cruzó el ruedo para recibir al quinto a portagayola. El corazón en un puño. Salió limpio y los lances tuvieron cadencia. Bien y fácil en banderillas, el tercero al violín con un Miura arrancado a la velocidad de un AVE. La faena la comenzó de rodillas, cerrado en tablas. Este Miura quinto fue el más manejable, el más potable, dentro de la aspereza y dificultades de todos los lidiados, incluido éste. Entendió perfectamente al toro, faena de buena nota, técnicamente perfecta, usando muletazos de recursos cuando no había otra posibilidad. Tras la estocada desprendida se le concedió una oreja. 

Javier Valverde      Javier Valverde se escapó de la cornada de puritito milagro. No obstante, tras la paliza propinada por el tercero pasó a la enfermería y le tuvieron que asistir de una cornada envainada, por lo que sólo mató un astado. En el capote fue estrepitosamente volteado, impresionante cómo quedó colgado del pitón. Mermado siguió el bravo torero, que ni se miró. El toro tenía un poco de recorrido pero era complicadito. Lo aprovechó un Valverde muy valiente. Bien de verdad. Pinchó al primer intento y en el segundo no quiso que se le escapara la estocada y sufrió una voltereta impresionante, con el pitón en pleno pecho, como si lo arrollara un tren, menudo porrazo. El angustioso momento hizo más sensible al público para conceder la oreja.

        

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