
Toros en El Puerto
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RESEÑA DEL FESTEJO |
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Real Maestranza de Caballería de Sevilla Sábado 23 de septiembre 2006 |
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Ficha: Manuel Jesús 'El Cid, que actuaba en solitario, de tabaco y oro, silencio, oreja, dos orejas, ovación, oreja y ovación
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Incidencias: Se han lidiado dos toros de La Dehesilla -primero, de buen juego, y cuarto, complicadito-, dos toros de Zalduendo -segundo, noble pero justo de fuerzas, y quinto, rajado- y dos de Victorino Martín -tercero, muy buen toro, encastado y de buen juego, y sexto, complicado. Plaza llena. El diestro sevillano corta cuatro orejas en su encerrona en solitario y atraviesa por tercera vez la Puerta del Príncipe. |
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Torear. ¿Es torear transformar en juego la esencia del sentimiento, provocar la emoción, llegar a la magia , la que habita en el mundo de los sueños de quien lo realiza y lo ve?. Si esto es torear, El Cid no hizo otra cosa con el primer toro de Victorino que torear y emocionar.
Una y otra vez sobrecoge la profundidad del natural de El Cid. El bellísimo recital de toreo con la zurda, de admirable trazo y pasmosa lentitud, fue una muestra fascinante, por sentimiento, entrega y verdad, de virtuosismo de izquierda del sevillano. El Cid conserva intacto su encanto de siempre, su frescura, su fino trazo, su refinado ritmo, su profundidad y recorrido infinito con la izquierda. Lo demostró con el buen victorino corrido en tercer lugar. El mejor toro de la tarde, y con él el mejor Cid de la tarde.
Porque ni la faena al segundo ni la realizada al quinto, ambos de Zalduendo y premiadas con una oreja cada una, cuentan entre las más inspiradas del torero de Salteras. Aunque la notable versión, en detalles, de los dos trasteos, mostró también la seña de identidad de un torero poderoso, técnico, muy firme, nada banal, y hoy, más matador de toros que nunca. De seis estocadas, un pinchazo y un descabello, finiquitó a los seis toros de la encerrona.
Le cortó, el diestro sevillano, las dos orejas al bravo victorino tras una faena más de izquierda que de derecha con muletazos de una limpieza encomiable, de mano baja, hilvanados en armonía sin ningún tipo de concesiones y rematados con pases de pechos extraordinarios, para construir una faena de serena elegancia, profunda, auténtica y magnifica que fue clave en la tarde. La faena degustada con verdadera pasión se transformó en admiración hacia un torero convencido y convincente capaz de emocionar sólo con la zurda.
El Cid salió por la Puerta del Príncipe entre la multitud que le esperaba y le aclamaba. Apostó y ganó. Aunque el comienzo titubeante con un el buen toro de Pereda desanimó a más de uno. Se superó de forma inmediata con el segundo de Zalduendo, con una faena de magníficos detalles y con algún que otro altibajo. Con el tercero de Victorino, el mejor, ya quedó escrito. Demasiada intermitencia tuvo el trasteo al soso aunque complicado cuarto de La Dehesilla., sobresaliendo la impecable técnica para robar muletazos, que aunque vibrantes gustaron al público. Volvió a coger altura la tarde con la faena al rajado quinto de Zalduendo, de complicadas, aunque alegres, embestidas, donde tres naturales, un trincherilla y el remate de pecho merecieron el calificativo de sublime. Y no tuvo el deseado epílogo la tarde porque el sexto, un manso de Victorino, le buscó con saña las zapatillas hasta llegar cogerlo con ideas asesinas.
El Cid toreó en La Maestranza y triunfó, como la hace últimamente en la mayoría de las tardes y en las más importantes plazas de toros. Y aunque no es torero con la diversidad en las formas que se hace necesaria en la lidia de seis toros en solitario, con su toreó, que no es baladí, abrió la puerta de la gloria y es hombre feliz
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Toros en El Puerto © casemo
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