Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

 Real Maestranza de Caballería de Sevilla

 25ª de abono /Domingo 18 de Junio 2006

 
Una estocada de premio
 

Ficha: Emilio de Justo, saludos y vuelta al ruedo al ruedo tras petición. Ambel Posada, silencio y silencio. Jesús Herrera, silencio y silencio.

Incidencias:  Menos de media plaza. Se han lidiado reses de la ganadería de El Serrano, cuajados y con aspecto de toritos, faltos de raza en general. Los mejores fueron los lidiados en tercer y quinto lugar.Los mejores momentos los protagonizó Emilio de Justo. Ambel Posada debió estar mejor. Jesús Herrera naufragó. .
 

   
 

     Resulta loable la complacencia de esta plaza con los que aquí se visten de torero. Y sobre todo en estas fechas donde el visitante ocupa tendidos de abonados y gradas de los  reventa. Sean unos o sean otros, da igual, la gente tiene una  paciencia infinita, una  benevolencia y un aguante sin límite, aunque la pesadez, el bostezo y el cansancio sea la nota predominante de la tarde de toros.

 

    No hubo ni un sólo pase que transmitiera importancia al espectador. Y se dieron pases para dar y tomar durante las dos horas de espectáculo. Pases hasta cansar al más paciente de los aficionados. Lo dieron Emilio de Justo y  Ambel Posada, porque Jesús Herrera lo poco que hizo fue, además, demasiado trivial.

 

    Emilio de Justo y Santiago Ambel Posada llevan algunas temporadas lidiando utreros. Y ahí siguen, en una lucha sin lucha. Como si el objetivo estuviera alcanzado. Se gustan. Le jalean lo insustancial desde las troneras de burladeros. Y siguen, porque alguien aún le dice que hay que luchar por los sueños. Pero alguien también le debería hacer saber que cuando el camino se muestra imposible, es mejor intentar buscar otro.

 

    Se mire por donde se mire, no hay excusas para que Emilio de Justo no le cortará las orejas al cuarto. Maquilló su actuación con la perfecta estocada con la que tumbó al noble y sosote novillo de El Serrano, pero no lo toreó. Sus maneras de artistas se pierden en la búsqueda de la compuesta figura, pero le falta autenticidad. Todo resultó demasiado banal. Unos entonados muletazos con la diestra  y un natural de trazo largo, pero despegado, fue lo único destacable de las excesivas e interminables tandas de pases sin importancia. Eso sí, ya quedó escrito, la estocada de  premio. Con el inválido primero, que se echó en la segunda tanda de muletazos, sólo esbozó el pase de salón. Con la espada atinó también en lo alto.

 

    Y si Emilio de Justó muleteó incansable, Ambel Posada le ganó la partida con el quinto. Pocas faenas pueden ofrecer tal cantidad de muletazos con tan poca importancia. Se los dio al citado quinto, un  noble y manso novillo que embestía, sin embargo, sin molestar. Y se los dio en línea, para afuera, y sin exponer un alamar. Largo trasteo de izquierda, con algún que otro natural y adorno bien dibujado. No hubo más. Con el flojo y rajado segundo no tuvo continuidad una faena de escasa emotividad. Con la espada anduvo entonado.

 

    Dicen que sólo los fuertes  vencen y sobreviven. Ojala Jesús Herrera sobreviva y esté mucho tiempo en esto. Alguien, también, le ha de decir la verdad. Hoy apostó por el debut en Sevilla y no ganó. No estuvo ni bien ni mal. Simplemente no estuvo. Ni con el  tercero, el mejor junto con el cuarto, de la blanda y sosa novillada de El Serrano, al que banderilleó muy bien Álvaro Núñez,  ni con el sexto, al que Emilio de Justo hizo lo más interesante en un quite por chicuelinas.

        

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