Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

 Real Maestranza de Caballería de Sevilla

 17ª de abono / Sábado 16 de abril de 2005

 El Fandi, dos orejas en la Maestranza

Ficha: Jesulín de Ubrique, de blanco y oro, silencio y silencio. -Miguel Abellán, de canela y azabache, silencio y silencio. David Fandila 'El Fandi', de purísima y oro, una oreja y una oreja.

 

Incidencias: Se han lidiado toros de la ganadería de Gavira, bien presentados salvo el sexto, sin trapío, que se tapaba sólo por dos descarados cuernos. El segundo fue un sobrero de Parladé, sustituto de un 'gavira' que se part la pezuña. Noblón pero apagándose pronto el primero. El sobrero segundo, noble. Fue noble el tercero. Noblotes pero justos de fuerzas y castas cuarto y quinto. Manso y rajado el último. El segundo trofeo, logrado en el sexto, fue un premio excesivo ante un manso que se refugió en tablas. Jesulín, templado pero sin emocionar. Abellán, por debajo de su lote. Cartel de "No hay billetes". Los toros lucieron divisa negra en señal de luto por la trágica muerte de su ganadero, Antonio Gavira.

 

      El presidente Juan Murillo estaba considerado como uno de los poquitos resquicios de seriedad en el palco presidencial. En esta corrida ha agotado su crédito. No entiendo los regalos del sexto. Murillo ha dado muestras de firmeza en muchas ocasiones, a veces incluso más allá de lo mínimo exigible. Pero también él se ha contagiado del virus jaranero de la alegría festiva de una plaza que en la semana de farolillos ha perdido su identidad. Y desde luego que el público de esta semana de Feria ha sido bien distinto al de preferia, porque ayer, un par de toros que se caían y dobalaban las manos en los primneros tercios ni eran protestados pidiendo su devolución, cosa que sí hubiera ocurrido una semana atrás. La plaza de Sevilla y quienes han de velar por su prestigio como referente del toreo debe ser motivo de profunda reflexión una vez concluida la Feria, aunque dudo que se haga.

     No fue una corrida de toros buena la del desaparecido Antonio Gavira. Noblota en línea generales salvo el manso y rajado sexto, a la corrida le faltó casta y emoción, así como fuerzas para aguantar las faenas.

El Fandi - Foto LozanoEl Fandi fue el beneficiario de los excesos del día. El torero que apostó más y mejor fue el que se llevó el premio; perdón, el regalo. Con el tercero hay que señalar sin dudar que estuvo cumbre en banderillas, perfecto, con un conocimiento extraordinario no sólo de los terrenos del toro, sino de los movimientos y cambios de ritmos que puede adquirir un astado. Increíble en sus tres pares de banderillas que puso el coso sevillano boca abajo. El toro, noble y con calidad, pero le faltaba un punto de fuerzas para poder desarrollar todo lo positivo que llevaba dentro. El granadino le dio tiempo, llevándolo suave a media altura, cuidándolo, en muletazos que fueron más profundos conforme avanzaba el trasteo. El final de faena tuvo un regusto especial del torero. Mató de pinchazo y estocada y cortó una oreja, pero oreja sin más, sin ninguna fuerza especial. Una orejita, vamos.

     En el sexto de nuevo crujió a la Maestranza con tres pares de banderillas perfectos que merecieron que el torero hubiera dado la vuelta al ruedo tras ese tercio, aun con el toro en el ruedo. Lo merecía. El toro no tenía trapío alguno, un novillo, sin cara tampoco, que se tapaba sólo por dos descarados cuernos. Manso y rajado, se aculó y arropó en las tablas de la zona de la solanera, allá en toriles. El granadino hizo lo que se podía hacer, robarle algunos muletazos corriendo detrás del huidizo toro y darse un arrimón en algunas ocasiones. Lo de la banda, tocando el pasodoble en una faena sin brillo, que me lo expliquen. Pero lo peor fue que despúés de no matar bien se le concedió una oreja. Nuevo regalo de la presidencia porque no había ni clamor popular.

     Jesulín dejó una templada faena a su primero, sin que le enganchara ni topara la muleta en ningún momento, pero el trasteo no tuvo emoción. Limpieza técnica con un animal que se fue apagando y terminó rajándose. Idéntica valoración de su actuación ante el cuarto.

     Sorprendió Abellán por su actitud. Después de quedarse injustamente fuera de San Isidro, se esperaba que en Sevilla reclamara su valía como matador, pero dejó la imagen de un torero entristecido y apagado. Incluso mal vestido, con un terno horroroso que no le sienta nada bien. Su primero -segundo del festejo- fue apuntillado en el ruedo al partirse una pezuña. El sobrero de Paraladé tuvo calidad, noble. Abellán no lo entendió nunca. Le pegó 80 muletazos, abusando del pico y rematando hacia las afueras, además de dejarse enganchar la muleta. Con la espada, desconfiado. Tuvo que 'picarlo' El Fandi con un quite por tafalleras tras las varas del quinto para que dejara un buen quite por chicuelinas el madrileño. El toro iba, falto de casta, pero iba. Un Abellán triste y espeso de ideas no sacó nada interesante en un nuevo trasteo de casi un centenar de pases.

         

   - Textos: F. Mateos,  Foto: Lozano (TorosComunicación

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