Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

 Real Maestranza de Caballería de Sevilla

 16ª de abono / Viernes 15 de abril de 2005

 Benévolas orejas a un estético César Jiménez

Ficha: Manuel Jesús 'El Cid', de verde botella y oro, saludos y silencio. César Jiménez, de blanco y plata, silencio y dos orejas. Salvador Vega, de azul y oro, vuelta al ruedo y silencio

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Incidencias: Se han lidiado toros de la ganadería de Torrestrella, justos de trapío. Paradito y tardeando el primero. El anovillado segundo no tenía casta. Mansito y con violencia el tercero. Midiendo y probando el cuarto. Noble, con buen tranco y recorrido el quinto, premiado con la vuelta al ruedo. Cabeceando y de embestida descompuesta el último. El toro de Torrestrella, de buen juego, premiado con la vuelta al ruedo. Salvador Vega, entregado. El Cid no terminó de centrarse en la corrida. Cartel de No hay billetes.
 

 

      De nuevo hubo excesos en la Maestranza. Los excesos, dicen los anuncios de Tráfico, se pagan. En la plaza de Sevilla lo pagaremos con la rebaja de imagen y categoría de la que debería ser plaza de referencia en el contexto nacional. Cuando por ahí digan que tal torero ha cortado dos orejas en la Maestranza, o que a un astado se le ha premiado con la vuelta al ruedo, no le darán mayor importancia que si hubiera ocurrido en Zaragoza, San Sebastián o Valencia, que siendo también de primera, entenderán que no es lo mismo. Antes, si un torero cortaba dos orejas a un mismo toro en la Maestranza todo el toreo pensaba que había tenido que haber estado cumbre, una faena redonda, completa; y rematada con un estoconazo de padre y muy señor mío. Eso era antes. Ahora ya no. La disparidad de criterios presidenciales que la Junta de Andalucía en Sevilla se empeña en apoyar y respaldar año tras año con palmaditas en las espaldas está siendo más que evidente en esta Feria. Habrá que estar atento a los premios de los jurados, que deben señalar perfectamente dónde ha sido sí y dónde ha sido no.

      La corrida de Torrestrella estuvo muy justa de trapío, bajo mínimos, anovillada. César Jiménez lidió precisamente el de menos trapío de todos, el segundo. Escaso de casta y paradito, el diestro madrileño toreó hacia las afueras y despegadito. Fría la actuación del torero, que se perdió en demasiadas probaturas y sin encontrar el terreno para estar más a gusto. Eso sí, mató de buena estocada. El quinto astado, sin dudas, fue un buen toro. Hizo buena pelea en varas y fue noble, con tranco, pronto y con recorrido en la muleta. Un buen toro, pero premiado con una vuelta al ruedo de justitos méritos. César lo citó de lejos en los medios. El toro fue. Hubo emoción. Faena de menos a más. Por el lado derecho no terminó de aprovecharlo, al hilo del pitón, dejando ir al toro a su aire y limitándose a acompañar con sentido de la estética las buenas y francas embestidas del astado. Por el izquierdo sí logró hondura en su toreo, más puro. El final de faena, con chispazos de filigranas, muy artístico, fue un preciso colofón. Se perfiló en el mismo centro del ruedo -precioso detalle- y algunos, muy pocos, pidieron hasta el indulto (?). Lo malo no fue eso, sino que como las risas o las borracheras tontas, comenzó a contagiarse más y más gente, pero en ningún momento significativa; una pasada, vamos. Mató de pinchazo y estocada. Tras ello, la presidencia, una vez más blanda y benevolísima, concedió las dos orejas al torero. Premio excesivo a todas luces porque no estuvo a la altura del toro y sobre todo por matar a la segunda. Dos orejas en la Maestranza en un toro obligan a matar bien y a la primera. Y también le concedió la vuelta al ruedo al toro, que si no es tan exagerado, si pudiera ser discutible y digno de reflexión.

     El primero de Salvador Vega acusó mansedumbre, con arreones en banderillas y buscando tablas. En ese tercio hay que apuntar un arriesgado y buen par del algecireño Raúl Núñez. El toro desarrolló una embestida bronca, violentito. La faena la cimentó en el tercio y cuando más se confiaba el malagueño llegó un volteretón, girando sobre el pitón, aunque sin que le calara. Siguió, valentísimo, por ese mismo pitón derecho, templando y mandando. Por el izquierdo bajó de tono el trasteo. De nuevo por el derecho logró recobrar viveza en la emocionante faena, concluyendo con unas ajustadas manoletinas. En esfuerzo y la entrega se recompensó con una merecida vuelta al ruedo. El sexto, de embestida descompuesta, cabeceando, no era buen material y tampoco Vega entendió cómo meterle mano. En esta ocasión se alivió al matar.

     Demasiada presión para El Cid, aunque el sevillano pareció sacudírselo. El inicio de faena al primero fue vibrante, en los medios, pero fue sólo un espejismo. El toro, justo de fuerzas, se fue parando y apagando. Mató de dos pinchazos y estocada. Con el cuarto, algo espeso de ideas, estuvo breve. El de Torrestrella, no obstante, sólo tuvo condiciones negativas: mirando, midiendo y probando

         

  TorosComunicación - Foto: Lozano

Toros en El Puerto © casemo

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