Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

 Real Maestranza de Caballería de Sevilla

 13ª de abono / Martes 12 de abril de 2005

 
Desastroso regreso de los toros de Samuel Flores a la Maestranza
 

Ficha: Fernando Cepeda, de canela y oro, vuelta al ruedo tras petición y silencio. Enrique Ponce, de blanco y oro, silencio y saludos tras aviso. Eduardo Dávila Miura, de verde y oro, silencio y silencio.

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Incidencias:  Se han lidiado toros de la ganadería de Samuel Flores, bien presentados, y un sobrero -el sexto- de Parladé, sustituto de uno de Samuel que se caía. Con pocas fuerzas aunque noble el primero. Sin clase segundo y tercero. Parado, asfixiado y sin fuerzas el cuarto. Descastado el quinto. El sobrero sexto se paró. Descastados y parados astados. Cepeda dejó esencias de su incuestionable calidad. Ponce, valentísimo, arrancó muletazos del descastado quinto. Dávila, con el lote más deslucido, incluyendo el sobrero sexto de Parladé. Plaza llena

 

Desastre ganadero. Demasiado bien iba la Feria, y esta tarde hemos pinchado en hueso. Ni uno de seis, ni uno. Otros días, los menos, aunque la tarde fuera cuesta abajo, siempre había un toro que hacía levantar, aunque fuera de forma excepcional, el mal tono de la tarde. Pero hoy, ni eso, ni uno. Una lástima, porque se esperaba con expectación la vuelta de los toros de Samuel Flores después de muchos años de ausencia... pero por lo visto hoy, otra vez tardarán en volver. Lástima, con el entradón que había, lleno de 'No hay billetes', con los pasillos y escalinatas de las gradas también vendidos, antireglamentariamente claro, en una Maestranza 'sobreaforada'. Por cierto, que tenga cuidado la Casa Real, porque si sigue algún día más el palco de la Puerta del Príncipe completamente vacío mucho me temo que la empresa decidirá sacarlo también a la venta. Al tiempo.

Fernando Cepeda een un quite por veronicas. Fernando Cepeda no nos descubrió nada nuevo. Es uno de los toreros de mayor calidad de cuantos hay en el escalafón activo, pero también sigue con su falta de ambición o decisión. Una lástima, porque se merece estar en otro hueco taurino del escalafón y en estos momentos es un torero que sería muy bien visto para abrir carteles por las figuras jóvenes y rematar carteles y ferias. El primero de la tarde quizás fue el más potable, o el menos malo, como se quiera ver. Tenía pocas fuerzas, con poca transmisión por tanto, pero era noblón y medio metía la cara. Cepeda, que se gustó en los lances de capa, dibujó naturales largos y templados, con mucha calidad. La faena fue a más, subiendo en calidad, con una tanda redonda por el derecho, perfecta, ligadísima y trazada al ralentí. Entendió a la perfección las condiciones del toro, las positivas y las negativas. Lástima que la colocación de la estocada, caída, restara el puntito de petición que hizo falta para lograr el trofeo.

     En el cuarto hay que apuntar dos buenos pares de El Chano. El astado llegó a la muleta asfixiado, sin fuerzas. De hecho, Cepeda podría haber forzado su devolución a corrales, pues nada más que le hubeira obligado con el capote por abajo hubiera rodado. No hubo prácticamente faena. Incluso el toro llegó a echarse tras un pinchazo. Al final, lo remató de media estocada.

     Enrique Ponce estuvo en Ponce, muy por encima de su lote. Su primero, sosón y sin transmisión, embistiendo con la cara a media alturita, moviéndose sin clase y siempre a la voz, no fue material para otra cosa más que justificarse. En el quinto estuvo muy importante, poniendo la emoción que el toro no tenía. Se jaleó merecidamente cada derechazo limpio que arrancaba al descastado animal. La técnica poderosa de Enrique logró arrancarle, exponiendo mucho, unos naturales que nadie pensaba pudiera lograr. Muy firme y realmente haciendo un esfuerzo que ni merecía el toro ni necesitaba el torero. Encomiable Ponce.

     A Dávila Miura le tocó bailar con el lote más deslucido de la mala corrida; para que después digan que tiene suerte en los sorteos. El tercero, además, con guasa, volteando de forma espectacular a su banderillero Pedro Muriel, que se levantó y siguió en el ruedo sin mirarse. No pudo haber faena con un toro desrazado y sin clase, parado. Lo intentó el sevillano y sacó algún natural limpio, pero sin continuidad. El sexto fue devuelto por falta de fuerzas, lidiándose un sobrero de Parladé. Parecía repetirse la historia de 24 horas antes, cuando un sobrero de este hierro le permitió cortar una oreja en la mala corrida de Montalvo. Pero no hubo segundas partes y el de Parladé se desfondó en el saludo variado de capote, con larga cambiada de rodillas en el tercio, verónicas y chicuelinas. En varas tardeó y en banderillas esperó a los rehileteros. Cantado estaba: a la muleta llegó paradísimo, sin opciones.

 
    

  TorosComunicación - Foto: Lozano

Toros en El Puerto © casemo

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