Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

 Real Maestranza de Caballería de Sevilla

 12ª de abono / Lunes 11 de abril de 2005

 
Salvador Cortés irrumpe en la Feria de Abril
 

Ficha: Morante de la Puebla, de corinto y oro con cabos negros, saludos con división y saludos. Matías Tejela, de rosa y oro, saludos y silencio. Salvador Cortés, de blanco y oro, que tomaba la alternativa, silencio y dos orejas.

 

Incidencias:  Se han lidiado toros de la ganadería de Núñez del Cuvillo, justos de presencia, poco picados por su falta de fuerzas. Buen pitón izquierdo el primero, que se rajó. Noble el segundo, con un buen pitón izquierdo. Apagándose el tercero. Noble el cuarto. Deslucido y sin emoción el quinto. Excelente el sexto, a más en la muleta, con recorrido y humillando .Plaza llena. Salvador Cortés tomó la alternativa con el toro 'Embajador', nº 96 y de 505 kilos. Excelente embestida la del sexto toro de Cuvillo, al que le cortó dos orejas el nuevo matador de toros. Morante, sí pero no. Matías Tejela, con el peor lote.

 

Reventón en la Maestranza. Reventón en los tendidos... y reventó en el albero. Dos toreros los protagonistas: Morante llenó los tendidos y Salvador Cortés de torería el ruedo. Sinceramente, no esperaba que el cartel tuviera tanto tirón, por mucho que fuera un día de los 'señalaítos' en el calendario sevillano, con la noche del 'pescaíto' y el 'alumbrao', pero una vez más la sigilosa estrategia económico-financiera de la casa Canorea ganó e hizo una excelente caja. La gente quería ver a Morante, y fue a los toros. Regresaba el torero a su plaza, muy posiblemente en su único paseíllo maestrante del año, y no siempre se tiene tan a mano paladear el toreo caro.

     La corrida de Cuvillo, justita de fuerzas y casta, tuvo toros interesantes, que hasta cuatro salen en mis cuentas. A saber: primero, segundo, cuarto y, por supuesto el excelente sexto. Es más, se me antoja que algunos de los 'cuvillos' murieron con las orejas puestas. Salvador Cortés se doctoró en tauromaquia y el de la ceremonia -cantado estaba- se lo brindó a su padre, el patriarca de los Mariscal-Cortés. El toro tenía buen son, a pesar de su condición mansita. Antes de que se rajara brindó un potable pitón izquierdo. El toro se desplazaba, justito de casta, pero tenía recorrido. Cortés, con los nervios del momento, quizá abusó de tocarlo hacia las afueras y aquello no terminó de calar.

     Salió el sexto, un excelente toro que ya humilló en los vuelos del capote de Cortés. Lo vio claro el sevillano, el nuevo matador, que lo dejó crudito en varas para después brindarlo al público. Y como las demás grandes faenas de la Feria, hizo el toreo de siempre, el toreo de corazón: se colocó en los medios, puso la muleta adelantadísima y citó al animal. El de Cuvillo, veloz, pronto y repetidor, con un tranco de escándalo, haciendo el avión. El joven torero lo cuajó en los medios, cada vez gustándose más, dejándose llevar por la emoción de los derechazos y naturales, mientras la plaza enroquecía de los olés profundos. Faltaba la estocada para cerrar la alternativa soñada e irrumpir con fuerza y voz propia en una Feria de Abril completamente exitosa. Lo cuadró en las rayas de picadores -lo suyo hubiera sido en el mismo centro del ruedo- y enterró al acero, aunque cayó trasero y caído. No obstante, a un torero que lo dio todo y que es el día de su alternativa, no había que escatimarle ni discutirle el gran triunfo de las dos orejas.

Regresó Morante de la Puebla a la Maestranza. Llenó la plaza, ya de por sí un triunfo. La gente estaba empujando al menudo torero para verle como en sus mejores tiempos. Excelente el toreo a la verónica y una media de remate de manos bajísimas de ensueño. Se barruntaba buena faena. Los primeros compases de la faena al noblón animal fueron buenas, tuvieron cadencia y tempo, gustándose Morante. Pero de pronto, mediado el trasteo, de golpe, comenzó a dejarse enganchar la muleta, a toparla, a darle toques hacia afuera y el toro, lógico, cambió de condición. Todo se vino abajo en veinte segundos. Con la espada, desconfiado. Al cuarto le cuajó otro excelente momento con el capote, en un quite a la verónica. Bueno el toro para la muleta, noblón. Las primeras tandas tuvieron sello propio, con empaque y chispazos de arte, pero igual que en el anterior, el torero se fue viniendo abajo y descendió el nivel de la faena y el juego del toro. De más a menos. Otra vez manejó la espada con insuficiencia. Morante, sí pero no...

     Tejela puso todo lo que pudo en busca de su brillo taurino. Tuvo, en cambio, el peor lote. El tercero, con pocas fuerzas y quedándose corto, aunque tenía nobleza, se lo brindó a Curro Romero. Dejó una faena sin emoción con un toro que cada vez tenía menos recorrido, apagándose. El quinto, sosón, sin transmisión y deslucido en definitiva, aportó muy pocos ingredientes a una faena porfiona y entrega

 
    

  TorosComunicación - Foto: Lozano

Toros en El Puerto © casemo

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