Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

 Real Maestranza de Caballería de Sevilla

 10ª de abono / Sábado 9 de abril de 2005

 
Oreja para un valentón Salvador Vega
 
 

Ficha: José María Manzanares, de tabaco y oro, silencio y vuelta al ruedo. Salvador Vega, de blanco sucio y azabache, saludos y una oreja. José María Manzanares hijo, de azul y oro, silencio y silencio.

 
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Incidencias:  Se han lidiado toros de la ganadería de Alcurrucén. El tercero fue devuelto por motivos poco claros, muy manso. El sobrero de Bohórquez, devuelto por flojo, lidiándose el segundo sobrero, también de Bohórquez. Descastados y parados primero y segundo. El segundo sobrero lidiado en tercer lugar, de Bohórquez, manso y descastado. Mansito pero se dejó el cuarto. Desrazado el quinto. Difícil y peligroso el último. Descastada corrida de Alcurrucén. A Manzanares padre le premió el público sevillano con una cariñosa vuelta al ruedo tras una faena de destellos y detalles. Su hijo, se justificó a secas. Plaza casi llena.

 
 

     Mala la corrida de Alcurrucén, muy falta de casta. Ningún toro rompió a bueno, con altas dosis de mansedumbre. Con esta materia prima, los estilistas y artistas José María Manzanares padre e hijo (el Espíritu Santo no los iluminó esta tarde) poco lograron hacer, por muy jaleados que fueran algunas fases del patriarca en el cuarto. En cambio, Salvador Vega, otro estilista que tiene un valor seco logró una oreja, la única de la tarde, si bien es un generoso trofeo fruto de aquello de que el tuerto es rey en el país de los ciegos.

      El malagueño se estiró con buenos lances en el segundo, un astado paradito y descastado que tuvo poca emoción. Lo intentó en una faena animosa pero parca de resultado, sólo achacable al toro. En desrazado quinto tampoco tenía emoción que derramar por el albero maestrante, pero Vega hizo un esfuerzo, muy insistente en lograr sacar positivo resultado. Lo fue sobando en unas tandas mandonas y acabó por medio meterlo en la canasta. Muy firme, logró derechazos de calidad. Los muletazos finales tuvieron chispazos de arte. Aun con la estocada final, la oreja resulta algo generosa.

     Manzanares padre anda en el límite de la forma física. En algún momento de la tarde que se sintió achuchado por sus toros le costó trabajo zafarse con agilidad y rapidez; cuidado, que los hay que no perdonan. A su primero le hizo un quite por chicuelinas con más voluntad que profundidad, aunque generosamente jaleado. Toro descastado y parado, el patriarca de los 'Manzanas' vendió muy bien tres esbozos de naturales sueltos de buen trazo. Con la espada, horrible. El cuarto, aunque manso, se dejó en la muleta del alicantino. En terrenos de los tendidos de sol y con parsimonia y elegancia en los cites, fue arrancando uno a uno derechazos algo despegados pero bien compuesta la figura, majestuoso, sobre todo a la hora de 'venderlo'. Al natural sí hubo tres o cuatro larguísimos y con aroma sincero. Los de pecho, algunos buenos y otros enganchados. Mató mal y hasta sufrió un susto al caer y marearse al girar sobre sí mismo. A pesar de ello, le premiaron con una cariñosa vuelta al ruedo.

     A su hijo, Manzanares junior, le tocó la papeleta de lo sucedido en el tercero. Salió uno de Alcurrucén mansísimo, huyendo despavorido de los capotes, muy mal lidiado por otra parte. Nada más veía un capote echaba el freno de mano y hacía un regate que ni el más habilidoso futbolista. A pesar del desastre de toro y de lidia, medio lograron picarlo y cuando todos suponíamos las banderillas, incluso las negras, el presidente sacó el pañuelo ¡verde! Desconozco que influencias habría en el callejón para liberar al hijo del maestro alicantino en la muleta y la espada de semejante marrajo; quizás fuera un defecto en la vista pero ya se sabe que la Maestranza -los maestrantes, digo- y las modernas técnicas de comunicación no se llevan muy bien y hasta la fecha, que me lo expliquen dicha devolución. El público se enfadó mucho con el presidente por la desconcertante decisión y cuando salió blandeando el sobrero de Bohórquez -cantado estaba- también para corrales. El segundo sobrero, de Bohórquez también, otro astado descastado y manso. Manzanares hijo se puso delante pero poco más. El sexto le hizo pasar un mal rato y le puso el corazón a prueba; él suyo y el de nosotros. Dos coladas con olor a hule le avisaron. Necesitaba el toro un coletudo con mono de trabajo y faena de engrase, pero este joven torero es un estilista y el toro no tenía estilo alguno. Dos coladas más casi se lleva las femorales del torero por delante. Se justificó el torero que se jugó la cornada sólo con estar el tiempo que estuvo delante, aunque le faltaran recursos para otro tipo de lidia.

 

  TorosComunicación - Foto: Lozano

Toros en El Puerto © casemo

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