Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

19 Agosto 2005 Antequera (Málaga)

SEGUNDO FESTEJO DE FERIA

El Cid indulta un toro de Barral en una faena memorable

Cartel: César Rincón, de nazareno y oro, saludos y saludos tras aviso. Enrique Ponce, de grana y oro, una oreja y dos orejas. Manuel Jesús 'El Cid', de tabaco y oro, vuelta al ruedo tras dos avisos e indultar al tercero, y ovación. 

 

  TOROS: Se han lidiado toros de la ganadería de Mª José Barral, bien presentados. Noble el primero. Manejable el segundo. El tercero, excelente, con alegre galope, recorrido y humillando incansable; fue indultado. Complicado el cuarto, andarín y midiendo. Muy noble y con clase el quinto, un gran toro. El sexto también se dejó pero duró menos.
 

Incidencias: Más de tres cuartos de plaza. Antes del paseíllo se estrenó el pasodoble 'Antequera', una preciosa partitura obra del reconocido Abel Moreno, que dirigió el estreno para la ocasión. El Cid indulta al primero de su lote.

 

El Cid hizo historia en Antequera, y Antequera hizo historia en El Cid. Sólo una vez había tenido la suerte el diestro sevillano de indultar  a un toro. Fue en América. Nunca lo había logrado en España. Y tuvo que ser en Antequera, plaza mágica donde las haya, en la que El Cid, tras una memorable faena, lograra indultar a un excelente toro. La tarde tenía mucho ambiente: las gentes deseosas de toros con una gran entrada, las cámaras de las autonómicas, el estreno previo del pasodoble 'Antequera', bellísimo... Todo estaba de cara para vivir una gran tarde de toros, de esas que hacen afición e invitan a ir de nuevo a la plaza al día siguiente, y al otro, y al otro.

     El tercero de la tarde, 'Gimnástico', un castaño herrado con el número 23 y nacido en septiembre de 2000, a punto de cinqueño, llevaba en su interior bravura y nobleza. En el capote de El Cid ya apuntó su clase en las pausadas verónicas y una media a pies juntos chulesca del torero. En varas se le midió en un puyazo, cierto que con poco castigo. Pero qué castigo mayor puede sufrir un toro que llevar el hocico haciendo circunferencias en el albero mientras embiste con alegría y nobleza durante media hora. Ese esfuerzo, ese quebranto, esa nobleza y esa alegría desde el principio hasta el final de la lidia, sin dejar de estar fijo en los engaños ni rajarse, ni buscar tablas,... eso es mayor castigo que entrar tres veces al caballo para estrellarse con un tanque sin sentido.

     El Cid fue a más con el toro, como también hizo el animal. Una conjunción perfecta. Faena bellísima. En esta ocasión, estética y profundidad, plasticidad y hondura, fueron de la mano sin ningún obstáculo. Manuel Jesús dibujó muletazos perfectos. Los naturales fueron únicos, extraordinarios, de una calidad incontestable. Se iba mascando el premio para el toro. La faena no decaía nunca y el toro quería seguir embistiendo. Comenzó la petición de indulto. El Cid se negaba a dejar de torear. Estaba emborrachado de tanta calidad de toro y quería embriargarnos a todos de su aroma torero. Sonó un aviso. El Cid miraba a la presidencia, atrapada en un callejón sin salida porque un Reglamento que en Andalucía le queda tres meses de vida dice que en plazas de tercera no cabe indulto. ¿Qué culpa tiene el toro de haberse lidiado en Antequera, cuando tenía trapío para cualquier plaza de capital andaluza? Segundo aviso de un presidente que se debatía entre su potestad de autoridad y su condición de aficionado. El Cid cogió la espada y la plaza era un clamor unánime de pulgar levantado para la vida eterna a la bravura de 'Gimnástico'. Las almohadillas comenzaron a caer tímidamente al ruedo y ese fue el motivo al que aferrarse la presidencia -inminente altercado público- para conceder el deseado indulto. El Cid simuló la suerte suprema con la palma de su mano y los gritos de 'Torero, torero' resonaron con eco en el bosque de piedra de El Torcal de Antequera. Los dos, toro y torero, alcanzaban la gloria. Memorable, para el recuerdo. El sexto fue otro animal noble pero que duró poco en la muleta y se fue apagando. Bien de nuevo El Cid, aunque en esta ocasión no acertó con la espada.

     La faena de Ponce al quinto no merece ser eclipsada totalmente por el indulto del toro de Barral. El quinto fue otro gran toro, que terminó embistiendo mejor al final de la faena, mitad por propia nobleza y clase, mitad por la maestra faena del valenciano. Ponce lo cuajó de principio a fin. Le sometió en la primera mitad del trasteo, alargando poco a poco su boyante embestida, para dicatr una lección del toreo bueno en la segunda mitad de la faena. Un maestro que marca una época desnudando la verdad honda de su toreo. Dos orejas tras una estocada fue el justo premio a tan bella labor, aunque quizás el toro mereciera algo más que la ovación en el arrastre. En el segundo de la tarde también se gustó Enrique en una típica faena de la 'casa'. Unos derechazos lentísimos en los medios al final del trasteo marcaron el punto más álgido de su obra. El pinchazo previo a la estocada dejó el premio en una oreja.

     César Rincón arrastra una lesión en su brazo derecho que fue un lastre no sólo para entrar a matar, sino para muletear. A pesar de ello, en el primero de la tarde, otro buen toro, el colombiano se gustó en naturales limpios y ligados, pero falló con la espada. El cuarto fue el único toro que puso las cosas difíciles. No terminó de confiarse el torero con un toro andarín y que medía en la muleta, muy incómodo e incierto.

     Al final de la corrida se llevaron a hombros a El Cid y Ponce por la puerta grande de la plaza de Antequera; mientras, en los corrales se embarcaba a 'Gimnástico' camino del campo abierto para que su sangre brava se siga perpetuando

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