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Con la salida a hombros de los tres jóvenes espadas y el ganadero se
puso espléndido punto final a la feria taurina del Caballo 2003, un
ciclo irregular que ha tenido el peor balance artístico de los últimos
años con dos tardes en blanco.
Pero se cerró con un portazo, el que dieron Antonio Joao Ferreira,
Manuel Jesús Pérez Mota y José María González Loreto junto con el
ganadero Fernando Domecq López de Carrizosa, cotitular junto con su
hermano Javier, de los erales de la vacada "Ganadería Marqués de
Domecq" jugados.
La plaza registró una buena entrada, con los tendidos de sombra muy
cubiertos y poco más allá. El encierro fue de muy buen juego, hasta el
punto de que tras la lidia del quinto, Pérez Mota compartió la vuelta
al ruedo con el ganadero y al sexto de la suelta se le premió con la
vuelta al anillo. Como anécdota hay decir que el eral ya había sido
arrastrado y las mulillas regresaron a la arena con el torillo para ese
homenaje póstumo a su bravura.
El aspecto de los tendidos era muy diferente, un público distinto al de
las corridas de abono pero muy entusiasta y que disfrutó de los lindo
con las maneras de los tres alumnos. Es el futuro de la fiesta y merecen
el apoyo de todos. Una pena que buena parte de la prensa ni siquiera
apareció para ver a estos modestos que dejaron muy buenos momentos en
el ruedo jerezano.
Y es una paradoja que cuando en la fiesta se están perdiendo los
quites, en un festejo sin caballos se simulen y hasta se den la réplica
los chavales, como hicieron ayer los tres toreros. Vergüenza debería
darle a algún profesional que en la novillada sin caballos hayamos
visto más quites y réplicas que en toda la feria. Pero probablemente
ni se entere.
El portugués Joao Antonio Ferreira, de la Escuela de Vilafranca de Xira
sumó una oreja en su primero y dos en su segundo. Además banderilleó,
con mucha exposición, a sus dos toros. Buen muletero y con la lección
aprendida, agradó mucho a los aficionados con sus dos bravos erales.
Manuel Jesús Pérez Mota, alumno de la Escuela Municipal y nacido en El
Bosque, como su hermano, el matador de toros Juan Contreras, trajo a
muchos partidarios desde su pueblo, encabezados por su alcalde.
Dejó muestras de un buen corte torero, con gusto y -sin dejar de ser
bullidor- componiendo con gracia la figura. Notable con sus dos toros,
le cortó las dos orejas a cada uno.
José María González Loreto, también alumno de la escuela municipal,
hijo y hermano de toreros, también dejó evidente que lo lleva en la
masa de la sangre. Falló al matar a su primero y cortó una oreja, pero
en su segundo se desquitó y encontró más acoplamiento llevando al
buen eral en largo recorrido. Mató certeramente sin puntilla y recibió
las dos orejas y el rabo.
Una buena tarde de fiesta y una nota muy alta para los alumnos.
F. Orgambides - Diario de Jerez |