Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

17 Mayo 2003 - Jerez de la Frontera (Cádiz) - España

 

QUINTO FESTEJO FERIA DEL CABALLO

 

Cartel:  Toros de Núñez del Cuvillo para Jesulin de Ubrique, Rivera Ordóñez y Cesar Jiménez.
                        
  

Pudo ser la faena de la feria si César Jiménez, nuevo en esta plaza, llega a redondear con la espada. La labor del madrileño sobresalió en una tarde en la que los toros de Núñez del Cuvillo no respondieron a excepción. precisamente, del tercero, el toro del campanazo de Jiménez.

Y salvo esos sabrosos momentos, la tarde se quedó en nada. La terna ha tenido voluntad, eso es indudable, pero ha carecido de material, salvo César Jiménez, que se llevó el toro de la tarde que salvaba -además- el honor de la divisa, porque la corrida ha sido bastante bajita de casta.

Jesulín, con el que abrió plaza, un toro con dos buenas y astifinas puntas, evidenció buena voluntad. Un espectador con sus gritos distrajo a la sombra mientras el torero intentaba sacar partido al rajado animal, que había buscado las tablas remiso y parado.

El de Ubrique le pisó la jurisdicción y provocó sus desganadas embestidas, pero aquello no pudo levantar vuelo, era imposible.

Tampoco pudo rematar en el cuarto, un "Aviador" al que veroniqueó con la eficacia que le caracteriza y el temple que sabe imprimir a los engaños. Pero el toro tuvo tres topetazos con el caballo, dos por su cuenta y uno de oficio, y además quemó mucho gas en banderillas persiguiendo con pies a Caba hasta los tableros.

Y Caba merece capítulo aparte porque banderilleó muy bien, con Sergio Ríos "Rafaelillo de Ubrique como tercero complementando bien el tercio.

Jesulín, que comenzó en el estribo, hizo sonar la música y de nuevo hilvanó una faena peleona hasta el momento en que se paró el toro. Entonces tiró de ese toreo de cercanía que basa en la secuencia del derechazo, perder un paso, péndulo y repetición de la jugada, rematando con el de pecho después de engolosinar al toro con el engaño. El torero quedó satisfecho de su labor y cierto es que quedó por encima del toro, pero poco más.

Rivera Ordóñez recibió a su primero con una larga en el tercio. Bien en el quite. Hizo sonar la música con sus trasteo pero se rajó el toro hacia tablas. Allí porfió un poco más con el manso pero la cosa no tuvo más emoción.

Su segundo y quinto del encierro fue otro manso que embistió a su aire en los primeros tercios y que luego cuando medio se arrancó, lo hizo con la cara alta y sin clase, bobalicón y soso.

Lo mejor fueron los pares de Joselito Gutiérrez. Al público no le gustó el toro y protestaba cosa que a Rivera Ordóñez, que últimamente está muy respondón, no le gustó, haciendo gestos y mohines. Se pasó intentándolo con un toro que iba y venía como quien pasa por la hangarilla del cortijo.

Lo de César Jiménez sí que fue grande. Tranquilo, relajado, con el pulso tranquilo, el andar serio, el gesto concentrado... Compuso una preciosidad de faena, de principio a fin con el mejor toro de la suelta.

Este "Lugareño" tuvo nobleza, son y recorrido. Se le picó muy poco. Nada. Con el capote César Jiménez estuvo muy lucido, anunciando lo que vendría después. Lo paró con verónicas a pies juntos y cumplió en quites por chicuelinas y una bonita e indolente larga a una mano, como con pereza.

Brindó al cielo y, sin más, desde las afueras, citó al toro que estaba en tablas. Una serie emocionante y templada de rodillas puso al público en pie. Luego consumó un recital sobre ambas manos. Los derechazos templados, mecidos, largos y pasándose al toro por la barriga; los naturales después de enmendarse, suaves y llevando al toro dulcemente con las muñecas dormidas, los redondos de mucho viaje y los de pecho marcados al hombro contrario y con la elegante figura muy asentada en la arena.

Impecable. Y todo ello adobado con la sal de las trincherillas, cambios de mano, pase de la firma y el molinete en un conjunto macizo, con mucha carga plástica. Una lástima que lo echara a perder con los pinchazos.

El ensabanado sexto fue un inválido que el presidente no devolvió para disgusto del respetable y el madrileño tuvo que abreviar. Mala suerte. Eso sí: Jiménez ha entrado en Jerez.



F. Orgambides - Diario de Cádiz 

 

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