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Pudo ser la faena de la feria si César Jiménez,
nuevo en esta plaza, llega a redondear con la espada. La labor del
madrileño sobresalió en una tarde en la que los toros de Núñez del
Cuvillo no respondieron a excepción. precisamente, del tercero, el toro
del campanazo de Jiménez.
Y salvo esos sabrosos momentos, la tarde se quedó en nada. La terna ha
tenido voluntad, eso es indudable, pero ha carecido de material, salvo César
Jiménez, que se llevó el toro de la tarde que salvaba -además- el
honor de la divisa, porque la corrida ha sido bastante bajita de casta.
Jesulín, con el que abrió plaza, un toro con dos buenas y astifinas
puntas, evidenció buena voluntad. Un espectador con sus gritos distrajo
a la sombra mientras el torero intentaba sacar partido al rajado animal,
que había buscado las tablas remiso y parado.
El de Ubrique le pisó la jurisdicción y provocó sus desganadas
embestidas, pero aquello no pudo levantar vuelo, era imposible.
Tampoco pudo rematar en el cuarto, un "Aviador" al que
veroniqueó con la eficacia que le caracteriza y el temple que sabe
imprimir a los engaños. Pero el toro tuvo tres topetazos con el
caballo, dos por su cuenta y uno de oficio, y además quemó mucho gas
en banderillas persiguiendo con pies a Caba hasta los tableros.
Y Caba merece capítulo aparte porque banderilleó muy bien, con Sergio
Ríos "Rafaelillo de Ubrique como tercero complementando bien el
tercio.
Jesulín, que comenzó en el estribo, hizo sonar la música y de nuevo
hilvanó una faena peleona hasta el momento en que se paró el toro.
Entonces tiró de ese toreo de cercanía que basa en la secuencia del
derechazo, perder un paso, péndulo y repetición de la jugada,
rematando con el de pecho después de engolosinar al toro con el engaño.
El torero quedó satisfecho de su labor y cierto es que quedó por
encima del toro, pero poco más.
Rivera Ordóñez recibió a su primero con una larga en el tercio. Bien
en el quite. Hizo sonar la música con sus trasteo pero se rajó el toro
hacia tablas. Allí porfió un poco más con el manso pero la cosa no
tuvo más emoción.
Su segundo y quinto del encierro fue otro manso que embistió a su aire
en los primeros tercios y que luego cuando medio se arrancó, lo hizo
con la cara alta y sin clase, bobalicón y soso.
Lo mejor fueron los pares de Joselito Gutiérrez. Al público no le gustó
el toro y protestaba cosa que a Rivera Ordóñez, que últimamente está
muy respondón, no le gustó, haciendo gestos y mohines. Se pasó intentándolo
con un toro que iba y venía como quien pasa por la hangarilla del
cortijo.
Lo de César Jiménez sí que fue grande. Tranquilo, relajado, con el
pulso tranquilo, el andar serio, el gesto concentrado... Compuso una
preciosidad de faena, de principio a fin con el mejor toro de la suelta.
Este "Lugareño" tuvo nobleza, son y recorrido. Se le picó
muy poco. Nada. Con el capote César Jiménez estuvo muy lucido,
anunciando lo que vendría después. Lo paró con verónicas a pies
juntos y cumplió en quites por chicuelinas y una bonita e indolente
larga a una mano, como con pereza.
Brindó al cielo y, sin más, desde las afueras, citó al toro que
estaba en tablas. Una serie emocionante y templada de rodillas puso al público
en pie. Luego consumó un recital sobre ambas manos. Los derechazos
templados, mecidos, largos y pasándose al toro por la barriga; los
naturales después de enmendarse, suaves y llevando al toro dulcemente
con las muñecas dormidas, los redondos de mucho viaje y los de pecho
marcados al hombro contrario y con la elegante figura muy asentada en la
arena.
Impecable. Y todo ello adobado con la sal de las trincherillas, cambios
de mano, pase de la firma y el molinete en un conjunto macizo, con mucha
carga plástica. Una lástima que lo echara a perder con los pinchazos.
El ensabanado sexto fue un inválido que el presidente no devolvió para
disgusto del respetable y el madrileño tuvo que abreviar. Mala suerte.
Eso sí: Jiménez ha entrado en Jerez.
F. Orgambides - Diario de Cádiz |