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Ni
una sola oreja fueron capaces de cortar las figuras al noble encierro de
Jandilla que se lidió ayer en la tercera de feria. Ni una.
Y eso que los toros fueron nobles. Ni un mal gesto, ni una fea
embestida, ni una amenazadora colada.
Porque la corrida fue buena en líneas generales. Tuvo buen son, y
acometividad, con su motor para aguantar largas faenas de muleta: un par
de ellos se tragaron unos seis mil pases.
Una corrida que se la sueltan a cualquier joven espada con hambrientos
de toros y tiene para la primera letra del cortijo.
Pero Ponce debe ser ya buen pagador de la Contribución Rústica, Finito
de Córdoba manejó mal los aceros porque si no sí que Jerez le premia
y Morante de la Puebla estuvo torpe en su lote, por masacrar a su
primero y por dejarse tocar y desarmar tanto con su encastado segundo. O
sea, que en uno por exceso y en el otro por defecto
Esto sí que es difícil, ni una vuelta al ruedo en la plaza de Jerez en
feria. Ni se recuerda en los últimos tiempos una tarde de tan pobre
marcador. Más bien parece que Rosa Bautista en la primera de feria agotó
el cupo y no dejó nada para Eduardo Ordóñez, que presidió ayer y que
denegó una petición evidentemente no mayoritaria para Ponce.
Lo que hubiera tenido mérito es que se la hubiera cortado al primero,
un toro que para el ideal que tienen algunos del toro de lidia puede
parecer basto. Pero fue un jabonero que se movió, que galopó, que tuvo
acometividad, que acudía con alegría a los cites y que tuvo motor
porque aguantó los muchos muletazos que Ponce, sin bajar la mano, sin
interés y con apatía, le instrumentó.
Fue un petardo, las cosas como son. La sonora ovación que recibió el
jabonero "Zambro" camino del despiece tuvo que repercutir en
su conciencia de figura y con el segundo de su lote quiso enmendar su
actuación y de hecho lo brindó al buen público de esta plaza.
Pero el cuarto dio una buena voltereta en los lances de recibo y fue
picado con un puyazo que se protestó. Con semejantes antecedentes y una
segunda voltereta apenas iniciado el tercio de muleta, quedó el animal
parado y con las cara entre las manos.
Ponce lo llevó a los medios del siete y le dio importancia escénica a
la cosa. Pero al toro le quedaba muy poco gas y al torero el único
recurso que cupo fue encunarse y hacer el péndulo.
Finito sí que se templó con su lote. Fue quien mejor manejó los engaños
de la tarde. No por cierto parando a su primero, en unos lances en los
que retrasaba la pierna, pero sí en el tercio de muleta. El toro había
sido distraído y suelto de salida, probándolo toro incluso al caballo
de lejos, y por poco derriba.
Finito lo tiró al suelo en una trinchera de castigo al momento de
abrirlo a los medios y comenzó a templar, lo que necesitaba la corrida.
Fueron los mejores momentos de la tarde tal vez, en series citando de
largo, con la mano derecha y dejando al toro ventilarse.
El toro perdió fuelle al rematar por alto, momento que resolvió el
cordobés con un desplante y como el toro no tragaba por la zurda, bajo
el tono. Pero falló al matar.
Con el quinto mejoró los lances de recibo pero en la muleta el toro
perdía las manos cuanto el torero bajaba el engaño. Poco a poco fue
subiendo de nivel en una larga faena -a los catorce minutos sonó el
primer aviso- y el toro se rajó. De nuevo el fallo a espadas y el
espada recogió una sonora ovación.
Morante pasó casi desapercibido. Se dejó tocar con el capote en sus
dos toros, en el segundo exageradamente. A su primero lo lanceó mucho
mejor y con ganas pero Cristóbal García, volcado en el palo, lo dejó
listo y sin el gas que tampoco tenía el torero.
Con el que cerró plaza, encastado, Morante no se acopló. Que si varios
desarmes y enganchones, que si se dejaba tocar la muleta, que si un
banderazo... demasiado ajo en el pique y muy poca limpieza. Silencio.
F. Orgambides - Diario de Cádiz |