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Terminada la feria de Abril los taurinos se frotan las manos porque
en esta acaban de tomar la pool position. Mucho tiempo se han pasado discutiendo
en contra de la autoridad competente ya que según ellos, los presidentes no
seglares les tenían inquina. Les devolvían
toros sin juicio, les negaban orejas, no accedían a los indultos y
remaban contra la fiesta. En realidad los buenos presidentes, entre
los que se contaba José Luis Fernández Torres aquel presidente
malagueño que lucía perilla, iban a favor de la fiesta y en contra de
los taurinitos de turno que rebañaban cada migaja del que ellos
consideraban rico pastel, perjudicando más que favoreciendo a su
propio negocio y si no que miren la terrible crisis de novilleros que
padecemos que es la más patética de la historia de la tauromaquia.
En Sevilla se han concedido más orejas que nunca, vueltas al
ruedo a toros más que nunca, se han pedido indultos y la Puerta del
Príncipe se ha abierto más que nunca. La fiesta en hombros traspasa
los umbrales de la puerta codiciada y todos se aplauden diciendo la
fiesta va bien. Es pues el legado político del va bien, herencia de
la intromisión de esos seres que dicen representarnos, en la fiesta. Obsérvese que he dicho intromisión y no participación. Cuando un
político se entromete perjudica a la fiesta exigiendo el estado de lo
políticamente correcto. Cuando un político participa ayuda a la
fiesta, por ejemplo en lo que le reclamamos a la administración, para
su promoción.
Dicen los taurinitos que la mejor promoción para la fiesta
son las orejas y los rabos que se cortan, los toros que se indultan y
en definitiva que los paganos rentabilicen sus boletos. La fiesta va
bien.
Sin embargo me consta que todos los sevillanos no están de
acuerdo con los resultados de esta feria y tampoco de algunos de los
profesionales, por ejemplo del extraordinario banderillero Andrés
Luque Gago que iba echando pestes por la calle Adriano en contra de
los nuevos ocupantes de los tendidos de La Maestranza el sábado de
farolillos.
Y es que una cosa es defender la fiesta en contra de nuestros
agresores y otra defender la fiesta por dentro. Y en ello, aunque
pocos, algunos quedamos.
Los primeros taurinitos posicionados han sido los de la Unión
de Criadores de Toros de Lidia que han concluido que "la feria ha
supuesto en general un mejor juego de los toros que en años
anteriores al que ha acompañado un buen resultado artístico, el buen
rendimiento empresarial y, lo que es más importante, por la
satisfacción de los aficionados" pero además los ganaderos
agradecen "públicamente a los equipos gubernativos y presidenciales
de la Plaza de Toros de La Maestranza de Sevilla la forma en la que
se han conducido durante la pasada Feria de Abril... La presencia de
estos equipos en las ganaderías para la composición de los encierros
ha sido un factor decisivo a la hora... de registrarse notables
descensos tanto en el número de toros que debía aportar un ganadero
descensos tanto en el número de toros que debía aportar un ganadero
para la formación de corridas, como en el número de toros rechazados
en los reconocimientos de plaza..."
La excusa para estas visitas ha sido la enfermedad de la Lengua Azul
pidiéndose la vanidad de haber advertido con tiempo que ellos ya
sabían de los buenos resultados de esta operativa y piden que se
normalicen las visitas.
El primer equipo gubernativo que salió al campo a ver toros
con el fin de conseguir la agilización del procedimiento de
reconocimiento de las reses, fue el de José Luis Fernández Torres
allá por la década de los noventa. En el ejercicio de mi profesión se
lo reproché siempre y él me confirmó que intentando ayudar a la
fiesta los taurinitos pretendían engañarlo. Cuando llegaban a las
fincas los ganaderos situaban al equipo gubernativo en un plano
terrestre más bajo que los toros con el fin de que estos se vieran
como más grandes, pero José Luis que es más listo que el hambre
siempre los veía en los dos planos cuando no en los tres, y para
mayor cabreo del ganadero les echaba fotos a los reseñados. Pues aún
así cuando llegaban a los corrales de la plaza de toros no iban los
fotografiados y los taurinitos arremetían contra él diciendo que no
entendían porque les rechazaba toros si ya los había visto en el
campo. Aquella fue una campaña de difamación de los profesionales del
toreo y de la prensa "sobre-cogida" que terminó con sus funciones
porque los políticos socialistas andaluces lo consideraron persona
políticamente incorrecta.
Lectura, los equipos gubernativos (presidentes y
veterinarios) en cuanto servidores públicos, son garantes del
espectáculo y defensores del aficionado. Si van al campo a ver los
toros de la corrida que han de presidir y reconocer, pierden la
independencia que se les atribuye porque todos sabemos que con el
roce se llega al cariño y el cariño alimentado con jamón de pata
negra y buenos pucheros se acrecienta, consecuencia, que el noventa
por ciento de las corridas presentadas en Sevilla fueron corridas
desiguales y terciadas amén de haberse rechazado más toros en el
ruedo que en otras ferias. Pero como Sevilla tiene un color especial,
pues, ¡viva la Virgen!
Agustín Hervás
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