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Como aficionado a la fiesta que soy,
aproveché que mis vacaciones transcurrían cerca de El Puerto para acercarme allí
y ver el festejo del domingo 23 de julio.
Habían llegado hasta mí comentarios sobre el ambiente especial de esta plaza,
del gusto por el buen toreo, aparte de algún dicho muy extendido sobre la
necesidad de acudir a esta plaza. Además el cartel invitaba: Ponce, Morante y
Manzanres hijo, con las reses de Núñez del Cuvillo.
El desarrollo del espectáculo, con todos mis respetos, no me gustó nada. Otra
plaza más, de las muchas que existen en nuestro país, con el listón de la
exigencia tirado por los suelos. Repito, con todos mis respetos y sin querer
ofender a nadie, no se puede confundir querer pasar una buena tarde de toros con
aplaudir, y hasta vitorear, cualquier acción; no se pueden regalar orejas por
unos cuantos pases dados con ventaja; no se puede indultar un toro que no tenía
absolutamente nada de bravo y con una presentación flojísima, y que se tragó la
sarta de pases del maestro Ponce (una técnica excelente, aunque sin cargar la
suerte en ningún momento) con el único mérito de ir tras la muleta sin
intención, y por supuesto, con la carita a media altura.
Y todo ello con la plaza boca abajo, todo el mundo festejando el triunfo; para
mi gusto, lejos de la verdad del toreo. Seguramente el bicho raro soy yo, aunque
me temo que como se comenta en la opinión inmediatamente precedente, esto ya no
es lo que era. Ni en el El Puerto ni en casi ningún sitio.
Saludos cordiales.
Juan Carlos Cepa Castillo
Leganés (Madrid)
1 agosto 2005
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