Toros en El Puerto


UN ILUSTRE "FARINATO"


 El farinato es un apreciado embutido salmantino -y más concretamente de Ciudad Rodrigo-, compuesto –creo- por una sabia mezcla de pimentón extremeño, pan o harina y grasa de cerdo.- El farinato encuentra su expresión más excelsa cuando, una vez frito, se mezcla con un par de huevos preparados de igual guisa.-

 Plato tan honrado y sabroso como contundente -sabio y tonificador, humilde por su coste y elaboración pero riquísimo y aristocrático por sus goces y bondades-, encuentra su mejor maridaje y ayuntamiento con una buena hogaza del castellano pan candeal y un recio tinto de la misma tierra.-

 El farinato es compendio de las virtudes de un pueblo culto, obligado a estrecharse el cinturón y a hacer virtud de la necesidad sin renunciar por ello al placer egregio de recompensar a estómago y paladar.-

 El farinato es rojo, fuerte, veraz, contundente y apasionado.-

Y rojo –pero rojo de verdad-, fuerte, veraz, contundente y apasionado era Don Alfonso Navalón Grande.-

 Grande.- Demasiado grande para el cretinismo imperante, demasiado fuerte, contundente y desgarrado para el ambiente grisáceo y lleno de medianías que nos rodea; exageradamente honesto –hasta para equivocarse- como para no contrastar con la constelación de golfos, ganapanes y lameculos que pululan por el taurino planeta.-

 Y es que, para quienes lo ignoren, Don Alfonso Navalón Grande era el crítico taurino más deslenguado, montaraz y versado que tuvo la segunda mitad del pasado siglo, un fustigador incansable de la mediocridad, estafa y pillaje que supone la degradación y desnaturalización de la Fiesta, un aparente ogro que escondía el alma de un romántico y bohemio soñador, obsesionado sólo por la grandeza y autenticidad del toro; un empecatado  y empecinado luchador que repartía golpes y mandobles a diestro y siniestro contra la caterva de pícaros y bribones que empañan la gloria y esplendor del toreo.-

 A los oriundos de Ciudad Rodrigo –no sé si con cierta sorna- se les conoce también como “farinatos”, y Navalón –onubense accidental y salmantino hasta la médula- se encontraba muy ligado a la vieja Miróbriga y a la cercana Fuentes de Oñoro, ya en la raya de Portugal.-

 Odiado, temido y admirado a un tiempo, embozalado y hecho desaparecer -hace más de veinte años- de la prensa diaria por sus enemigos, nada ni nadie consiguió destruir el aguijón de su pluma viva e hiriente, activa hasta el último día, ese 27 de agosto víspera de la cogida mortal de Manolete por un toro -según cuentan- afeitado por dos veces.-

 Ningún crítico o escritor tan leído por sus enemigos -a hurtadillas y de vergonzante forma- como esta gran “mosca cojonera”; nadie gozó de más predicamento y audiencia que este periodista sin periódico; nunca se admiró más la deletérea mezcla de osadía, discernimiento y calidad literaria; jamás se acopió tanto talento sin talante -¡qué osadía en estos tiempos!-; nada más indigesto y revulsivo para marrulleros y tunantes que este ilustre “farinato” fuertemente especiado.-

 Luchó siempre por el toro íntegro y encastado, fustigó el “sobre” de sus compañeros corruptos y corruptores, atacó el destoreo y la vulgaridad, defendió la honradez y la verdad, abogó por los desprotegidos y agraviados, zahirió y alanceó sin piedad a empresarios prepotentes, toreritos engreídos, periodistas venales, aficionados cursis y afectados, políticos vacuos y hambrientos de foto....... y murió tan desnudo como vivió, ligero de equipaje y sin prebendas ni honores.-

 Es más, aun muerto, ha sido objeto del silencio avergonzado de muchos enemigos y de la simulada e hipócrita alabanza ambivalente de otros.-

 Todo un ejemplo para seguir.... o para evitar, vaya usted a saber lo honrado o necio y golfo que sea el personal.-

 Don Alfonso Navalón Grande.- Demasiado grande para un mundo pequeño.-

 José García Sánchez
Almería, 29 de agosto de 2005

  

 

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