Una
amiga veterinaria me dijo un día “no olvides que los médicos
son los veterinarios de las personas, y los veterinarios los médicos de
los animales”. Tiene miga la frase.
Si
un médico dice que hay que operar de una pierna a unna persona que le
duele la cabeza, su diagnóstico es palabra de doctor. Mientras que si un
veterinario considera que la alimentación, el manejo o la falta de casta,
por no seguir enumerando, son males que aquejan a la Fiesta, lo suyo no
son más que “sandeces de quien no tiene ni idea”.
Están
denostados, les invitan a que hagan reconocimientos subidos al techo de un
camión, apenas se les consulta en el Palco y encima cargan con la
responsabilidad de una decisión, -“doce veterinarios, doce”
les gritan en Las Ventas-, que la normativa les impide tomar. La misma
normativa que no les faculta hacer público los dictámenes previos y de
post-mortem.
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En
el recién concluido Symposium de Veterinarios celebrado en Zafra
(Badajoz Esp.) se han tratado asuntos de sumo interés para la Fiesta de
los Toros. No, no me estoy refiriendo solo a la ponencia sobre el dopaje;
ni siquiera a la buena aportación del Decálogo en defensa del toro de
lidia o a tantos otros expuestos en las distintas ponencias. Me refiero a
la presencia en la Fiesta del veterinario en sí mismo.
Es
de sobra manido el “rotundo argumento” de que “los
veterinarios no tienen ni idea”. Rotundo por el peso con el que
se afirma y argumento porque es en lo único en lo que los taurinos se
basan para evitar la presencia de estos profesionales en los
reconocimientos previos de los toros, en los que intentan colar la mayor
parte de las veces gato por liebre.
Semejante
actitud del taurino en general es tan solo una majadería vacía de
contenido y plena de picaresca. En primer lugar, porque están ignorando
una profesión tan unida al animal que es santo y seña del espectáculo,
el toro, así como los cambios que se están dando en esta profesión.
Una
amiga veterinaria me dijo un día “no olvides que los médicos
son los veterinarios de las personas, y los veterinarios los médicos de
los animales”. Tiene miga la frase.
Pero,
lo cierto es que si un médico dice que hay que operar de una pierna a una
persona que le duele la cabeza, su diagnóstico es palabra de doctor.
Mientras que si un veterinario considera que la alimentación, el manejo o
la falta de casta, por no seguir enumerando, son males que aquejan a la
Fiesta, lo suyo no son más que “sandeces de quien no tiene ni idea”.
Su
ignorancia la argumentan en que los veterinarios no estudian nada sobre el
toro en las Facultades de Veterinaria. Amén de que esto es falso y supone
desconocer sus planes de estudio y el hecho de que su formación se
complementa además con cursos de especialización y prácticas
profesionales, yo me pregunto en qué Facultad se da el título de
empresario taurino, de ganadero de reses bravas o de matador de toros,
banderillero o picador, sin ir más lejos.
Por
eso, creo llegado el momento de que los veterinarios reivindiquen para sí
un reconocimiento que la legislación taurina les niega. ¿Cómo es
posible que estén facultados para retirar el aceite de colza y no un toro
que sangra por los pitones?. ¿Cómo es posible que tengan que dar el
visto bueno de una lechuga y no de un toro que está escuálido y cojo?.
Sentados
junto al Presidente en una plaza de tercera, -y quiero recordar que el 75
% de los festejos se celebran en estas plazas-, no tienen ninguna
capacidad decisoria en el Palco. Vamos, que son un cero a la izquierda..
del Presidente. Que lo suyo es meramente ornamental, con el Reglamento en
la mano.
Llegado
el caso, habría que contar las presiones a las que se ven sometidos. “Si
no lo apruebas, ya lo haré yo, que para eso como Presidente soy el que
manda”, amenaza un Concejal que presidía una corrida sin rubor
alguno. “Estos pitones no se mandan a analizar porque no me da la
gana”, afirmaba otro que presumía de defender los intereses de sus
votantes, o “esas vísceras no se envían al laboratorio, porque allí
se van a perder y además aquí estamos en fiestas y no tengo ganas de líos”,
escuché decir a un Alcalde que acaba de presidir una corrida con figuras
en el cartel. Todo esto aderezado con el clásico: "¡Ah! y déjame
tranquilo que puedo hacer que te cesen, llamando a uno de mi partido",
político, se entiende.
Licenciados
en veterinaria, facultativos que supervisan nuestra alimentación en las
aduanas o los mercados, científicos que estudian cómo curar males que
acechan a la humanidad son negados por los taurinos, únicos que saben y
entienden de toros... y picaresca, habría que añadir tras semejante y cínica
afirmación. Por eso, les molesta que tengan capacidad de decisión o de
informar a la opinión pública de sus dictámenes en los reconocimientos,
lo que no se hace ni siquiera en las plazas de primera categoría. Los
"Lazarillos de Tormes" de la Fiesta de los Toros no
quieren ser controlados. Y por ello les niegan su capacidad.
Como
también niegan la necesidad de su presencia en los festejos de rejones
o en los de a pie para que traten de urgencia los caballos toreros o los
de las cuadras de caballos que intervienen en la suerte de varas, que
pueden morir tras una cornada por falta de veterinarios especializados en
equinos y de medios con que poder atenderles.
Están
denostados, les invitan a que hagan reconocimientos subidos al techo de un
camión, apenas se les consulta en el Palco y encima cargan con la
responsabilidad de una decisión, -“doce veterinarios, doce”
les gritan en Las Ventas-, que la normativa les impide tomar. La misma
normativa que no les faculta hacer público los dictámenes previos y de
post-mortem.
Ya
es hora de que se valore al veterinario taurino. Valórese su trabajo en
el campo y en la plaza. Désele apoyo legal. Y exíjasele como profesional
al que la sociedad le da la responsabilidad de velar por sus intereses en
la Fiesta. Así lo reivindico. Ahora les toca a ellos seguir haciéndolo.
Seguir luchando porque la Administración en todos los países del orbe
taurino les reconozca el papel que les corresponde. Conseguir que los
aficionados les vean como sus defensores frente a la picaresca de los
taurinos. Obtener el prestigio que les niegan los de siempre. Organizarse
para mejorar el nivel profesional. Elevar la aportación de la Comunidad
científica a la que pertenecen.
No
quiero pensar que es que no quieren asumir semejante responsabilidad. Que
sólo quieren limitarse a ir, estar y ya está. Que aceptan la humillación
que provoca el papel secundario que les da la legislación vigente. Que no
aceptan el reto que la Sociedad les propone. No quiero pensar que es que
no quieren asumir semejante responsabilidad
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