Toros en El Puerto

Miguel Ángel Moncholi

"Los veterinarios no tienen ni idea"


 

Una amiga veterinaria me dijo un día  “no olvides que los médicos son los veterinarios de las personas, y los veterinarios los médicos de los animales”. Tiene miga la frase.

 


 

Si un médico dice que hay que operar de una pierna a unna persona que le duele la cabeza, su diagnóstico es palabra de doctor. Mientras que si un veterinario considera que la alimentación, el manejo o la falta de casta, por no seguir enumerando, son males que aquejan a la Fiesta, lo suyo no son más que “sandeces de quien no tiene ni idea”.

 


 

Están denostados, les invitan a que hagan reconocimientos subidos al techo de un camión, apenas se les consulta en el Palco y encima cargan con la responsabilidad de una decisión, -“doce veterinarios, doce” les gritan en Las Ventas-, que la normativa les impide tomar. La misma normativa que no les faculta hacer público los dictámenes previos y de post-mortem. 

 


En el recién concluido Symposium de Veterinarios celebrado en Zafra (Badajoz Esp.) se han tratado asuntos de sumo interés para la Fiesta de los Toros. No, no me estoy refiriendo solo a la ponencia sobre el dopaje; ni siquiera a la buena aportación del Decálogo en defensa del toro de lidia o a tantos otros expuestos en las distintas ponencias. Me refiero a la presencia en la Fiesta del veterinario en sí mismo.

Es de sobra manido el “rotundo argumento” de que “los veterinarios no tienen ni idea”. Rotundo por el peso con el que se afirma y argumento porque es en lo único en lo que los taurinos se basan para evitar la presencia de estos profesionales en los reconocimientos previos de los toros, en los que intentan colar la mayor parte de las veces gato por liebre.

Semejante actitud del taurino en general es tan solo una majadería vacía de contenido y plena de picaresca. En primer lugar, porque están ignorando una profesión tan unida al animal que es santo y seña del espectáculo, el toro, así como los cambios que se están dando en esta profesión.

Una amiga veterinaria me dijo un día  “no olvides que los médicos son los veterinarios de las personas, y los veterinarios los médicos de los animales”. Tiene miga la frase.

Pero, lo cierto es que si un médico dice que hay que operar de una pierna a una persona que le duele la cabeza, su diagnóstico es palabra de doctor. Mientras que si un veterinario considera que la alimentación, el manejo o la falta de casta, por no seguir enumerando, son males que aquejan a la Fiesta, lo suyo no son más que “sandeces de quien no tiene ni idea”.

Su ignorancia la argumentan en que los veterinarios no estudian nada sobre el toro en las Facultades de Veterinaria. Amén de que esto es falso y supone desconocer sus planes de estudio y el hecho de que su formación se complementa además con cursos de especialización y prácticas profesionales, yo me pregunto en qué Facultad se da el título de empresario taurino, de ganadero de reses bravas o de matador de toros, banderillero o picador, sin ir más lejos.

Por eso, creo llegado el momento de que los veterinarios reivindiquen para sí un reconocimiento que la legislación taurina les niega. ¿Cómo es posible que estén facultados para retirar el aceite de colza y no un toro que sangra por los pitones?. ¿Cómo es posible que tengan que dar el visto bueno de una lechuga y no de un toro que está escuálido y cojo?.

Sentados junto al Presidente en una plaza de tercera, -y quiero recordar que el 75 % de los festejos se celebran en estas plazas-, no tienen ninguna capacidad decisoria en el Palco. Vamos, que son un cero a la izquierda.. del Presidente. Que lo suyo es meramente ornamental, con el Reglamento en la mano.

Llegado el caso, habría que contar las presiones a las que se ven sometidos. “Si no lo apruebas, ya lo haré yo, que para eso como Presidente soy el que manda”, amenaza un Concejal que presidía una corrida sin rubor alguno. “Estos pitones no se mandan a analizar porque no me da la gana”, afirmaba otro que presumía de defender los intereses de sus votantes, o “esas vísceras no se envían al laboratorio, porque allí se van a perder y además aquí estamos en fiestas y no tengo ganas de líos”, escuché decir a un Alcalde que acaba de presidir una corrida con figuras en el cartel. Todo esto aderezado con el clásico: "¡Ah! y déjame tranquilo que puedo hacer que te cesen, llamando a uno de mi partido", político, se entiende.

Licenciados en veterinaria, facultativos que supervisan nuestra alimentación en las aduanas o los mercados, científicos que estudian cómo curar males que acechan a la humanidad son negados por los taurinos, únicos que saben y entienden de toros... y picaresca, habría que añadir tras semejante y cínica afirmación. Por eso, les molesta que tengan capacidad de decisión o de informar a la opinión pública de sus dictámenes en los reconocimientos, lo que no se hace ni siquiera en las plazas de primera categoría. Los "Lazarillos de Tormes" de la Fiesta de los Toros no quieren ser controlados. Y por ello les niegan su capacidad.

Como también niegan la necesidad de su presencia en los festejos de rejones  o en los de a pie para que traten de urgencia los caballos toreros o los de las cuadras de caballos que intervienen en la suerte de varas, que pueden morir tras una cornada por falta de veterinarios especializados en equinos y de medios con que poder atenderles.

Están denostados, les invitan a que hagan reconocimientos subidos al techo de un camión, apenas se les consulta en el Palco y encima cargan con la responsabilidad de una decisión, -“doce veterinarios, doce” les gritan en Las Ventas-, que la normativa les impide tomar. La misma normativa que no les faculta hacer público los dictámenes previos y de post-mortem. 

Ya es hora de que se valore al veterinario taurino. Valórese su trabajo en el campo y en la plaza. Désele apoyo legal. Y exíjasele como profesional al que la sociedad le da la responsabilidad de velar por sus intereses en la Fiesta. Así lo reivindico. Ahora les toca a ellos seguir haciéndolo. Seguir luchando porque la Administración en todos los países del orbe taurino les reconozca el papel que les corresponde. Conseguir que los aficionados les vean como sus defensores frente a la picaresca de los taurinos. Obtener el prestigio que les niegan los de siempre. Organizarse para mejorar el nivel profesional. Elevar la aportación de la Comunidad científica a la que pertenecen.

No quiero pensar que es que no quieren asumir semejante responsabilidad. Que sólo quieren limitarse a ir, estar y ya está. Que aceptan la humillación que provoca el papel secundario que les da la legislación vigente. Que no aceptan el reto que la Sociedad les propone. No quiero pensar que es que no quieren asumir semejante responsabilidad

   Miguel Ángel Moncholi

 

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