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Toros en El Puerto
FUNDAMENTOS PARA UN MANIFIESTO
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Introducción Este acto de hoy no lo debemos entender como una mera reivindicación de la fiesta de los toros, como un déjennos estar por favor. Es gritar un ¡¡aquí estamos!! Sin ningún tipo de complejos. Por lo tanto, somos y estamos, y, además, no nos van a mover. Y como yo no tengo una especial vocación de apostolado, máxime cuando los argumentos de cualquier naturaleza no son viables para convencer al antitaurino que tiene ceguera manifiesta, la del no querer ver o no sabe ver, y que, además en muchas ocasiones, se ampara en posiciones de un alarmante extremismo de corte “batasunero”, que lo deja inoperante en cuanto a inteligencia emocional se refiere, que es la más elevada de las inteligencias, sólo me queda articular un discurso que relacione tauromaquia y cultura, con vocación de servicio hacia los aficionados, para nuestra honda satisfacción, para anclar nuestra afición en las raíces culturales de nuestro país, para sentirnos orgullosos de la fiesta que amamos, que de manera singular amaron y aman las inteligencias más clarividentes de nuestras artes, letras y ciencias. Si, además, tengo la suerte de que sea escuchado por alguno de los muchos indiferentes a la fiesta, y con ello aliento en su espíritu una inquietud, una cierta curiosidad por el espectáculo y un acercamiento al mismo, mejor que mejor. Fundamento cultural de la fiesta taurinaPretendo, aquí, poner voz a las personas que han escrito de toros y sobre toros. Intentaré ser original, en cuanto que huiré del tópico, y de lo ya excesivamente sabido. Aunque existen referencias universales que no puedo obviar, y con una de ellas empiezo: Cuando aquella fatídica noche de 1936 fue asesinado, le acompañaba en el último viaje un banderillero que también encontró la muerte abatido por los fusiles fascistas. Pocos meses antes, Federico García Lorca nos había dejado dicho que la fiesta de toros es la más culta que hay hoy en el mundo. Previamente dijo: “El toreo es, probablemente, la riqueza poética y vital mayor de España”. Por eso, uno no tiene más que rebelarse cuando lee o escucha las demagógicas sentencias que equiparan el mundo de los toros a un universo de la derecha rancia y españolista. Se imaginan, queridos amigos, la cara de perplejidad que ponen los progresistas de pacotilla, cuando uno le espeta la famosa frase lorquiana. Se quedan como huérfanos de argumentos. Alguien como Lorca, dice lo que no quieren oír. Titubean, dudan, se quedan callados. Claro, es que su progresismo es falso, y en realidad no saben ni que es ser progresista, ni quien es Lorca. Para rematar la faena, por si alguien piensa todavía que la fiesta de toros es asimilable a una tradición del régimen anterior, veamos que pensó de ella el Profesor Tierno Galván, mejor dicho como razonó filosóficamente sobre la fiesta. En un singular libro titulado Los toros acontecimiento nacional nos dejo dicho: “Los toros son el acontecimiento que más ha educado social, e incluso políticamente, al pueblo español”. Y de nosotros los aficionados ¿qué dijo?. Escuchen con interés. Siéntanse orgullosos, de pocos espectadores se ha escrito algo tan bello: “(...) el espectador de los toros se está continuamente ejercitando en la apreciación de lo bueno y de lo malo, de lo justo y de lo injusto, de lo bello y de lo feo. El que va a los toros es exactamente lo contrario de aquel aficionado a los espectáculos, de quien dice Platón que no tolera que le hablen de la belleza en sí, de la justicia en sí y de otras cosas semejantes. El espectador de los toros no es un mero, un simple aficionado a lo espectacular, ni tampoco exclusivamente un entusiasta de la exaltación embriagadora, es, mejor que todo esto un amante del conjunto del cual, en cuanto acontecimiento, es parte necesaria”. Dejemos pues de lado la vinculación taurina a algún régimen político, la Tauromaquia es un arte popular, una de las bellas artes que nace y se nutre del pueblo soberano, no hay más. Los escaños de una plaza de toros son un crisol de personalidades, de ideologías, de tendencias, de formas de pensar diferentes. Y todos coro de un espectáculo sublime. Pasemos de la reflexión política a la literaria. Curiosamente, todos los escritores españoles que han sido o son algo se han asomado al balcón de la Tauromaquia, a continuación citamos a los más relevantes. Tengo que empezar con nuestro Alberti, como no nombrarlo aquí, y como no ligarlo al Joselito que quedó deslumbrado por esta plaza. Del torero admiraba el poeta: “aquella seguridad y gracia juguetona, aquel burlarse suyo de la muerte, únicos en la historia del toreo”. Perdonen, ahora, la retahíla, pero quiero que sea así, que no queden dudas; los nuestros son los cabales, los imprescindibles que diría Bertold Brecht: Góngora, Quevedo, Nicolas Fernández de Moratin, los mencionados Lorca y Alberti, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández, Antonio y Manuel Machado, Gerardo Diego, Chaves Nogales, Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala, Salvador de Madariaga, Américo Castro, José Bergamín, Camilo José Cela, y tantos otros. Por cierto, creo que hemos valorado poco las palabras de D. Ramón Pérez de Ayala sobre los toros, me gustaría recordarlas, nos dice: “No. Nunca...Los toros no pueden morir. Moriría España”. Esa identificación es enormemente interesante, y de una candente actualidad. Algunos nacionalismos extremos que soportamos parece que han llegado a esa misma conclusión, ¿o no es el ataque a la Fiesta en Cataluña, en parte, un ataque a la idea de España como nación? Eliminada la Fiesta de Cataluña, es mucho más fácil decir que no somos españoles. Por terminar con D. Ramón Pérez de Ayala, me gustaría citar la idea que plasma cuando le preguntaron si los toros es símbolo de incultura, él respondió: “¡Tonterías! Si los toros no se universalizan más es porque no es posible. Porque no tienen en todos los países la posibilidad de tener nuestras ganaderías. Los toros son un arte y un drama”. Recordemos, también, las palabras de Salvador de Madariaga, nos dejo dicho de la corrida: “Participa de casi todas las artes. Fundamentalmente es un drama: el hombre esta en constante peligro, y el toro, destinado a la muerte. Este hecho le da una especial tensión. A este aspecto dramático se unen las demás artes. Una corrida es una pintura de una belleza impar, en la que juegan papel decisivo el color y la luz cambiante. A la vez, es una obra maestra del arte escultórico y en ella son decisivos elementos del ballet, porque es una síntesis de color y movimiento. Y no cabe imaginar corrida de toros sin música.”. El caso de don Américo Castro, es singular. Una vez abandonada una forma cuantitativa de hacer historia de corte demográfico o económico, recaló en un sentido problemático de la historia, no sólo el dato demográfico es analizable. En ese momento, es cuando entiende la corrida de toros como la “morada vital hispánica”. Para él la tauromaquia es “espectáculo nacional y símbolo del vivir como riesgo absoluto frente a un destino amenazador, sólo conjurable mediante heroicas destrezas (...), un rito solemne en el que autentico hispano, sin saberlo, rinde culto a la esencia de su forma de vida”. También se acercaron y quedaron prendados del drama taurino una gran parte de la generación del 27 (auspiciada por el torero y dramaturgo Ignacio Sánchez Mejias). De ellos, unos de los más importantes en cuanto al tratamiento que lleva a cabo en su obra de la temática taurina es José Bergamín, como nos dice Andrés Amorós “cualquier consideración intelectual de la Fiesta tendrá que tener muy en cuenta sus libros. (...). Entrelaza en los mismos las referencias a Lope, Kierkegaard, Sartre, Landsberg, Bergson, etc..”. Dijo Bergamín: “En el toreo se afirman, físicamente, todos los valores estéticos del cuerpo humano (figura, agilidad, destreza, gracia, etc.), y, metafísicamente, todas las cualidades que pudiéramos llamar deportivas de la inteligencia (rápida concepción o abstracción sensible para relacionar). Es un doble ejercicio físico y metafísico de integración espiritual, en que se valora el significado de lo humano heroicamente o puramente: en cuerpo y alma, aparentemente inmortal.” Los que equiparan los toros, con cierto desprecio, a un espectáculo tradicional, castizo o costumbrista, deberían reflexionar ante la agudeza de Bergamín, que dejó escrito: “No hay nada menos castizamente español que la lidia de un toro en la plaza cuando es ejecutada perfectamente...El toreo no es español, es interplanetario.” De Bergamín, de su libro La Música callada del toreo dedicado al genial Rafael de Paula me parece deslumbrante el párrafo siguiente: “Decía el filósofo Bergson que la precisión del pensamiento la inventaron los griegos. Los andaluces, al inventar el toreo, inventaron, o añadieron, al pensamiento, una especie de voluptuosidad de la precisión que es el toreo mismo. Sobre todo al ceñirse a ella en la suerte, en el recorte y en el galleo. Finalicemos esta semblanza de los escritores e intelectuales más clásicos con Camilo José Cela, nuestro premio Nobel de Literatura, él que dijo cuando La Coruña recientemente recuperó su plaza de toros que por fin la ciudad se incorporaba de nuevo a la verdadera cultura. Éste D. Camilo nos ha dejado una interesante obra de literatura taurina, pero no quiero entresacar de la misma ideas o argumentos sesudos sobre la Tauromaquia. De Cela, aquí, me gustaría dejar constancia de su actividad torera, no hay mejor argumento para la reflexión. De hecho recoge Amorós que cuando se busca en las biografías autorizadas de Cela, aparece su condición de torero. Así, en la nota de Quién es quién en las letras españolas se dice de Cela: “Periodista, poeta, torero, pintor...”. Pero en la literatura y ensayística actual también está presente la Tauromaquia, a modo de ejemplo de autores cercanos a la misma, podemos citar: a Fernando Sánchez Dragó, a Antonio Gala, al catedrático Andrés Amoros, al profesor de psiquiatría Fernando Claramunt, a los filósofos Savater y Gómez Pin, o a nuestro Felipe Bénitez. Todos ellos no son escritores que pasen de soslayo por el tema, en realidad, tienen un discurso comprometido con la Tauromaquia. De los intelectuales actuales me atrae de manera muy especial la posición respecto a los toros del dramaturgo Albert Boadella. Será porque me gusta dejar ahora con cara de idiotas a los catalanistas de nuevo cuño, a esos que quieren erradicar la fiesta de los toros de Cataluña. De nuevo, estocada en todo lo alto a la intolerancia. El genial catalán, el padre del teatro moderno, de la vanguardia escenográfica, el paradigma de artista catalán, les ha salido rana, y nos dice, escuchen bien: “(...) los toros han sido también el núcleo de mis criterios artísticos (...)”. “La ceremonia taurina constituye hoy una excepción, porque esta insólita manifestación ha permanecido como el rito pagano más antiguo del mundo occidental, pero con la característica singular de que mantiene una plena vigencia, es decir, no se ha pervertido en folclore. El asentamiento moderno de los toros es la consecuencia de un pueblo reacio a los “inventos”, que ha conseguido preservar el rito ancestral mediante una sabia resistencia a los embates de las modas”. El también catalán, y catedrático de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona, coordinador del Congreso Internacional de Ontología patrocinado por la UNESCO, y miembro asesor de los estudios de doctorado de la Universidad de París X. Define a la Tauromaquia como la Escuela más sobria de vida, precisa a la Tauromaquia como “exigencia indisociablemente ética y estética”. Este profesor investiga sobre la reivindicación de la singularidad del ser humano en el seno de la animalidad. De la literatura podríamos pasar a la música, de los ensayos a la opera. El mundo de los toros ha dado lugar como ninguna otra expresión humana a una rica y variada producción musical. Es evidente, la existencia de un género musical ligado a lo taurino, el pasodoble. Pero existe también una producción clásica operística o sinfónica. Incluso los autores de la música más actual han sido inspirados de alguna u otra forma por el universo taurino. Por ello, no me privo de leer un soneto de un cantante actual (por aquello de que siempre hay alguien que dice que estamos anclados en el pasado), en concreto uno de los sonetos que dedica Joaquín Sabina al torero José Tomas:
Cosido a tu capote Bueno, va siendo hora de terminar, no puedo detenerme en el papel de la Tauromaquia en la pintura, el cine, la fotografía, el teatro, la antropología, la historia, la ciencia, la taurotraumatología, la economía, el periodismo, la veterinaria, la ecología, las nuevas artes escénicas, la sociología o la arquitectura. No quiero dejar, tampoco, de mencionar el impacto de la fiesta en los intelectuales foráneos, citemos, como ejemplo, la fascinación del espectáculo y de determinados toreros en los viajeros románticos del XIX. O más recientemente en los norteamericanos Orson Wells, o el premio nobel de literatura Ernest Hemingway. O sobre toda una pléyade de intelectuales franceses actuales que se acercan a los toros con veneración y enorme tolerancia y respeto. Para terminar, algunas reflexiones finales, en las que quiero señalar que la tan cacareada estética del toreo moderno debe sustentarse en un pilar ético irrenunciable, la integridad del toro. Con ello no pido volver al toreo decimonónico, con toros-fieras de protagonistas, es más atiendo a la razón evolutiva del espectáculo a todas luces positiva. Pero no quiero tampoco caer en un nivel de esteticismo alienante, la idea es bien recogida por Delgado de la Cámara cuando en su Revisión del Toreo invoca el grito de Unamuno “Os ahoga la estética”. En Tauromaquia de manera escrupulosa debemos recorrer una camino que transite de la ética a la estética, y no al contrario. Seamos radicales, sólo existe un argumento, de naturaleza ética, para defender la fiesta frente ataques externos: el ejercicio que supone que un hombre libre lidie un toro integro. Los argumentos estéticos no son viables, dada la ceguera, como dije antes, del que no quiere ver o no sabe ver. Por ello: ¡no desgajen la integridad del toro! No manipulen sus pitones, no operen fraudulentamente. Sería el principio del fin. Por lo tanto, debemos ser protagonistas de nuestra parcela en la fiesta, y exigir lo que pensamos es mejor para el desarrollo de un espectáculo digno. Termino con una cancioncilla popular, como aviso a los navegantes, es la conocida tonadilla de Ricardo de la Vega y Chueca: Es una fiesta española que viene de prole en prole y ni el Gobierno la abole ni habrá nadie que la abola.
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