
Toros en El Puerto
LA LENGUA AZUL. El color de una enfermedad.
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En la mayoría de las estomatitis, es decir, de las inflamaciones que
puede padecer la boca, está implicada la lengua, tanto en su conjunto como la
punta o en las caras laterales de la misma, tal
y como ocurre en la llamada estomatitis vesicular, que es una inflamación
de la superficie de la mucosa bucal, acompañada de vesículas llenas de líquido
claro –que nada tiene que ver con la glosopeda, enfermedad cuyos síntomas
aparecen en los pies y la boca, de donde le viene su nombre- que es específica
de los bóvidos y équidos, y la estomatitis pustolosa contagiosa, que no es
otra que la viruela del caballo,
en la que se observan numerosas pústulas.
Existe otra estomatitis contagiosa llamada granulosa de los bovinos, que
es ocasionada por un virus específico y se presenta mediante una infección
natural, con ciertas analogías con los de la viruela. Es por ello que hace más
de un siglo se describieron muchas enfermedades más o menos parecidas. Y es que
entrando en el terreno de las afecciones de origen vírico, ni aun en nuestros días,
con tantos adelantos científicos, se sabe muchas veces por donde andamos, ya
que sin que sepamos casi nunca las causas, los agentes patógenos tienen a
producir infecciones benignas o en días potenciar inexplicablemente su
virulencia. En
este tipo de estomatitis las lesiones aparecen en la cara inferior
de la lengua. Esa es una de las razones por las que al presentarse la
enfermedad de naturales vírica que nos preocupa, llamada lengua azul en los óvidos,
es mejor tomar por
cierto tiempo las debidas precauciones.
El agente causal de la lengua azul es un virus, de la familia de los
Reovirus, género de Orbivirus, del que se han identificado hasta ahora 24
variantes sexológicas o serotipos. ¿Cuál es la variedad del virus
descubierto, según parece en Jimena de la Frontera? ¡Ya se sabe!, es el número
4 y se disponen de un millón de dosis listas para vacunar el ganado dentro de
la zona establecida.
Ya no puede tratarse de una cepa benigna que ni siquiera iba a
extenderse. Para ello se habrán desplazado a Jimena los más destacados virólogos
de la Comunidad Europea con sus mejores equipos. Dejó de ser prematuro saber lo
que encontrarán, pero hay tres cosas muy claras: que el nombre de esa
población será conocido internacionalmente, especialmente en Europa y hasta
puede pensarse en crear allí una especie de santuario de la lengua azul;
segundo, que los perjudicados vuelven a ser los ganaderos de ovinos
andaluces y, más concretamente los criadores de reses bravas, que ya no verán
cumplir mucho tiempo a que sus toros puedan ser lidiados, pero estamos seguros
que se les pagarán los daños ocasionados; y, tercero, que la rápida
determinación del tipo sexológico debe darnos a todos una buena
dosis de confianza en nuestra Sanidad Nacional.
En nuestro caso, el virus de la lengua azul está, como se ha comprobado,
perfectamente estudiado.
Se sabe a las temperaturas en que puede inactivarse, su sensibilidad a
diferentes productos
químicos, los desinfectantes capaces de inactivarlos, su capacidad de
supervivencia. Pero lo que es más conocido es su epidemiología, es decir, como
se desarrolla la enfermedad, comenzando por su tasa de mortalidad, que,
afortunadamente es muy baja en ovejas, pero que puede llegar al 10% en algunas
epizootias, por lo que ese tanto por ciento es desconocido en Jimena. Lo extraño
es que los científicos digan que “no es contagiosa.” Los huéspedes o
portadores son los ovinos, que presentan formas clínicas, como la de todas las
enfermedades víricas,
de susceptibilidad variable según la raza. Son huéspedes también los
bovinos, caprinos, dromedarios, rumiantes silvestres, en su mayoría con
infecciones inaparentes, de ahí el grave problema apuntado, porque esas mismas
infecciones inaparentes es propia en la fauna silvestre de enfermedades
bacterianas como la brucelosis.
Está plenamente determinada su forma de transmisión de la mano de
vectores biológicos como las especies y subespecies de mosquitos Culicoides,
sobre los que descansan las fuentes del virus de la
lengua azul, en dichos
Culicoides infectados, que los pasan y desarrollan en la
sangre y van a parar hasta en el semen de los animales infectados. En
cuanto a su distribución geográfica, el virus está presente en una franja de
países que se extiende aproximadamente entre 40° N y 35° S. Se ha demostrado
por serología la presencia del virus de la lengua azul en regiones en que está
presente el vector Culicoides (por ejemplo, África, Estados Unidos de América
y América Central, América del Sur y algunos países de Asia y Oceanía… y,
al parecer ahora en Jimena de la Frontera). Sin embargo, sólo se ha observado
en unos pocos países la enfermedad clínica con confirmación por aislamiento
del virus. En los últimos números de Sanidad Animal Mundial y el Boletín de
la OIE podemos encontrar abundante información, sin olvidarnos de consulta a la
red en la que hay organización y científicos en los que se puede obtener más
información.
Estábamos seguros de que nuestros organismos sanitarios permanecieron en
estado de alerta máxima para, no solamente hacer el diagnóstico y la vacuna
precisos, como y que ya habrán determinado el
período de incubación en los laboratorios; el diagnóstico clínico,
las forma aguda o benigna que pueda presentarse, especialmente en ovinos, la
pirexia o grados de fiebre, el tipo de inflamación, ulceración, erosión y
necrosis que presentan las mucosas de la boca en el caso descubierto; el estado
de la glosa o lengua, si está o estaba tumefacta, porque ya se observó que su
superficie está o estaba cianótica o azul; si el animal tenía
cojera debida a
pododermatitis y miositis; si presentaba otras
complicaciones neumónicas , etc. etc., que harían de esta simple nota
un pequeño tratado de patología animal.
Fundamental será seguir el curso del animal infectado, buscando
especialmente los valiosos signos aislados que puedan presentarse, como corderos
débiles, infecciones
inaparentes, y, sobre todo, las lesiones futuras. Los procedimientos
que se hayan seguido después del diagnóstico de laboratorio han sido
fundamentales, para aislar el agente y determinar el
número de su serotipo, la inoculación artificial en ovinos, la
inoculación intravascular en huevos de gallina embrionados de 10-12 días de
edad. La plena identificación del agente, pruebas como la inmunofluorescencia,
la neutralización del suero por reducción de placas (para la serotipificación
- muchas reacciones cruzadas); las pruebas sexológicas que los inmunólogos
conocen perfectamente.
El problema sanitario que se han presentado en Jimena adquiere su
verdadera importancia en lo que desde que se descubrió el caso se realizó sin
demora, en cuanto a la prevención y profilaxis sanitaria, sabiendo
perfectamente que había tratamiento eficaz hasta lograr la determinación sexológica
del virus, y hasta entonces se hizo lo más correcto: mantener a toda costa la
zona libre de la enfermedad: o cuarentena y vigilancia sexológica, o control de
vectores. Vigilar estrechamente la zona; pero sobre todo, en el futuro
inmediato, tener prevista la profilaxis médico veterinaria con
la vacunación a partir de vacunas con virus vivo modificado. Los
serotipos incorporados en la vacuna deben ser los mismos que los que causan la
infección en el terreno… y todo eso se ha cumplido de forma sobresaliente. (1) Si no tenían ya bastantes problemas con los programas sanitarios en curso, que tantas molestias causan a los fieros animales y costos a los ganaderos, para que ahora tengan otro problema más. Sobre esos programas sanitarios, encaminados a sanear la ganadería brava de enfermedades como la brucelosis, estamos escribiendo una publicación, titulada: Inútil Prevención Sanitaria de la Comunidad, en la que se analiza la imposibilidad de lograr los objetivos mientras la fauna silvestre –que son incontrolables reservorios naturales compuestos de portadores sanos de las enfermedades contra las que se quiere luchar- permanezcan viviendo junto a la ganadería semidoméstica, cuando no compartiendo los mismos hábitas y áreas de pastoreo, en cuyo caso no se está haciendo otra cosa que esquilmar anualmente, sin utilidad y sin efectividad alguna, los bolsillos de los ganaderos a la vez que se mantiene la farsa, pues siempre aparecerá algún individuo afectado, aunque sin síntomas, que siga obligando a volver a los equipos veterinarios. El asunto es una gran trascendencia y, el riesgo que se descubra la realidad, un dilema de graves consecuencias para la Autoridades sanitarias. De ahí la posibilidad de que existan problemas para realizar la cita publicación. Juan
José Zaldivar Ortega |
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