Toros Notables

Entrega nº 108 - "Cigüeño - Cimarredo:"

Cigüeño:
Cerró la temporada de la Plaza de Toros de Madrid la misma divisa que la abrió: la de los señores herederos de Flores Albarrrán. Jugaron dichos señores la tarde del (24-10-1948), cinco novillos de buen corte –con uno de Zamorano-, distinguiendo por su casta y temple los corridos en primero y cuarto lugar, llamados: Cigüeño, número 71, de pelaje negro, y Ventanero, número 46, castaño. Peso: 248 kilos.

443. Cilindrero:
La corrida de toros celebrada el (17-02-1946), con los toros: Tilapo, Cazador, Cilindrero, Platino, Troyano y Abanico, de la ganadería mexicana de Cuaxamalucan, se convirtió en una tarde triunfal que pasó a los anales de la historia taurina de México, en el ruedo de El Toreo de la Condesa, antiguo «Toreo» de la ciudad de México, en la que toreros y público tuvo la ocasión venturosa de vivir uno de los acontecimientos más grandiosos y resonantes.«En aquella tarde memorable -nos describió don Agustín Linares y volvemos a citarlo-, de imborrable recuerdo para los que asistieron a la plaza, salieron de los chiqueros los seis astados en el orden citado. Figuraban en el cartel, el Monstruo de Córdoba, Manuel Rodríguez (Manolete); el inspirado torero del barrio de San Bernardo sevillano, Pepe Luis Vázquez y el agitanado y personalísimo del barrio de San Juan, el mexicano Luis Procuna, que lidió a Abanico. Los toros fueron llevados al destasadero sin orejas, ante el delirio de una multitud, que llenando el coso, vibraba de entusiasmo, aclamando con fervor a toreros y ganadero, y dando vueltas y vueltas al ruedo, originándose un espectáculo inenarrable y de sin par belleza, con un albero lleno de flores, sombreros y toda clase de prendas, como testimonio y reconocimiento, para esos colores, morado y rojo, que escribieron una de las paginas más bellas, en la historia taurina del país de los aztecas.»

Cimarredo:
El éxito logrado en la primera función de la serie benéfica, celebrada el (28-05-1911), despertó en los ediles del Ayuntamiento del Puerto el deseo de repetirla. En esta segunda ocasión, la corrida se anunció para el domingo (13-08-1911) y se le revistió del mismo boato decorativo y prestigio social que se le había inyectado la primera vez. Así que, hubo bellas y distinguidas damas en el palco presidencial, en el orden que citamos: Luisa Álvarez Martínez, Consuelo Gutiérrez de los Ríos, Anita Hano Rabech, María Galarza y Alberti y Carmen Galarza y Morante, ninguna de las cuales reseñó don Manuel Martínez Alfonso. La Plaza Real engalanada, tal vez con las consabidas moñas y múltiples banderillas de lujo y, sin duda, para mayor esplendor, se ofreció una gran velada marítima en la margen derecha del río Guadalete, en la noche del domingo señalado para la función caritativa. De los barcos iluminados el que fue más elogiado semejaba una gran mariposa y estaba hecho por el conocido artista pintor escenógrafo don Manuel Sancho, que ganó el primer premio.

“Si en la primera ocasión los beneficios fueron para el Hospital de San Juan de Dios de la ciudad, en esta oportunidad volvieron las cosas a su lugar de origen, ya que como señalamos en anterior lugar, que el motivo o principal estímulo para la celebración de fiestas de toros en el Puerto no era otro sino el de favorecer la obra pía del Hospital de Providencia de Nuestra Señora de los Milagros, establecimiento que dio origen al hoy extinto San Juan de Dios” -en el que nacieron Alicia y Alejandro, hijos de este autor- , nos dice Martínez Alfonso. En este comentario existe un error ¿cómo, si en la primera ocasión ya existía el Hospital de San Juan de Dios, puede en la segunda ir los beneficios al Hospital de la Providencia de Nuestra Señora de los Milagros si éste pasó a ser el primero?

Pero dejemos ya tanta crónica caritativa y social para entrar en el tema taurino, raíz de todo el entramado –que su inicia por la mañana en que el novillero Julio La O despachó el toro del Aguardiente después de una lucida faena-, porque esa tarde del (13-08-1911), con una entrada que no llegó a los 6.000 espectadores hizo su presentación en la Plaza Real Castor J. Ibarra (Cocherito de Bilbao), encabezando la terna el ya veterano Enrique Vargas (Minuto) –éste ni siquiera figuraba en el cartel original- y Francisco Martín Vázquez (Curro Vázquez), quien restablecido de la tremenda cornada sufrida en nuestra Plaza Real dos años atrás, torearon en esta segunda función astados de González Nandín, que por orden de salida reseñamos seguidamente:

1) Altanero, un bonito colorado, que correspondió a Enrique Vargas (Minuto), fue recibido con dos cambios capote al brazo, que fueron rematados con una ceñida verónica, a la que siguieron otras y un farol, para el recibir el astado cuatro varas. Tras un buen trasteo recibió un primer pinchazo y nueva serie de muletazos, para atizar otro pinchazo… y muchos más hasta llegar un aviso. Por último le propinó a Altanero un estocada baja y dos descabellos, oyéndose la primera sección de pitos.

2º Respetado, de pelaje negro bragado, al que Cocherito recibió con cuatro verónicas y un vistoso recorte, para recibir 5 varas y dar dos tumbos, convirtiéndose la plaza en un herradero. El diestro bilbaíno muleteó ceñido, para dar una media estocada y un descabello, recibiendo las primeras palmas.
3º Primoroso, negro meano, fue para Curro Vázquez, que sevillano fijó con cuatro artísticas verónicas. Pero como cogió la senda de la mansedumbre fue fogueado. Curro le hizo una faena de muleta con la derecha, matándolo de un pinchazo y certera estocada.

4º Saltador, también negro, al que Minuto recibió, bien plantado, con una serie de verónicas que se aplaudieron, pero de súbito saltó al ruedo un espontáneo que se hizo aplaudir por sus tres muletazos. Minuto, picado en su orgullo, inició la faena sentado en el estribo y su labor causó entusiasmo en los tendidos. Cuadró y dejó media estocada trasera para repetir otra en su sitio. Aplausos y sombreros.

5º Cimarredo, igualmente negro y apretado de agujas, al que Minuto, pese a no ser el suyo, volvió a repetir lo realizado a su primero, recortándole capote al brazo. Cocherito inició la faena con una serie de verónicas, seguidas de cinco varas y clavándole un par doble de banderillas al cuarteo y otro algo trasero, matándolo de media estocada y dos descabellos, recibiendo Cocherito, que fue el mejor, el galardón de una oreja, bajo el son de la música, con palmas y sombreros,

6º Ralero, también negro y apretado de armas. Martín Vázquez le fijó con dos verónicas y tras brindarlo, le dio 5 muletazos, y, seguidamente, pinchó en hueso. Dos pases más, otro pinchazo y una estocada seguida de un descabello, pusieron término a la vida del toro y de la corrida, cuando muchos espectadores habían abandonado los tendidos… mientras en la calle, un individuos apellidado Lojo, de oficio cantero, le pegó un tiro a José Santos Ramírez en la parte izquierda del cuello, siendo se estado muy grave.
 


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