Luis Ángel Iñigo

Luis Ángel Iñigo

Informador taurino

07 Septiembre 2013

Lo sucedido este año en El Puerto no es más que un reflejo del momento actual de La Fiesta

Ya ha pasado más de una quincena desde que las mulillas arrastraron al último toro de la temporada taurina portuense, por lo tanto jugaría con ventaja si ahora expusiera mi opinión sobre la misma, más aun habiendo leído las anteriormente escritas por grandes aficionados tanto locales como provinciales. Por eso quiero hacerles ver que lo ocurrido en nuestra Plaza Real no es más que un reflejo del momento actual de La Fiesta en nuestra Piel de Toro.

En primer lugar entraré en el tema de los toreros, que sin duda son el verdadero “cáncer” de la Fiesta. El escalafón de matadores que han actuado en España a fecha 3 de septiembre del 2013 está compuesto por 151, de los cuales 49 han hecho tan solo un paseíllo, pero los que verdaderamente mandan en el mismo son menos del 10 % de ellos.

Estas “figuras de porcelana”, tienen cogido por los “cojo…” a los empresarios, imponiéndoles unos carteles que son auténticos “círculos cerrados” entre ellos, no dejando paso a los que a fuerza de constancia, sudor y sangre intentan sacar la cabeza y hablares de “tú a tú”. A la vez exigen un determinado tipo de toro, siempre dentro de un selecto grupo de ganaderías cuyas reses, a priori, ya que un toro es un toro, no van a “producirles dolores de cabezas”. Después también mandan en los despachos, exigiendo un caché muy por encima del interés que despiertan actualmente tanto en el público como en los aficionados y cuando viene el “Tío Perico” con las rebajas o hay problemas en los corrales, presentan partes médicos fingiendo efímeras dolencias que al día siguiente cuando montan la capilla en el hotel de otra localidad, milagrosamente desaparecen.

Toca ahora hablar de los ganaderos que también están haciendo “pupa” a la Tauromaquia, convirtiendo sus ganaderías en “torifactorías”, aprobando un excesivo número de vacas y echándole demasiada agua al vino para poder hacer frente a la ley de la oferta y la demanda.

También deben tener en cuenta que todo macho que nace en su ganadería no es apto para tener el honor de lidiarse como toro. Para eso están las becerradas y las novilladas en las que se deben ir eliminando los desechos de tienta y cerrado, es decir los defectuosos tanto en la “alquimia” de la bravura como en la conformación morfológica.

Un buen ganadero debe mandar en su casa, teniendo la ganadería “a la mano”, aprobando las vacas y sementales que verdaderamente le sirvan como simiente para su ganadería. También deben poner firmes a los veedores tanto de las empresas como de los toreros, embarcando reses acordes con la categoría de la plaza donde van a lidiarse, intentando evitar los problemas en los reconocimientos, anteponiendo el honor de su divisa a los distintos intereses que le rodean. Ahora y nunca mejor dicho en época de “vacas flacas” tienen que dejar de ser “ganaduros” y volver a ser auténticos ganaderos.

La CRISIS (con mayúsculas) económica por la que actualmente está pasando España, unida a la que está pasando La Fiesta, hace que el “cemento” en los tendidos de las plazas sea cada vez más evidente. Atrás quedaron los años de bonanza, por lo que tanto las Diputaciones como los Ayuntamientos, quienes actualmente son los propietarios de más del 95% de los cosos taurinos, deben tener en cuenta esta situación y exigirle a los empresarios un canon acorde con las circunstancias, de manera que los excesivos gastos no repercutan en el precio de las entradas. También es momento de que el Gobierno baje el gravamen del IVA, ya que la Tauromaquia, es el único espectáculo cultural que soporta el 21% de este impuesto. A la vez deberían bajarse los elevadísimos costes burocráticos que tiene el organizar un espectáculo taurino. Así mismo las figuras del toreo y los ganaderos, deben asumir su “mea culpa” y poner de su parte para que La Fiesta siga viva.

Ahora es el momento para que los toreros, ganaderos, empresarios, entes públicos y políticos, aficionados y público, rememos juntos y en una misma dirección que no es otra que el salvar a La Fiesta. Aún estamos a tiempo de evitar que se haga realidad el famoso dicho de “entre todos la mataron y ella sola se murió”.

Centrándome ahora en El Puerto, no quiero hacer “leña del árbol caído” cebándome con una Empresa que en su día recogió una auténtica “patata caliente” en forma de Pliego de Condiciones y cuya etapa, a las riendas de nuestra Plaza Real, ya es historia.

Tan sólo resaltaré como positivo: la interesantísima corrida de toros que envió la divisa santacolomeña de Ana Romero; la buena presentación de la corrida de Zalduendo; y las actuaciones de Pérez Mota, que pasó de estar anunciado en el cartel menos atractivo del abono a ser el centro del mismo toreando otras dos tardes a causa de sustituciones.

En lo negativo: las desvergonzadas ausencias miguel ángel perera y talavante (que sirva como castigo el ponerlos en minúscula), estos toreros han mancillado el honor de la afición portuense, por lo tanto se le debe pedir a la Empresa que el año que viene explote nuestra Plaza, que no cuente con ellos en los carteles; la poca educación taurina que año tras año viene mostrando el público portuense, boceando de manera “verdulera” durante las faenas, solicitando indultos a reses que tan solo han cumplido con la obligación que tienen de embestir y pidiendo “mayoritariamente” orejas facilonas. También debe ser desterrada la tradicional Corrida “Grotesca” que en su día un político de turno amante del Rococó impuso.

Punto y aparte también merece el tema del baile de corrales en la última corrida del abono. En mi opinión la Presidencia debió suspenderla tras haberse incumplido el margen que dio para la llegada de nuevas reses que remendaran la corrida. Es incomprensible que se estuvieran reconociendo toros una hora y media antes del comienzo de la corrida. También Núñez del Cuvillo se merece una temporada de castigo en El Puerto.

No me quiero despedir sin antes solicitarle al Ayuntamiento que en la concesión del próximo Pliego de Condiciones, tenga presente más la calidad y honradez del empresario elegido, sobre la cantidad tanto económica como de espectáculos que ofrezca. La Plaza Real ya está arquitectónicamente salvada, pero en el tema taurino se encuentra desde hace bastantes años en ruina. Hay que volver hacer lucir la emblemática y actualmente desprestigiada frase de “Joselito” cuyo azulejo adorna la entrada a la misma y por la cual es mundialmente conocida.

Luís Ángel Iñigo.
 




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