Francisco Mateos

Francisco Mateos

Periodista

30 Abril 2009

Talavante: así como que no

Existe una leyenda urbana sobre un pequeño incidente entre un banderillero 'resabiado' y un periodista. No sé si será verdad, pero podría serlo perfectamente. Se ve que el banderillero -torero frustrado al fin y al cabo- aleccionaba en el tendido a su vecino de localidad, un periodista taurino, sobre el desarrollo de la lidia:

-Ha visto usted eso que ha hecho el toro; eso es por que no lo están citando a la distancia que pide el toro. Ya verá usted cuando el 'mataor' coja ahora la muleta y lo cite en la media distancia, verá como embiste más templado... Pero claro, usted cómo va a darse cuenta de estas cosas, si nunca se ha puesto delante,...

Esa coletilla de "usted no lo puede saber porque nunca se ha puesto delante" es una justificación de los taurinos, usada por toreros frustrados. Y a este periodista, una tarde sí, y otra también, el resabiado banderillero se la recordaba constantemente, tocándole los costados con el "pero usted eso cómo lo va a ver, si nunca se ha puesto delante".... Hasta que el periodista ya no aguantó más un día y le espetó:

-Mire caballero: efectivamente yo nunca me he puesto delante; lleva usted toda la razón. Pero usted tampoco. Por muchas banderillas que haya puesto de sobaquillo, a una mano, o rejoneando; por muchos toros que medio haya lidiado, usted tampoco se ha puesto delante. Se habrá puesto al lado, al hilo del pitón si quiere, fuera de cacho, en paralelo,... pero delante, lo que es ponerse delante de un toro en puntas en una plaza importante, tampoco se ha puesto usted. Porque si se hubiera puesto delante alguna vez, lo que se dice ponerse delante y cruzarse, usted no sería banderillero, sino un figurón del toreo y desde luego no estaría aquí en el tendido dándome la tabarra cada tarde...

Pues de esta leyenda urbana me he acordado esta tarde viendo torear (o destorear) a Alejandro Talavante, sobre todo en el sexto. Ese toro tenía más de lo que sacó el extremeño, que siempre se colocó al hilo del pitón, sin cruzarse, sin meterse en los terrenos del toro para provocarle la embestida emocionante. Y cuando lo citaba, el trazo del muletazo era completamente recitilíneo, separado del cuerpo, y con un toque para el remate del muletazo hacia fuera. Así no,Talavante. Así seguiremos siendo el torero Guadiana, apareciendo y desapareciendo de la mente de los aficionados. De nada sirven dos orejas en un toro si en los muchos restantes astados se está a bajo nivel. Porque lo malo, además, es que tiene condiciones.

Francisco Mateos
30 Abril 2009
 




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