Juan José Zaldivar Ortega

Juan José Zaldivar Ortega

Dr. en Medicina veterinaria y zootecnia

24 Octubre 2005

El indulto de toros, 1ª parte

Los tiempos actuales están propiciando que veamos con mucha frecuencia, sin duda más de la debida, y casi siempre en plazas de segunda y tercera categorías -en cabeza figura la Plaza Real de El Puerto de Santa María-, en la extensa geografía taurina, indultos de toros de lidia, en la mayoría de los casos antirreglamentarios. ¿Y por qué no se indultan en plaza de primera? Si a lo últimamente señalado agregamos, a título de ejemplo, la relación de las dos decenas largas de toros y un novillo, todos supuestamente de bandera indultados por un solo matador -como es el caso del artístico y dominador torero valenciano Enrique Ponce, entre el (14-09-1992) y 2005, en España, Colombia, Ecuador y Venezuela, incluyendo al astado Almansito en la Plaza Real de El Puerto-, no sólo deja al descubierto la imposibilidad de abarcar en una simple nota como esta a todos los astados notables indultados, sino lo que es más preocupante: que a plaza como la nuestra los supuestamente aficionados carecen en su mayoría de los conocimientos para saber las características fundamentales que debe reunir un toro para que se le perdone la vida –de ahí que conformaremos dos partes-, de lo que literalmente se aprovechan diestros con gran técnica y arte para embaucar fácilmente a la concurrencia.

"Almansito" toro de Nuñez del Cuvillo,  indulto por Enrique Ponce en el Puerto el 24 de julio de 2005. No pudo superar las heridas producidas."Almansito" toro de Nuñez del Cuvillo, indulto por Enrique Ponce en el Puerto el 24 de julio de 2005. No pudo superar las heridas producidas.Y es que plazas de esas categorías poco importa el celo bravo de un toro por acometer sin vacilaciones a los caballos, de ahí que los toreros o sus subalternos, casi siempre, se los arrimen hasta los mismos petos y cuando llegan a ellos, el picador le hace un corral con el caballo –la cabriola- y los masacran, perdiendo el primer tercio su ancestral belleza, y es muy difícil tener conciencia de cuántas varas del pasado corresponden a una de las largas en tiempo que hoy se dan. Muchos indultados, han carecido de lámina-de exterior armónico y que algunos parecen que tienen todo el traje descocido-, le han corrido a los caballos…, han escarbado la arena, han tomado la querencia de las tablas, como buenos manos…, pero el respetable borra pronto lo pasado y se deja embaucar por una serie de pases sin emoción alguna y es cuando el diestro deja de ser torero para interpretar una pieza de teatro que provoca instintivamente la participación de toda una bola de desconocedores y los toros son indultados, pero no en Madrid, ni Sevilla, ni Barcelona, ni en Valencia… Ello deja al descubierto que más que una verdadera calidad de los astados lo que impulsó el ánimo de los espectadores, en muchas ocasiones, a solicitar dichos indultos, fue la calidad artística, el poderío, dominio de las suertes y la belleza plástica que imprime en sus faenas, el referido Enrique Ponce. Los diestros como éste en España y en su día Eloy Cavazos en México, han indultado muchos toros que, pese a su mansedumbre, se manifestaban noblemente ante la muleta y todos tan contentos.

El primer toro indultado en la Plaza de Toros de El Puerto lo fue la tarde del (23-07-1860), cuando salió al ruedo portuense un toro de la ganadería de D. Joaquín Jaime Barbero, llamado Contador. El Tato lo recibió con el capote, cuando como ocurría entonces ya estaban en el ruedo los tres varilargueros montando sus caballos aún sin petos. Los picadores fueron, Antonio Calderón, Juan Alavés y José Trigo. Entre los tres asestaron 39 (*) puyazos al astado, sin que les mataran ni voltearan ningún jamelgo, lo cual fue una verdadera hazaña propia de aquellos extraordinarios picadores. Tal fue la euforia del público –como se repite en nuestros días- que llenaba los tendidos de la plaza, que pidieron el indulto de las res antes de empezar el lidiador a prepararla para la suerte suprema, a lo que accedió la presidencia del festejo, y el Tato no llegó ni a coger la muleta. Los tres picadores abandonaron la plaza recibiendo elogios del público.

(*) Sólo cuatro astados superaron entonces a Contador: Almendrito III, cárdeno o sardo, de don Joaquín Pérez de la Concha, lidiado en Almería el (22-08-1876), que tomó nada menos que 43 varas; Centella, de don José María Torres, de Arahal (Sevilla), lidiado en Cádiz, el año 1851, tomó 53 puyazos sin volver la cara, mató nueve caballos, hirió a cuatro, que pudieron morir en las caballerizas; Llavero, de don Nazario Carriquiri lidiado en Zaragoza el (14-10-1860), que tomó, sin volver la cara un solo instante, nada menos que 53 varas; y, por último, Campeón, lidiado el (20-05-1853), en la plaza de Ronda (Cádiz, España), de don Clemente Lesaca, al que por carecer de nombre en la tauromaquia le bautizamos con el de Campeón, que tomó el número inconcebible de sesenta y cinco varas, matando once caballos y dejando mal heridos a cinco. Aquella fiera decía Frasquito que había hecho la cubrición de vacas en la ganadería, y si bien tenía la edad de seis años cumplidos, hallábase flaca. «Es cosa admirable -añadía-: hecho pedazos su morrillo, desangrándose, harto de cornear y rendido materialmente, se le caía la cabeza, tocando el suelo con el hocico, apenas sentía que uno de nosotros entraba en suerte, levantaba y partía con la misma fiereza, con el mismo ímpetu que en las primeras varas.»

Juan José Zaldivar Ortega
24 Octubre 2005




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