Juan José Zaldivar Ortega

Juan José Zaldivar Ortega

Dr. en Medicina veterinaria y zootecnia

29 Julio 2010

La libertad ha sido apuntillada

Una parte de la sociedad catalana ha consumado una faena aparentemente histórica: Unos sesenta y ocho votos, eso sí, muy democráticos, han decidido prohibir las corridas de toros en el antiguo Condado de Cataluña, al que quieren, por obra y gracia de una histeria colectiva enfermiza, convertir en Nación; pero contando de antemano con ser los proveedores, junto con los nacionalistas vascos, de toda clase de productos al resto de España. ¡Que bien se lo han montado! Ahora falta por saber cómo responderemos millones de españoles, que estamos convencidos de que los nacionalismos nos están llevando a la ruina.

Por lo pronto, que se vayan preparando para lo que va a venir, porque quienes no tienen el menor reparo en poner la libertad en manos de cacheteros apuntilladotes, como el tal Carlos Pérez Rovira, aragonés para más señas, conlleva un peligro de consecuencias imprevisibles. Así que, tan brillantes resultados políticos, conllevan la inmediata obligación de suprimir todos los mataderos de la “nueva nación”, que viven una “clamorosa asimetría moral”, y paralelamente todas las clínicas abortivas, porque en ellos se realizan prácticas criminales mucho más sangrientas que las corridas de toros. Los seres humanos más indefensos está permitido asesinarlos, a los toros hay que evitarle los sufrimientos ¡Esto es patético!, pero en una sociedad que se descompone todo es posible y el derrumbe ya suena en Cataluña.

Estamos seguros de que las “Arañas peludas”, que dicho sea de paso se producen en los pìnares catalanes, alguna de las cuales son un modelo de erudición, correctores ortográficos gratuitos, estarán muy contentas y aplaudiendo con sus enclenques extremidades, pero con su veneno siempre activo para ser inoculado a quienes no piensen como ellas, que, sin duda, serán incapaces de reunirse frente a las clínicas abortivas para impedir los abortos. Eso significaría tanto como tener moral, la que se está perdiendo, junto con otros muchos valores, por toda España, mientras los nacionalistas se embarcan cada día más en una peligrosa excursión hacia un desconocido lugar del que jamás podrán regresar.

Pero España, “mi patria querida”, continuará, pues cuando todos esos malvados hayan dado con sus huesos en sus respectivas tumbas, aunque antes podrán cambiar las leyes, pisotear la libertad, establecer embajadas camaleónicas, quedarse con los beneficios al más puro estilo egoísta y especulador, la celebraciones taurómacas nadie ha logrado prohibirlas por mucho tiempo, ni Papas, ni Reyes, y menos un grupo de intolerantes cuya única meta es vivir en una especie de aberración, de locura permanente, y ya que dejarán de darse espectáculos taurinos esas Plazas de Toros bien podrían convertirlas en manicomios para encerrar a tantos locos y regalarles por mascotas, antes de pasar a los chiqueros, una bella araña peluda.

Hasta pronto.
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