José Reyes Torrejón

José Reyes Torrejón

Crítico taurino de La Voz de Cádiz

21 Agosto 2017

Balance en claroscuro para la temporada taurina en El Puerto

El punto álgido de la recién finalizada temporada taurina en El Puerto de Santa María lo constituyó precisamente el espectáculo que ponía broche al abono estival, el esperado mano a mano entre Morante de La Puebla y El Juli. Cita a la que el público respondió de manera masiva y casi llenó los tendidos del coso portuense. La corrida se saldó con el triunfo sin paliativos de un Juli colosal, que cortó cinco orejas y un rabo de los tres nobles ejemplares de Santiago Domecq que lidió, y con la sorpresa mayúscula del anuncio de Morante de abandonar los ruedos de manera indefinida.

Tras pasaportar con más pena que gloria tres astados mansos, ásperos y complicados de Núñez del Cuvillo, recibir la bronca del respetable y sentirse sumido en la más absoluta impotencia e incomprensión, adoptó, por tercera vez en su larga carrera profesional, esta drástica decisión. Cierto es que al artista de La Puebla parece haberle perseguido un endémico infortunio en los sorteos matinales (el lote o el toro malo del festejo le correspondían a él con seguridad) y que los públicos en general, poco acostumbrados a examinar las condiciones del toro, carecen del criterio y del reposo necesarios para valorar la actuación de un torero en función del enemigo que tienen delante.

Pero tampoco se puede olvidar que también Morante ha sido víctima de sus propias exigencias. Empecinado en anunciarse este año con toros de la vacada de Núñez del Cuvillo, él mismo se ha labrado los sucesivos fracasos cosechados, pues el juego que viene ofreciendo la camada actual de tan deseada ganadería deja mucho que desear. Lo que sí es seguro es que la marcha de tan excepcional torero supone un duro golpe para el aficionado porque la fiesta actual no se encuentra en condiciones de prescindir de la elegancia, el arte, la naturalidad y todo el clasicismo que encierra la excelsa tauromaquia del diestro de La Puebla del Río.
 

Por lo demás, el ciclo se ha saldado con el ya habitual reguero de trofeos y de puertas grandes que, en la mayoría de los casos, pocas relaciones directas guardan con lo acontecido realmente en el ruedo. Entre ellos, cabe destacar la actuación plena de serenidad, gusto y seguridad de Antonio Ferrera, que desorejó a un ejemplar de Juan Pedro Domecq en una corrida muy baja de casta, con la que también obtuvieron trofeos, pero de tono menor, Padilla y Roca Rey.

Peores juegos aún ofrecieron los seis ejemplares de Núñez del Cuvillo, frente a los que Morante de la Puebla sólo pudo gotear puntuales pinceladas de su genio, Cayetano se esforzó con infructuoso denuedo por agradar y Ginés Marín paseó la única oreja del festejo.

Mejor presentada y con algo más de movilidad resultó la corrida de La Palmosilla, con la que Finito de Córdoba dejó apuntes de su clase frente a un buen primer toro para luego inhibirse ante las complicaciones del cuarto, López Simón mostró su toreo decidido y arrebatado, que le valió para alcanzar una puerta grande barata, mientras José Garrido, que cortó una oreja de regalo, se estrellaba ante un lote sin opciones.

En la única novillada anunciada, el pésimo juego ofrecido por la mansada de Yerbabuena acabó con las ilusiones de la joven terna, de la que sólo Miguel Ángel Pacheco obtuvo un apéndice.

El festejo ecuestre que cerraba la temporada, en el que se corrieron toros de variado juego de Días Coutinho y de Benítez Cubero, arrojó el exiguo balance de una sola oreja cortada por el portugués Miguel Moura, que demostraba tener el oficio mejor aprendido que sus inexpertos compañeros Joao Telles y Pérez Langa

El capítulo ganadero, básico para cualquier plaza que pretenda poseer cierta notoriedad e importancia en el panorama taurino nacional, se reduce en El Puerto a la permanente mediocridad, intrascendencia y monotonía de toros nobles, bobalicones, con pocas fuerzas y casi siempre descastados. Todos del mismo y archirepetido encaste ganadero. Lo peor que le puede ocurrir a una afición es que le cuelguen el sambenito de torerista. Y a la de El Puerto hace tiempo que se lo pusieron.

Pepe Reyes
 




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