Juan Manuel Garcia de Quiros Pérez

Juan Manuel Garcia de Quiros Pérez

Aficionado taurino

26 Septiembre 2022

Soñé despierto.

 Yo tuve un sueño, un precioso sueño.

Soñé con un día de septiembre, cuando la luna le come minutos al Sol, el veranillo de los membrillos le dicen, por San Miguel cae.

Soñé con la ciudad más bonita de mundo, Sevilla la llaman.

El calor caía de pleno, en el aire se respiraba que algo grande podía ocurrir, era "la tarde".

 

Soñé que estaba en La Maestranza, había toros en el coso del Baratillo.

Fui a rezarle a la Caridad y a la Piedad del Arenal baratillero.


Soñé que Morante, al primero de su lote le mecía el capote por verónicas como mecen a la Caridad los miércoles Santos de vuelta por el Postigo.

 

Soñé que salía un cuarto toro, de la "Casa Matilla", negro, de bonitas hechuras, algo soso y descoordinado, el público pedía el sobrero, el presidente que no sacaba el pañuelo verde, aquello pintaba mal, otro año más, nada nuevo, la vida seguía igual.

 

Soñé que ese toro no iba a servir, nadie daba un duro por él, que lo iba a pasaportar a las primeras de cambio, una vez más lo mismo de siempre, para El Puerto de vuelta con la desilusión de siempre.

 

Pero soñé que Dios bajaba de los cielos enfundado en un precioso terno verde manzana y oro y, donde nadie veía ni el más mínimo muletazo, él vio la faena soñada.

Bajaron los duendes y las musas revolotearon por el albero maestrante.

 

Soñé que empezaba toreando pegado al estribo, por bajo, después por alto y lo sacaba a los medios con un cambio de mano que sería el primer cartel de toro que pintaría esa tarde.

 

mmSoñé que se plantaba en los medios, que Tejera por fin tocaba y tocaba "Churumbelerías", que sonaba a la Filarmónica de Viena.

 

Soñé que se paraba el reloj que cuelga en el tendido 11, justo detrás del toro disecado de la Puerta de Toriles y escuché los silencios de La Maestranza y como crujía la plaza.

 

Soñé que el que iba vestido de verde y oro toreaba como se debe de torear, puro, con el pecho, cruzándose, vaciando la embestida y enroscándose al toro en la cintura, con la pata "palante", la muleta planchada, desmayando la figura y arrebatándose el alma.

 

Soñé que los naturales eran versos de Bécquer y los pases de pechos, pinturas de Murillo, soñé que los derechazos eran "quejíos" de Camarón y los trincherazos eran sones de la guitarra de Paco de Lucía.

 

Soñé que mientras Dios, vestido de verde manzana y oro toreaba, el ruedo se llenaba de sombreros, el público enloquecía, algunos lloraban, otros saltaban de alegría y los gitanos se rompían las camisas.

 

Soñé que lo mataba de un estoconazo en el hoyo de las agujas y caía el toro sin puntilla, pero no, sería después de dos pinchazos y una estocada.

 

 

Soñé que le daban las dos orejas y el rabo, pero se quedaba en una y tal vez no se la debería haber dado después de dos pinchazos, puede ser. ¡A mí qué me importan las orejas!

 

Soñé que mi sueño algún día sería realidad, y al despertar me di cuenta de que todo lo que soñé había sido verdad.

 

Que vi a Dios torear y era Morante de la Puebla.

 

Juan M. Quiros




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