Gacetilla Taurina

Nº 109 - Gacetillas de Psicología (La amistad y la bravura)

Después de las pasadas cinco entregas, con seguridad el lector sensible habrá valorado si los hechos narrados son, o no, verdaderamente inauditos. Sí estamos seguros que el comportamiento del animal y, en este caso, el del toro de lidia, resulta fascinante; y que nuestra especie, desgraciadamente, está cada día más lejos de lograr conocer el profundo arcano misterioso de su presencia mitológica en la Tierra. En este sentido, allá por el año 368 a. de C., Aristóteles, sabio mundialmente conocido, discípulo predilecto de Platón, sentenció: “Todos los conocimientos son valiosos, pero aquellos que se derivan de la vida de los animales, lo son aún más.” Esos conocimientos siguen con el mismo valor después de XXIV siglos… y los seguirán siendo hasta finales de los tiempos.

Incontables miles de millones de hombres han pasado sus vidas, desde los inicios de la primera civilización hasta nuestros días, sin sentir el mágico hálito de penetrar en ese fascinante mundo de conocimientos, tan diversos como ignorados, en los que se sustentan nuestro pasado relativamente próximo. De ellos se enriqueció nuestro instinto primitivo, cuando sólo éramos una especie más. Si todos pudiésemos comprender la profundidad espiritual de esos conocimientos, seríamos sin duda más humildes y dignos de disfrutar nuestra fugaz permanencia en este Planeta Azul, espléndido y soñador.

Todo ese mundo animal, aunque permanezcamos ciegos y sordos ante tantas maravillas como nos rodean, está alabando a sus Creador. Ninguna especie animal estará nunca capacitada para extinguir la vida sobre la tierra. Tal vez los grandes monstruos del pasado, los dinosaurios, lo intentaron y sucumbieron. Las diversas especias están enmarcadas con rigor en su correspondiente habitat, con sus costumbres invariable, sin deteriorar su entorno, potenciando constantemente la vida colectiva, en interminables cadenas alimenticias y de predadores, en un alarde funcional de la lucha por la existencia, dentro del marco perfecto en el que todos están sujetos firmemente a la selección natural, a escala probablemente universal. Desde sus inicios, los reinos vegetal y animal, aunque todo arrancó en la formas vivas más insignificantes, ha venido guardando un orden riguroso hasta lograr una evolución perfecta, dejando a un lado las formas sin valor de continuidad, hacia las más diversas, heterogéneas y hermosas criaturas que los hombre jamás podrán producir en su misma dimensión y belleza ¿Cuándo podrá un hombre fabricar una flor natural?

Recordando a nuestro amigo Apolo, en él, a nivel cerebral existían dos áreas bien definidas: en una estaba la bravura, cuya localización ya descubierta científicamente; en otra, se desarrolló la amistad, no por casualidad, porque allí, en su encéfalo existía, como en todos los toros, incluyendo a los miuras, un sustrato neuronal capacitado para ello. Y esa amistad era mucho más intensa y prolongada que la de tipo maternal. Él conocía mi voz a gran distancia, interpretaba cuáles mis movimientos y hasta el perfil de mi alma. En su cerebro funcionaban, lógicamente a diferentes niveles y estructuras, pues seguía siendo bravo y amigo. Esa amistad en nada perjudicaba su bravura, aunque la limitara y no aprendió ningún resabio de mala intención, pues aun con cuatro años nunca tuvo el más leve gesto de acometerme.

Recapitulando y a título de colofón sobre Apolo y Catita, hay que puntualizar en que sus respectivas conductas fueron bien definidas: Una, propia de macho, noble y despreocupado, amigable y desinteresado, como casi todos los machos de las especies superiores en la escala animal; Catita, siempre más realista y positiva, iba a lo que iba y se dejaba acercar cuando algún interés privaba. Las hembras deben desarrollar ese tipo de conducta en todas las especies, porque, sencillamente, es la mejor garantía para la continuidad de las mismas. No puede ser de otra manera, de lo contrario, todas se extinguirían… la humana también; de ahí que en el establecimiento de la igualdad entre los sexos que se viene practicando, la que pierde su natural hegemonía es la mujer y el beneficiado es el hombre.

En cuanto a la amistad y la bravura de Catita puede concretizarse de la siguiente manera: Catita fue al caballo muy a la fuerzas, sin ninguna gana; desde la primera vez que la llamé, sólo le interesó estar a mi lado. De volver al caballo, nada de nada; lo que quería a todo trance , empujándome una y otra vez como para decirme que la defendiera de aquellos difíciles momentos. En unos minutos quedó ausente de la tienta y, lógicamente, fue eliminada. Si tenía que ser brava para tener éxito en la prueba, ella prefería no serlo y que la dejaran en paz. Si además de brava le obligaban ser noble, el asunto no era con ella, porque en aquella situación ser noble era sinónimo de ser tonta y eso ella nunca lo aceptaría. Así que a la hembra le afectó mucho la crianza artificial pues su realismo positivo le hizo comprender pronto que usaría su bravura exclusivamente para defenderse de quien pretendiera acercársele.
 


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