Gacetilla Taurina

Nº 075 - Duelos taurinos irrepetibles

Desde aquellos días de principios de 1816 seguirá siendo un enigma la estratagema de que se valió la entonces empresa de la plaza madrileña para lograr juntar a los dos famosos toreros de Chiclana, Jerónimo José Cándido –nacido el (14-06-1763), en Chiclana de la Frontera (Cádiz), falleció el (01-04-1839), a los 76 años de edad- y el de Utrera, Francisco Herrera III Rodríguez (Curro Guillén) -nacido en Utrera el (19-10-1775), falleció por astas de toro en la Plaza de Toros de Ronda la tarde del día (21-05-1820), a los 45 años de edad-, en cuyas cuadrillas estaban Antonio Ruiz (el Sombrerero), Juan Jiménez y Juan León, banderilleros; Corchado Míguez, Castaño y Juan Pinto, picadores, componían la magnífica cuadrilla de Curro Guillén. La competencia, según la mayoría de los cronistas de la época, carecía de interés, dadas las quiebras físicas -una afección reumática le tenía crucificado- con que a ella se presentaba Cándido. Sin embargo, debido sin duda a un constante jaleamiento promovido por la Prensa madrileña entre los aficionados, afloró el general sentimiento de que se iba a producir un duelo taurino irrepetible, por lo que hubo corridas en que la rivalidad subió a niveles interesantísimos, en las cuales no llevó Herrera la peor parte… y el presumible duelo quedó en pólvora mojada.

Las escuetas biografía publicada de nuestro paisano Jerónimo José, parece no tener ni la brillantez ni el relieve que se le ha dado, sin duda porque no se han descrito con la precisión que merecían sus extraordinarios lances y las anécdotas, brillantes o pintorescas, que pudieran darle realce; pero los buenos aficionados saben que la influencia de su toreo en la evolución del mismo fue extraordinaria. Conociendo las maneras de torear que se han llamado «rondeña» y «sevillana», lo que mejor podía servir sus designios tácticos, creó un tipo de toreo ecléctico, general y «largo», encaminado a dominar toda clase de reses con el lance, la astucia o la suerte adecuados.

Ello le permitió sobrevivir y andar entre los toros después de sus setenta años, exactamente igual que Bernardo Gaviño Rueda. Esta manera o escuela, que podemos llamar de Chiclana por ser su inventor de esta villa y haber nacido en ella Francisco Montes (Paquiro), que la llevó a su mayor perfección, fue adoptada por los toreros que dieron sostén a la Fiesta por su arte dominador, marcando un tipo de toreo que ha de aprovechar todo lo que puede tener el arte de adorno y de diversión, junto a lo que es imprescindible de eficacia. Su permanencia en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla marcó una huella indeleble en la evolución del toreo, que sus discípulos predilectos, Montes, Francisco Arjona Herrera (Cúchares), Antonio Monje y Colilla, señalaron con tanta eficacia que su tradición llega hasta nuestros días. En la Historia del Toreo, Jerónimo José Cándido e, auténticamente, el primer torero largo.

En la corrida de la mañana del (09-09-1816), en la plaza de Madrid, el duelo estaba servido: «fue herido por el segundo toro Curro Guillén al tiempo que le sorteaba para matarlo; y según reconocimiento del cirujano de guardia, «pudo la herida ser peligrosa por accidentes, respecto de ser de extensión de una pulgada y tres de profundidad, situada en la parte posterior y lateral izquierda de la margen del ano.» A pesar de la buena temporada de Curro Guillén, que se hizo el amo y señor de la torería, hasta el punto de circular constantemente la expresiva copla: «Bien puede decir que ha visto, lo que en el mundo hay que ver, el que ha visto matar toros, al señor Curro Guillén.» En ese aspecto, don José María de Cossío asegura haber leído un folleto titulado: Juicio crítico de los toreros escriturados en Madrid el año 1816,que dice:

«La verdad es que a Guillén le falta bastante para ser torero completo; que tiene muchas pretensiones, y éste es un defecto grandísimo, pues cuando esto sucede no bastan las reglas ni saber, porque todo se ejecuta sobre supuestos falsos. Sus volapiés son, en general, largos, y en los toros arrancados para poco los pies, de donde resultan las estocadas atravesadas o poco profundas, tendidas horizontalmente o flojas. Todo lo notará usted, particularmente en los toros castellanos, a los que todos ellos tienen aprensión, unos más, otros menos.» Así que fue un torero de los más capacitados de todos los tiempos. De unas facultades físicas admirables y un conocimiento extensísimo de la lidia y del toro, adquirido desde su niñez en el campo y los cosos, sabía dar a cada bicho los lances precisos para su lucimiento y resultado práctico. Sin los caracteres de innovación de Jerónimo José Cándido, tenía el toreo de Curro Guillén algo de único de cada época. Se decía que toda clase de suerte y recursos los poseía. Indistintamente mataba al volapié o recibiendo, porque su buena estatura le permitía dominar ambas suertes. Con todo, el no ser muy ligero de pies le hacia recibir a todos los toros que se venían, y por ello era muy sobrio en el trasteo de muleta, para no agotarlos y lograr que al final se le arrancaran. Descabellaba a los toros sin haberlos estoqueados y a otras formas de su lidia, temerarias y peculiares únicamente de los toreros con facultades, elevaron su fama hasta límites no alcanzados entonces por nadie. Sin embargo, Curro Guillén, creemos, no aportó nada nuevo, ninguna concepción suya, al toreo; desarrolló bien, perfectamente, muchas de ellas, especialmente la del toreo rondeño, pese a su nacimiento. Si ello no le da valor de genio taurino, sí le concede el mérito del más completo torero de aquel tiempo, que animó y levantó a la afición en momentos de decaimiento …como lo hizo más 150 años después Francisco Rivera (Paquirri).
 


Subir