Gacetilla Taurina

Nº 056 - Quien fue el primer lidiador victima del toreo?

Acaso no haya en la crónica trágica de la Fiesta Brava apodo más repetido que el de Pepete. En el breve espacio de medio siglo, tres toreros que lo llevaron murieron víctimas de los toros, como si un fatal destino pesara sobre ellos que llevaron el mismo nombre y apodo. Fue el primero José Rodríguez Rodríguez, diestro cordobés, fallecido en Madrid el (20-04-1862) por un toro de don Antonio I Miura, llamado Jocinero; el segundo Pepete fue José Rodríguez Davie, natural de San Fernando (Cádiz), fallecido en Fiteros (Logroño) el (12-09-1891). El tercer Pepete era sevillano, José Gallego, más conocido por José Claro o Pepito Claro, muerto por cogida de un toro de la ganadería de don Fernando Parladé en la plaza de Murcia, el (07-09-1910).

Todos los buenos aficionados y amantes de la historia, nos dice el ilustre cronista taurino gaditano Francisco Orgambides (Revista de la “Tertulia Taurina Portuense, La Garrocha”, con fecha (03-09-2003), saben que José Cándido fue el primer torero de a pie víctima de su profesión. El trágico accidente ocurrió en la Plaza Real de El Puerto de Santa María un (23-06-1771). José Cándido a torear a El Puerto de Santa María (Cádiz) por las fiestas de San Juan del año citado, concretamente a la corrida del día (23-06-1771), víspera del Santo, que fue pródiga en incidentes. El toro lidiado en segundo lugar, después de haber dado una caída peligrosa al picador Diego Sánchez, persiguió al banderillero Vicente Bueno, saltando tras él al andamio, librándole de una cornada el que se rompieran unos tablones y cayese entre ellos el toro, en cuya situación fue necesario apuntillarle. En el quinto toro se presentó en la arena un Carro triunfante, conduciendo a un hombre y a una mujer con gran acompañamiento: éste para escoltar a los del carro, y ellos para clavar al toro el rejoncillo. Embistió el toro contra la comitiva, desorganizándola e hiriendo en una pierna a la mujer.

Salió el sexto toro, bravo y seco con los picadores. Uno de ellos, apodado Coriano, se adelantó para picarle, siendo derribado y cayendo al descubierto; hizo el quite el banderillero Juan Barranco, a quien persiguió el toro, librándole de otra cogida segura José Cándido. Tuvo éste la desgracia de resbalar y caer, y bien fuera que del golpe en la cabeza perdiera el sentido, bien fuera estudio el quedarse inmóvil, el toro pasó sobre él, pero al revolverse le recogió, enganchándole por los riñones, pasándole de cuerno, suspendiéndole por un muslo y arrojándole a gran distancia sin sentido.

Hicieron venir los mejores médicos de Cádiz, que llegaron para verle morir a la una de la madrugada del siguiente, festividad de San Juan, es decir, a las siete horas de la cogida. De su partida de defunción, que copia Recortes en su citado artículo, se desprende que estaba casado con María Hernández, que hizo testamento, que vivía en la calle de San Francisco y que fue enterrado en la iglesia mayor prioral del Puerto de Santa María. En la muerte de José Cándido estuvo presente Vicente Bueno, banderillero andaluz, hermano de Juan Bueno. Toreó mucho a las órdenes de José Cándido, cuya muerte presenció.

Sin embargo, olvidándonos de la sorprendente cifra de más de doscientos hombres muertos por asta de toros en España todos los años, a lo largo del siglo XVI, nos encontramos con el torero de a pie Juan de Arana, al que se le conoce por una cita, altamente fiable, del polígrafo benedictino español fray Benito Jerónimo Feijó o Feijoo y Montenegro (1676-1764), que es como sigue: «El famoso torero Juan de Arana -debió haber trabajado entre los años 1680-1710-, que se burló siempre de los toros feroces, acabó su vida en los cuernos de un buey manso», como la mayoría de las víctimas mortales del toreo, porque tras José Cándido fue José Delgado (Pepe-Hillo) (1). Don José Daza hace memoria de Juan de Arana; pero para dar a conocer que nada sabía de su habilidad e historia, porque murió víctima del toreo a principios del siglo XVIII. Cree que «acaso por él de dirá el adagio Dios nos libre de un buey manso.

La siguiente víctima, después de José Cándido, fue Jaime Aramburu Iznaga (el Judío), matador de toros, nacido en Estella (Navarra) el (21-03-1751). No llegó a presentarse en Madrid. En septiembre de 1786 toreó en la Plaza de Toros de Valencia, y al pasar de muleta a un toro de don Francisco Javier de Guendulain fue cogido, sufriendo varias contusiones y heridas de suma gravedad, falleciendo quince días después en Pamplona. Veinte días después de Pepe-Hillo falleció por las astas de Barbero, nuestro paisano Francisco García (Perucho), nacido en Setenil de las Bodegas (Cádiz), aunque Sánchez de Neira le hace natural de Málaga, de donde fue vecino, lo hizo tristemente famoso su muerte, acaecida en Granada el (08-06-1801). El tercer toro, Barbero, de la ganadería de don Juan J. Bécquer, de Utrera, le cogió al matarle, dándole una terrible cornada cerca del sobaco derecho que le produjo la muerte a las veinte horas. A esta desgracia debe el que le recordemos más que por sus incógnitas proezas taurinas.

(1) Pepe-Hillo fue víctima de las astas de Barbudo el lunes (11-05-1801). Aquella tarde alternaba con José Romero y Antonio de los Santos; día que iba a torear Pepe-Hillo 16 toros en compañía de los citados matadores. Dos de los bichos les anunciaba el cartel como procedentes de la vacada de Peñaranda de Bracamonte, nueva en esta plaza, con divisa encarnada. Aun la leyenda añade el último presagio en la víspera misma de la corrida. Pepe-Hillo acudió a caballo al Arroyo Abroñigal, donde estaban los toros que habían de lidiarse al día siguiente, y comentando su trapío con sus amigos, pidió a uno de los vaqueros que custodiaban el ganado que le reservase un toro negro zaino que se había adelantado hacia ellos y que había de ser el causante de su muerte.
 


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