Gacetilla Taurina

Nº 054 - Misterio e incendio

El misterio protagonizado por el picador de toros Antonio Benítez (el Grapo), cuya verdadera personalidad está envuelta en un extraño hecho delictivo, continúa sin aclararse después de tantos años. Las primeras referencias que se tienen de él es que aparece su nombre picando en la Plaza de Toros de Madrid el (23-04-1874), agregado como tal en la cuadrilla del famoso diestro Salvador Sánchez Povedano. Fue un año que será siempre histórico por haber sido la última corrida celebrada en la antigua Plaza de Toros madrileña de la Puerta de Alcalá. En ella, además, tuvo lugar una proeza de Frascuelo, tan taurina como humana y ejemplar. Ardía la guerra civil siguiente a la restauración de don Alfonso XII, y se había constituido una benéfica asociación de Hermanos de la Cruz Roja para atender al socorro de los heridos en campaña. Frascuelo se brindó a matar seis toros, solo y sin retribución alguna. La corrida se verificó el citado día, y en ella logró Frascuelo uno de los triunfos más resonantes de su vida torera. Los toros fueron de dos ganaderías: la de don Antonio I Miura y la de don Bermúdez Reina.

Sigamos con el enigmático Antonio Benítez, quien para no ser descubierto por la Guardia Civil, que le buscaba por un delito sangriento, había cambiado su verdadero nombre: Manuel Sáenz. Aquella tarde picó el toro, llamado Medias Negras, de pelaje negro, que aceptó 18 puyazos. El Grapo tomaba aquella tarde la alternativa (1). Siguió picando los años 1875 y 1876. En la temporada de 1877, toreando en la Plaza de Toros de Málaga fue detenido como autor de un presunto homicidio cometido cinco años antes. Fue entonces cuando se descubrió que su verdadero nombre era el citado y que lo había ocultado por burlar la acción de la justicia. “Desde que fue reducido a prisión –dice Sánchez de Neira- nada se ha vuelto a hablar de tal persona.” En su profesión no pasó de mostrar un buen deseo. El Grapo trabajó con Salvador Sánchez Povedano (Frascuelo), el día que actuó en solitario en la plaza de la Corte, el citado (*23-04-1874),

(1) Carmona resumió así el evento:“Frascuelo, admirable de valor, serenidad y acierto en la muerte de los toros. Baste decir que la corrida empezó a las cuatro y terminó a las seis.” Uno de los astados rematados ese día llevó el nombre de Medias negras, de pelaje berrendo en negro, de la ganadería española de Bermúdez Reina, tomó 18 puyazos. Picó en tanda con Matías Uceta (Colita), que tomó la alternativa el (22-04-1877), en corrida extraordinaria, picando con Antonio Benítez (el Grapo). Se quedó poco después con la contrata de caballos de la plaza madrileña, y de ahí que torease en ella casi todos los años sin interrupción. En la procedencia ganadera de Medias negras también sigue la confusión.

También en 1877, la tarde del 10 de julio, cuando ya una extensa nube de humo corría sobre el cielo de una parte de la ciudad de El Puerto de Santa María, impulsada por el Levante, comenzó el tañido galopante de las campanas de las iglesias anunciando un incendio, que sobrecogió en pocos minutos a la mayoría de los portuenses, al saber que estaba ardiendo la Plaza de Toros; al llegar las autoridades todo el edificio era una inmensa hoguera y a nadie se le pasó por la imaginación ni siquiera intentar apagar el fuego, pero sí hacer todo lo posible por evitar se propagase a los edificios vecinos por los trozos de maderas ardiendo que impulsados por el vendaval saltaban por los aires, que, junto con el sofocante calor veraniego, había convertido todas las maderas, ya en mal estado, en resecas teas inflamables. Afortunadamente, se extinguió pronto y los talleres de Velásquez y el Colegio de San Luis Gonzaga quedaron felizmente a salvo. Sólo quedaron retorcidos los viejos hierros de la plaza, la última Plaza de Toros de madera, de las muchas levantadas a los largo de varios siglos en El Puerto, había escrito el último capítulo de su larga historia de cosos provisionales.
 


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