Gacetilla Taurina

Nº 052 - Al borde de la muerte

Sería interminable relacionar los diestros que estuvieron al borde de la muerte tras una tremenda cogida. Nos fijaremos en la que sufrió en nuestra Plaza Real, la tarde del (25-08-1912) Enrique Berenguer Soler (Blanquet), uno de los más brillantes banderilleros de todos los tiempos, agregado aquella temporada a la cuadrilla de Rafael Gómez Ortega (el Gallo), que en aquella ocasión alternaba en un mano a mano, largamente esperado por los aficionados portuenses –pero no respondieron los aficionados de la provincia-, con Rafael González (Machaquito). El valenciano rehiletero Blanquet sufrió una cogida que todo el público presintió como aparentemente mortal, de quien fuera después peón de confianza de José Gómez Ortega (Joselito). En aquellos tiempos el tradicional despeje de la plaza –durante casi tres siglos lo solían hacer miembros del Regimiento de Caballería Galindo, después Montesa-, lo hacía la banda militar del regimiento de Álava, con guarnición en Cádiz, y al son del pasodoble. No registró lleno, por la escasa respuesta de la afición regional... y porque muchos prefirieron quedarse en la playa para mitigar el fuerte calor.

Los diestros citados torearon ganado de don Gregorio Campos. Machaquito iba vestido de verde Nilo y oro y en el toro que abrió plaza recibió más pitos que palmas. El segundo de la suelta fue condenado al tostadero, es decir, le colocaron banderillas de fuego, y cayeron algunas botellas a la Plaza Real. Para el Gallo, predominaron las palmas sobre los pitos. Machaquito fue aplaudido en el tercero, toro que fue banderilleado por otro gran peón, Cantimplas. En el cuarto toro –segundo de el Gallo-, se dio una extraña circunstancia, ya que el astado derribó en varas y quedó montado cómodamente sobre el caballo. Seguidamente, Blanquet abrió el tercio de banderillas dejando un buen par de poder a poder, aunque luego se cayó un palo. El Niño de la Audiencia dejó otro buen par a toro parado. Entró de nuevo el valenciano Blanquet, pero el toro le cortó el terreno, dejándole el cornúpeta el aviso de que había aprendido “el juego.”. Por muy poco se salvó por el oportuno capote de un peón. Pero al siguiente intento le enganchó el astado volteándole. Los espectadores gritaron la tragedia pensando que era hombre muerto.

Blanquet fue llevado a la enfermería donde fue curado por el equipo médico de la plaza: al frente el doctor Plácico Navas que era director del Hospital y los doctores Luis Lorite y Enrique May. El practicante fue Francisco Bravo. En un principio se creyó que la herida era mortal: una cornada en la región glútea izquierda de cinco centímetros de diametro y doce de profundidad. El torero se quejaba de grandes dolores en la cura. Por fin se le pronosticó la posible curación en quince o veinte días. A las siete y media de la tarde fue trasladado en una camilla a la fonda donde fue visitado por Rafael el Gallo. El matador, que se alojaba como fue costumbre en casa del aficionado portuense Paco Villegas, dio orden que corrieran a su cargo todos los gastos y cuanto necesitase el herido. También recibió la visita de Machaquito. El lunes (26-08-1912) fue trasladado, en el llamado “tren de baños”, a Sevilla.

El banderillero sobrevivió a aquel sobrecogedor percance. Después de ver cómo moría Joselito en Talavera, moriría años después en la sevillana Estación de Córdoba, fulminado por un repentino ataque al corazón. Y para completar la curiosidad del lector, diremos que al citado toro le hizo Rafael una faena técnica colosal. El astado llevaba la cabeza por las nubes –y no precisamente para saborear el aroma de los vinos finos y olorosos- y los buenos aficionados de El Puerto premiaron al diestro con una prolongada ovación, música y sombreros en el ruedo. Hay que recordar que en la Plaza Real de El Puerto no se daba antiguamente la extraña norma inventada por el concejal de la plaza, don Fernando Gago, de tocar la música solamente cuando el torero corta las dos orejas.

El toro quinto, tercero de Machaquito, éste lo banderilleó, recibiendo muchas palmas y se le concedió una oreja. Cerró plaza Rafael el Gallo, que entusiasmó al respetable con el capote. Compitió en primores en los quites con Machaquito –un partidario cordobés le tiró las botas al rematar de rodilla- y el Gallo fue muy aplaudido en banderillas. Brindó al público de Sol y todo lo que hizo fue admirable. El presidente, el teniente de Alcalde Manuel Rodríguez Vázquez, fue muy protestado por el público. Para los amantes de las estadísticas, esta fue la corrida número 45 de la temporada de Rafael Gómez Ortega (el Gallo), que esperaba ganar ese año 45.000 duros.
 


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