Origen y Evolución del Toreo

Num. 29 Origen de la Fiesta de los Toros - Cronología Historica en España (Siglo XVI (1583-1596)

1583:

Para precisar fechas, nombres y lugares del nacimiento exacto de las corridas de toros en México, cubriendo así la curiosidad de muchos lectores aficionados, señalaremos que le ilustre erudito don Nicolás Rancel, nacido en León (Estado de Guanajuato), consigna en su famosa obra: Historia del Toreo en México. Época Colonial, 1529-1821, que la primera corrida de toros que se realizó en territorio de Anáhuac fue el (13-08-1529), para festejar a San Hipólito, además del paseo del Pendón, en la Plaza Mayor de la ciudad de México, se instituyó oficialmente las corridas de toros.

Sin embargo, el también notable historiador e investigador mexicano don José de Jesús Núñez y Domínguez, encontró en otra obra editada muchos años antes, que la primera corrida históricamente se celebró el (24-06-1526), con motivo de las tradicionales Fiestas de San Juan Bautista. Esta diferencia en las fechas está narrada por el último historiador citado en su espléndida Historia y Tauromaquia Mexicanas, que fue editada el año 1944 por Ediciones Botas, transcribiéndose dicho relato en la página número 12. Así que, un día de San Juan Bautista arrancaron en México las corridas de toros.

En otra crónica se cita: “El miércoles (11-08-1529) un grupo de autoridades de alto rango, en solemne reunión, acordó que anual y en honor del señor San Hipólito, en cuyo día se ganó la ciudad de México, se corrieron siete toros y dos de ellos pasaron por a amor de Dios a los hospitales y asilos. Desde 1535 no hubo llegada de virrey nuevo sin varios días de corridas. Toros embolados y las cucañas divertían mucho a todo el mundo. Los alcaldes mandaban teñir de rojo las mantas para las fiestas. Unos capeaban y otros rejoneaban. Los virreyes, en su mayoría, también querían participar. Uno de ellos, don Luis de Velasco, gobernador desde 1550 hasta 1564, tomó el mando de la primera cuadrilla torera y fue la máxima autoridad pisando el coso con garbo y valentía. Un hijo suyo, también virrey, confirmó el dicho de que la dinastía de los Velasco, “lindos hombres a caballo”, tenía sangre torera.

En Perú, donde Francisco Pizarro llegó en 1532, se celebró la primera corrida de toros en 1538. En la familia del conquistador hubo algún rejoneador. En Colombia se dieron corridas de toros en honor de los obispos de Cartagena de Indias y Santa María, con ocasión de un Concilio, el (20-08-1583). En Venezuela se corrieron toros en Caracas desde enero de 1573. En Cuba se dieron corridas en 1538, siendo muy populares la de Santiago; en La Habana la primera corrida se celebró en honor de San Cristóbal en 1569. Hubo durante algún tiempo más plazas en La Perla de las Antillas que en todo el territorio mexicano. El decreto de un sargento yanqui, ascendido a graduación superior, prohibió las corridas en Cuba desde 1898. En Chile los festejos datan de 1555. En Ecuador desde 1549 por los menos. En Guatemala desde 1557, aunque ya en el acto de fundar la primera ciudad de Santiago de los Caballeros, el (22-11-1527), se acordó conmemorar las fiestas del santo patrono con toros cuando los hubiere. Éste es, a grandes trazos, el origen de las corridas de toros en la América Española.

1584:

Citan algunos autores que Felipe II fue muy aficionado a las corridas de toros, a pesar de su austeridad; pero no se han encontrado hasta hoy pruebas con que acreditarlo con respecto a que se diesen en Madrid, pues si bien hubo toros en el Prado de San Jerónimo cuando, el (31-05-1573) se juró príncipe de Asturias a su malogrado hijo don Fernando, se sabe que el rey no asistió a ellos, y lo mismo sucedió al jurarse príncipe en la capilla del Alcázar a su otro hijo, también malogrado. D. Diego Félix; a las que sí hallamos asistió el Rey con toda su Corte fue a las celebradas el (12-11-1584), con ocasión del juramento de su heredero Felipe III en la iglesia de San Jerónimo, en cuyo Prado tuvieron lugar, lidiando los caballeros con rejón en mano, por lo que fueron muy aplaudidos y regalados.

1593:

En una Real provisión que existe en el Archivo de Madrid, el rey don Felipe II, fechada en Barcelona a (17-09-1593), “cometida al licenciado Cristóbal de Toro”, para que informase “qué costaría hacer unas tiendas en la Plaza del Arrabal, y si seguiría utilidad en hacerlas quedando su fábrica para los propios de la Vila”, advertimos la circunstancia de que, aún tres siglos después de la ampliación de Madrid con la nueva cerca, y hasta treinta y más años posterior al establecimiento de la Corte en ella, se seguía apellidando el arrabal a la parte de la población fuera de la antigua muralla.

En la temporada de 1593 volvieron a celebrarse corridas de toros en la Ciudad de Zacatecas (México), según el historiador zacatecano Elías Amador: “Ordenase por auto de Cabildo –dicho año- que para la fiesta de la Virgen Patrona, el (08-09-1593), se hicieran cuantas demostraciones de público júbilo pudiera imaginarse.” Con este motivo se previno que hubiera corridas de toros. Y el historiador agrega: “…las primeras que de tan bárbaro espectáculo, se verifican en esta Ciudad”, afirmación que no parece cierta, ya que en 1559 se corrieron toros en Zacatecas.”

Juan Guardiola, toreador de a pie, probablemente nacido en Sevilla y que según los carteles toreó como tal en la plaza sevillana en 1594, y dirigió un memorial al Ayuntamiento en el que interesa su liberalidad por haber rotos dos copas durante la lidia, en fiestas de esa fecha, realizando buenas suertes, según aparece en un documentos del Archivo Municipal de Sevilla.

1595:

Matadores:

Juan Díez Íñiguez de Baldosera (Candil), lidiador de toros, nacido en Rincón de Soto, en la Rioja, hacia el año 1575, es probable que viviera hasta 1630, siendo históricamente uno de los primeros estoqueadores conocidos. Desde 1602 tomó parte en las fiestas de San Fermín de Pamplona, siguiendo sin interrupción hasta 1629; pero ello deja abierta la posibilidad de que ya actuara como tal hacia el año 1595. En 1607 consta que «sacó una invención de zancos nunca vistos», y toreó y anduvo con ellos tres días. En las cuentas que se conservan en el Archivo municipal de Pamplona consta que cobró 50 reales. Danzaba y lidiada sobre ellos con rara habilidad, y asimismo ejecutaba todas las suertes, incluso la de matar. Entre él y sus cuatro compañeros de cuadrilla cobraban por función 100 reales. Estas habilidades de orden casi gimnástico, parece bien encontrarlas en el arranque histórico del toreo navarro, pues ellas terminaron formando su carácter. En este sentido las noticias de Candil, torero casi quinientista, tienen excepcional interés.

1596:

La prohibición de las corridas de toros por el papa Pío V, de Tortona -desde el mismo día de sentarse en el silla pontificia (1566-1572) cuyo verdadero nombre era Antonio Ghislieri, nacido en Bosco Marengo, cerca de Alessandria, en 1504 y muerto en Roma en 1572-, incluyó en su programa de reforma general de costumbres la prohibición total de las corridas de toros, de las que llegó a afirmar “…ser más propias de demonios que de hombre”-, provocó en España gran agitación. El franciscano fray Antonio de Córdoba escribió un libro, que no pudo imprimir, intitulado “De difficilis quaestionibus”, en el que se aseguraba no ser pecaminosa la asistencia a las corridas de toros. El (23-07-1570), Felipe II recurrió en vano a Pío V en demanda de renovación o mitigación de la bula. La súplica fue aceptada por su sucesor, Gregorio XIII, el cual anuló las censuras, por lo que tocaba a los legos, el (25-08-1575).

El obispo de Salamanca procedió contra algunos catedráticos de la Universidad que enseñaban que los clérigos podían asistir, sin incurrir en pecado, a las corridas de toros. A pesar de esto, no se evitó que varios catedráticos –sacerdotes y religiosos- de Salamanca, no solamente continuasen yendo a los toros, sino que alentasen a sus discípulos para que les acompañasen a la plaza. Los doctores salmantinos no dejaban de pregonar las excelencias de la lidia de reses bravas, llegando a escribir colectivamente una carta, que se conserva en nuestra Biblioteca Nacional, cuya primera firma es la de fray Luis de León.

Felipe II acudió nuevamente a Roma cuando era ya papa Clemente VIII. En opinión de éste la de lidiar toros era “costumbre muy antigua, en la que los militares, tanto de caballería como de a pie, luchando así se hacen más aptos para la guerra.” Estimaba este pontífice que “parece estar en la sangre de los españoles esta clase de espectáculos”, y advirtiendo que “las referidas censuras y penas en los reinos de España no sólo no han aprovechado sino que son motivo de escándalo por la frecuencia de incurrir en ellos”, para evitar todos estos males, como buen pastor, levantó la excomuniones, anatemas y demás penas, excepto a los frailes mendicantes. Dispuso el Papa que no se celebrasen las corridas en días de fiesta, y que se proveyera para que no hubiera muerte alguna. Esto se decía el (13-01-1596).
 


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