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Dos orejas para Talavante en Guadalajara

Alejandro Talavante

Dos orejas para Talavante en Guadalajara

11 Noviembre 2013

Guadalajara (Méx) 10 Novb. Ante una entrada regular se llevo al cabo la cuarta corrida de toros en Guadalajara, se ha lidiado un encierro de la ganadería de Marrón, propiedad de Don José Marrón Cajiga, que mostraron su buena crianza aunque faltos de raza y algunos débiles, se dejaron meter mano.




Eulalio López El Zotoluco: Silencio y una oreja pitada por un sector del público.
Alejandro Talavante: Silencio tras un aviso y dos orejas.
Sergio Flores: Una oreja y silencio.



Fortuna fue la que tuvo esta tarde el extremeño Alejandro Talavante en el "Nuevo Progreso" de Guadalajara. Hombre, por supuesto que su triunfo lo ha cimentado en su buen toreo, pero su lote no dio los problemas que hubieron de sortear sus alternantes.

Con el segundo de la tarde, un cárdeno bonito al que le faltó seriedad por delante, el hispano nos regaló una serie de verónicas a pies juntos en el centro del ruedo que fueron rematadas con una media de pellizco. Por más que lo consintió el torero, el de Marrón fue deslucido. A la hora de oficiar con los aceros, Talavante volvió a las andadas; cinco piquetes, una entera contraria, un aviso y descabello al primer golpe.

El segundo que le correspondió fue otro cantar. De bella lámina, este cárdeno bragado corrido, sí fue un colaborador ¿Principal contratiempo? Lo que nos encanta a los mexicanos… una embestida lenta, sabrosa, de esas que permiten los oles de larga duración. Platican los antiguos que Manuel Benítez “El Cordobés”, a pregunta expresa respondió “cómo tardan en pasar los toros mexicanos”.

Con la capa, espacio que usó Alejandro para centrarse, las verónicas tuvieron más voluntad que lucimiento; lo mejor vino con la muleta. Este toro fue de los que más aguantaron la lidia, así que en el inicio con la franela, Talavante supo medir el pulso de su enemigo al consentirlo; llevarlo muy templado y, aunque la tendencia del morito era echar la carita a media altura, el de Extremadura le bajó la mano para extender el recorrido.

La mejor fue un tanda de naturales con la mano derecha rematada con un cambiado por la espalda que se ligó al de pecho. Una serie más la remató con el martinete, pero, si he de ser honesto, la faena no pudo tomar alturas mayores por el brío limitado de pupilo de don Pepe Marrón, que si no. Un par de péndulos para cerrar la obra, un espadazo fulminante y el par de orejas. Quiero pensar que, una fue por la faena, y la otra por el espadazo que fue delanterillo. O sea, que no ameritaba la segunda. Como quiera que haya sido, el torero metió dos peludas al esportón.

Señores… algo tenemos que hacer con los toreros mexicanos. Porque, oiga usted, el más molacho masca tuercas, y el más tullido es alambrista. Sergio Flores hoy salió a comérselas crudas. Pero no a la trompa talega. Lo ha hecho con solvencia, con entrega, con cabeza torera. Le cortó una oreja a Huracán, un toro negro, de montada y engatillada encornadura que fue el único toro que tuvo patas firmes, y el único de la tarde también al que hubo que someter para capitalizar las buenas condiciones de lidia.

La función y los oles dieron comienzo con una tercia de verónicas con acompañamiento de cintura, piocha encajada en el pecho y media para escultura. Lo que siguió fue un quite por chicuelinas que abrió y cerró bien. La primera muy ajustada, segunda y tercera, el toro se ciñó de más y el cierre fue otra media, las que tiene dominaditas el torero de Tlaxcala. Cabe señalar que personalmente llevó la lidia del tercio segundo. La faena de muleta fue un edificio… de pé a pá.

Toreo por bajo para someter y marcarle el rumbo al toro aderezado con el toque de un trincherazo como de Silverio. Huracán no era un pimpollo; había que poderle. Así que cada trazo, cada pase tenía un sello de lidia. Las series de trazo largo se fueron hilvanando, hasta llegar a una serie con la de cobrar que fue la que hizo que reventaran los tendidos; sobre todo por el remate de un afarolado que volteó la plaza. mas Sergio volvió a enderezarla con un molinete por derecha para ligar los derechazos, con el mérito adicional de consentir al toro que ya recortaba el viaje. La conclusión tuvo fondo.

Toreo por bajo con la muleta en la mano zurda y un ecorte con el toro que se enreda en la cintura. Un pinchazo al que le siguió una ovación de ánimo para el torero que habíase tirado por derecho muy en serio. Un espadazo hasta la bola que cayó muy delantero, junto con el alfilerazo impidió el corte de la segunda oreja.

El cierra plaza fue anunciado con 595 kilos. Imagine con cuánto salió de lo potreros del ganadero. Bonito sí, pero muy a su pesar y sobre todo del de Sergio Flores, poco a poco, como una vela de semana santa, se fue apagando. El joven espada intenta –y consigue por momentos– entenderse con el moro, inclusive pone de carnada los muslos, pero el toro quiere, pero no puede. La mayor utilidad de este torazo fue el arrimón de respeto. Manoletinas para el inri, y entera que bastó.

La actuación de esta tarde de Eulalio López “El Zotoluco” fue muy seria, a la altura del sitio que guarda y con la solvencia que lo tiene en ese lugar. Con el que abrió plaza, un toro que en lo personal me había encantado por su belleza de lámina resultó ser de siete suelas. Mirón, avispado y cobero, Lalo no se dejó ganar la pelea. Los chuflas –de siempre– se confundieron con el tumbo aparatoso que le obsequió al piquero de tanda y se metieron con el capitalino, pero el torero a lo suyo; sin distracciones, ni confianzas de más.

Le bajó duro la mano, lo empapó en los vuelos de la pañosa y nunca dejó que se distrajera, se frenara o lo probara. Bien. Estocada entera y a las mulillas mi toro que tanto me gustó. Petardo.

El que se dejó como cuarto de la tarde que fue el otro pobretón de cara. Tuvo mejores condiciones, pero nada del otro mundo. Sí, no desarrolló cosas feas, pero vuelve en dos manitas. De hinojos dio inicio su faena de muleta. Desde ahí fue extraer muletazos, engarzarlos y darle forma a un trasteo lleno de recursos. Tanto de empeñó Lalo, que a punto estuvo de ser cogido, pero no se amilanó; ni siquiera le cambió el color. Se perfiló, se tiró por derecho y dejó una media lagartijera que tumbó al toro. Nutrida petición que el juez de plaza atiende y concede la oreja ¡Ah! Pues a algunos chafitas que se acomodan en sol, no les pareció y pitaron el trofeo

altoromexico.com



 






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