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Grave percance de Angel Teruel

Foto: ELSA VIELZEUF - TERRES TAURINES

Grave percance de Angel Teruel

08 Abril 2012

Arles. Cuarta de la Feria de Pascua. Festejo matinal. Un tercio de plaza. Seis toros de Luc y Marc Jalabert. Corrida armada, grandullona, embastecida. Muy guerreros en el caballo, salvo el cuarto, que se escupió de un caballo a potro. El sexto no tuvo mal aire. Deslucidos por inciertos los demás. Escarbaron y oliscaron casi todos, no metió los riñones en engaño ninguno.

Angel Teruel, fue corneado por su primero y paso a la enfermería.

Tomasito, silencio en el de A. Teruel, saludos tras dos avisos y saludos.

Esaú Fernandez, saludos, silencio y silencio.

 



PARTE MÉDICO DE ÁNGEL TERUEL: El matador de toros Angel Teruel García ingresa en el Hospital Carremeau de Nimes a las 15 horas de la tarde procedente del Hospital Joseph Ymbert de Arles. Sufre una cornada profunda en el lado derecho de la cara 20 centímetros que contusiona y erosiona la zona frontal del nervio facial derecho interviniendo los doctores Lallemant y Rizzoli del Servicio ORL de Cirugía Facial y del Cuello del CHU de Nimes, que le practicaron una cirugía reparatriz de la zona. La intervención duró dos horas y media con anestesia general. Necesitando 60 puntos de sutura en la cara. Pronóstico grave. Firmado: Dr. Benjamin Lallemant. Pasa a observación esperando la evolución.

La matinal del Domingo de Pascua en Arles resultó trágica. El primer toro de corrida, del hierro de los hermanos Jalabert, hirió de gravedad en la cara a Ángel Teruel. La cogida fue del todo inesperada. Fuera de la segunda raya, Teruel, ya armado con la espada de acero, buscaba igualar al toro para entrar a matar. Soplaba a rachas el viento mistral y no era sencillo sujetar el engaño. Trotón y suelto de salida, picado al relance en dos varas duras, derrumbado en dos costaladas después de sangrar, el toro fue problemático: tardo, probón y mirón. Falto de fijeza, mirón de manso y no de fiero.

Se había apalancado. Teruel le anduvo compuesto y sereno. Un punto desconcertado porque el toro se le metió por las dos manos las dos veces que pretendió ligarle dos seguidos. Descubierto al mecer la muleta para cuadrar, Teruel se vio de pronto sorprendido por un ataque del toro al bulto y no al engaño. El toro lo empaló por la corva derecha y de brutal tarascada lo arrojo por el aire y a buen vuelo. Teruel cayó de espaldas pero no a plomo porque acertaría a encogerse antes de llegar a tierra.

Llegó la cuadrilla al quite enseguida, Teruel se levantó ligero y al llevarse la mano al mentón se le empapó de sangre la manga. Sangraba con abundancia por la boca y la mandíbula. Se mantuvo entero, pero la herida era tan aparatosa que lo llevaron a la enfermería sin demora. Entró en ella por su pie y del brazo de su mozo de espadas y de su hombre de confianza, Manolo Amores. Luego se supo que llevaba una cornada corrida desde los labios al lóbulo derecho. Un gran tajo como de cuchillada. Las imágenes revelarán si la cornada la cobró el toro en el ataque primero al cuerpo, al empalar a Teruel o al buscarlo en el suelo. Era toro muy armado. 550 kilos, de nombre Flamenco. En la enfermería de la plaza estabilizaron a Teruel, cortaron la hemorragia y le hicieron una cura de urgencia. Lo trasladaron de urgencia a una clínica de Nimes especializada en cirugía maxilofacial. Se hicieron cálculos de una intervención inmediata. La herida no afectó a la visión, pero sí en apariencia al nervio facial.

La cornada dejó marcada la corrida tanto como las dificultades de la corrida de los Hermanos Jalabert, que se empleó en los caballos con agria dureza, apretando más con los pechos que con los riñones y sangrando generosamente. En banderillas empezaron a pararse todos, con la excepción de quinto y sexto, y en la muleta, con la excepción de esos dos, guardaron pautas defensivas: escarbaron, bramaron, oliscaron, metieron la cara entre las manos, se frenaron, desparramaron la mirada y pegaron cabezazos inesperados.

Por si las dificultades de la corrida eran pocas, se puso a soplar a ráfagas el temible mistral, gélido viento norte que hiela la sangre. Fuera del anfiteatro se oye soplar ese viento como música diabólica; dentro del viejo circo romano, en cambio, se agita en silencio que lo traspasa todo. El arlesiano Tomás Joubert y el sevillano Esaú Fernández se afanaron con desigual fortuna. Inseguros cuando se sintieron descubiertos por el viento, fuera de cacho porque no cabían confianzas. Porfión Joubert, que pegó algún muletazo bueno. Y tan fresco Esaú, que se alivió con la espada pero resolvió a la ligera las tres papeletas sin ver clara ninguna de ellas, pero sin arrugarse por eso.

Colpisa-Barquerito



 






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