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Mendoza y Cartagena, lección magistral

Mendoza y Cartagena, lección magistral

05 Abril 2010

Arles (Francia) Séptima de feria. Matinal. LLeno. Se han lidiado toros de Fermín Bohórquez, reglamentariamente despuntados. Manejables en conjunto

Fermín Bohórquez, silencio y oreja.
Hermoso de Mendoza, dos orejas y saludos.
Andy Cartagena, dos orejas y oreja.



FICHA DEL FESTEJO


Arles. 6ª de feria. Matinal. “No hay billetes”. Primaveral. Todos al sol.
Seis toros despuntados para rejones de Fermín Bohórquez. Corrida pareja. Muy aplaudidos en el arrastre segundo, cuarto, quinto y sexto, que fueron de particular buena nota. Pablo Hermoso sacó a saludar al mayoral tras el arrastre del quinto. El primero se aplomó; el tercero, asustadizo y brusco de partida, fue de llamativa resistencia.

Fermín Bohórquez, silencio y una oreja.
Pablo Hermoso de Mendoza, dos orejas y silencio tras un aviso.
Andy Cartagena, dos orejas y una oreja.
 

CRÓNICA DEL FESTEJO


Fue lleno de hormiguero: colas de gente para entrar sólo diez minutos antes de la hora de arranque. La fiesta del Lunes de Pascua. Y las once de la mañana tras noche de larga resaca pascual. Se demoró diez minutos el paseo. Y, luego, dos horas largas de festejo.

Con su sentido tan clarividente del tiempo –de lo que debe durar una faena a caballo y de cómo apurar las transiciones- Pablo Hermoso se encargó de aliviar su parte proporcional. Con sobriedad cada día más estricta, Bohórquez hizo lo propio y lo mismo. Cartagena, más ajeno a las reglas del toreo ortodoxo, se fue de hora en los dos turnos.

Pablo Hermoso iba a haberle cortado al quinto el rabo. El ambiente estaba así de fogoso y encandilado. Pero cometió un error de aprendiz: pasarse de faena y abusar de clavar cortas en tramos o a dos manos cuando el toro ya había pedido la muerte. Parado, asfixiado, no quiso el toro reunirse para el rejón de muerte y Pablo pinchó hasta seis veces antes de acertar con una estocada tendenciosa. Pie a tierra, dos descabellos.

Los tres caballos con los que cumplió en ese turno faena Pablo fueron, de salida, Curro y, en banderillas, y por ese orden, Silveti y Caviar. Silveti tuvo una actuación soberbia. Es de los caballos elásticos y agitanados que Pablo siempre ha tenido en su cuadra. Dotado de una especie de torería natural. Valiente para entrar con los pechos, las crines siempre al vuelo, una sinuosa manera de entrar y salir. Al pitón contrario va con una docilidad nada común. De costado galopa por las dos manos con gran compás. Como el quinto toro de Bohórquez fue de tranco bueno, el espectáculo resultó completo. “¡Qué toro más bravo, eh...!”, exclamó a mitad de faena Hermoso para que lo oyera todo el mundo. Entre ellos, el propio toro.

En el tercio de castigo, sólo un rejón y arriba, Hermoso toreó con la bandera. Con el tordo Caviar, se adornó en piruetas, en rodeos con la grupa, como si fuera toreo cambiado por la espalda, y en recortes o quiebros muy originales: cite con la mano derecha extendida y salida a galope corto por la otra mano. El clima se puso delirante. El sol estaba en su cenit. Los mismos que anteayer ofrecían café caliente vendían ahora sombreros de paja como el del autorretrato de Van Gogh, cuya presencia virtual es parte de la luz de Arles. Eran las doce y media pasadas. Una luz clamorosa sobre las atestadas gradas del grandioso circo romano. Y, en fin, la espada fue un jarro de agua fría. Uno, seis o siete. Pablo, sin embargo, quiso rendir al toro honores póstumos. Llamó al mayoral de Bohórquez, lo sacó al tercio, le pegó un abrazo y le dejó saludar a solas. No todo el mundo se percató de lo caro del gesto.

Ni siquiera la primera faena de Pablo, muy notable, ni la muy lograda de Bohórquez con el cuarto –unos de sus más redondos trabajos recientes-, ni tampoco ninguna de las dos de Cartagena, recargadas las dos de alardes, violines, rodillazos y brindis y más brindis al sol. Ninguna de las cuatro resistió la comparación con esa bella cumbre que se quedó sin recompensa porque la espada no entró a tiempo. Pablo y Fermín clavaron con sorprendente puntería. No tanto Andy, que llegó a marrar dos veces y clavó más despegado de lo habitual. Cada uno de los tres caballeros se lució en aires distintos: Bohórquez, en las corvetas en serie para citar de largo; Pablo, en los ajustadísimos galopes de costado y a dos pistas que le pusieron donde está, y en piafés elegantísimos; Cartagena, en los balanceos en el sitio y, sobre todo, en las piruetas de entrada y salida. Los pares a dos manos de Fermín fueron una de las joyas de la matinal; los desplantes de teléfono de Hermoso, una prueba de que su repertorio se ha ido haciendo tan elástico como sus caballos.

COLPISA - Barquerito

 



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