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 El Rey de los toreros: Joselito, torero de Oro (III)

El Rey de los toreros: Joselito, torero de Oro (III)

19 Mayo 2020

El Rey de los toreros: Joselito, torero de Oro (III)
 

 



Torero vocacional y sabio que preparaba las temporadas a conciencia, no dejando nada a la improvisación, de su técnica a su físico. Perfecto hasta la obsesión, dominador, conocedor de todas las suertes, del toro, de los terrenos, variado y clásico. Su toreo de capa, más de dominio al principio, fue adquiriendo el temple hasta manejar la flámula como nadie con todas las suertes conocidas en su repertorio.

 

En 1915 populariza con belleza y armonía el galleo del bú (búho gigante mitológico de ojos rojos con el que los padres asustaban a sus hijos). Él lo copió de su tío José, el primer Gallito, y este a su vez a Francisco Sánchez Povedano “Paco Frascuelo”. En contra de lo que podamos pensar, el nombre de la suerte es por la forma de abrir y cerrar el capote, y no por Joselito. En banderillas inigualable, tanto en preparación como en ejecución, aunque en sus último años superó la querencia que tenía de banderillear preferentemente por el lado derecho. Con la muleta a cada toro le daba su lidia, conocedor de todo tipo de suertes y adornos que aplicaba en función del tipo de toro que tuviera delante, con lo cual siempre daba espectáculo

 

Diseñó el nuevo toreo de muleta, cambiando tras cada pase natural o regular los terrenos con el toro, invadiéndolo, indispensable para ejecutar el toreo ligado del que hacía gala. Hasta entonces, y según la tauromaquia de Montes, la suerte regular o natural se ejecuta hacia los terrenos de afuera. Le criticaron el abusar del toreo ayudado. Fue autor del Kikirikí, nombre con la que se bautizó la suerte por ser su creador.No tenía un gran estilo matando, sin embargo fue certero, rápido y eficaz tanto en la suerte al volapié como en la de recibir, aunque dicen que mejoró tras su etapa americana.

 

Jamás renunció a ningún desafío, en su corta carrera se encerró cuatro veces en solitario en la capital y otras muchas en capitales de provincia, contándolas todas por grandes triunfos. Gallito, temporada tras temporada, fue desarrollando el toreo de ligazón que Guerrita dio a conocer, llegó a su máxima expresión con la aparición de Belmonte en escena, del que adoptó su quietud y lo mismo hubiera pasado con el temple de no haber surgido la tragedia. Tal fue su superioridad frente al toro, que pronto retira a la cuadrilla del ruedo durante el último tercio a pesar de contar con la mejor de la época, de la que siempre formó parte su hermano Fernando, la única persona a la que le permitía consejos siendo más un asesor que un subalterno. Fue el gran impulsor de las plazas de toros Monumentales, como la que se llegó a construir en el Barrio de San Bernardo, en Sevilla, que se inaugurada en el 18 y derribada dos años después.

 

Junto a Belmonte compuso la Edad de Oro del toreo. Se vieron por primera vez en una plaza, la de Madrid, el 2 de mayo de 1914, completaba el cartel su hermano Rafael. La competencia entre ambos forjó en una amistad rota a destiempo por los acontecimientos. Tal fue la confianza de Juan en su amigo que en algunos contratos refleja “lo que diga José”. Ambas aficiones, como ellos, se respetaban en el ruedo, reconociendo la labor que cada uno desarrollaba en su estilo.

 

 

Juan poseía un toreo novedoso basado en su quietud, mientras José fue el máximo exponente del toreo de todos los tiempos hasta ese momento. De cara al aficionado salía más veces victorioso el Gallo, con un toreo capaz de sacar partido a cualquier tipo de toro, mientras Belmonte necesitaba de uno más cooperante, por lo que no siempre sus faenas eran notables. Los conocimientos de José, su poder frente al toro y su capacidad frente a las adversidades, hacían impensable la posibilidad de la cogida, y mucho menos de su muerte por un toro. Por este motivo, cuando tan sólo contaba 25 años de edad, su fallecimiento fue de un impacto extraordinario, con un sepelio donde las muestras de dolor y la masiva asistencia de gente sobrepasaron cualquier expectativa imaginada. Guerrita, en el telegrama de pésame a su hermano Rafael, escribió: “Impresionadísimo y con verdadero sentimiento te envió mi gran sincero pésame. Se acabaron los toros". Belmonte, cuando le dieron la noticia, exclamó: ¡Imposible!.

 

Murió el hombre, nació el mito. Desde aquel fatídico día las dos primeras plazas de España y del mundo, Ventas y Maestranza, si hay festejo abre el paseíllo los compases de “Gallito”, sustituyendo a los habituales “Plaza de las Ventas” y “Plaza de la Maestranza”. Además, todos los toreros y sus cuadrillas que cruzan la arena de los distintos ruedos españoles lo hacen montera en mano por el Rey de los toreros.

 

 Sergio Pérez AAragón
 

El Rey de los toreros: Joselito, torero de Oro (I)

 

 El Rey de los toreros: Joselito, torero de Oro (II)

 

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